Review

Me gustan las películas reflexivas y con argumento complejo, como pueda ser por ejemplo cualquier película de David Lynch, o incluso otras más orientadas al cine comercial como Donnie Darko. Lo que no me gusta es que se rían en mi puta cara, y de eso vamos a tratar con este bodrio que tiene por nombre las copas que necesitas llevar encima para encontrarlo soportable.

Vivimos en tiempos peculiares y un poco contradictorios, por poner algún ejemplo: mientras que años atrás leer comic americano (especialmente el género de superhéroes) era visto de nerds y abortos sociales, hoy en día es algo que hace todo el mundo y que a todos siempre ha encantado (especialmente el género de superhéroes); mientras que años atrás la música electrónica era visto de canis y personajes de Gandía Shore, hoy en día escuchar dubstep pegando botes después de meterte falopa en los baños de algún antro es lo más normal del mundo.

Pasando al terreno del cine, vivimos en tiempos de conformismo. Como el buen y anónimo Jose dijo en un comentario de esta web, el cine no ha muerto, pero ya no lo ponen en los cines. Nos venden películas como Origen como si fueran filmes con argumento súper complejo, para que luego resulten ser más sencillas que el mecanismo de un calipo (y no quiero decir que sea mala película, no lo es en absoluto, es un filme de acción muy entretenido, simplemente no es ni de coña una película complicada tal y como la pretendieron vender, y como parece haber funcionado entre el público).

 

Esto es real: un señor con unas pintas similares a las de esta foto, me dijo que había ido a ver Origen dos veces al cine para enterarse de todo, porque era impensable pillarla entera en un solo visionado. Como no suelo encontrar el punto de separación entre el postureo y el ser sencillamente gilipollas, me ahorraré decir nada más al respecto.

Mientras que David Lynch hace un uso magistral de la metáfora para contar una historia ya establecida y completa en si misma, pobres imitadores de baratillo como Giorgos Lanthimos (a quien se conoce principalmente por Canino o Alps) o en el filme que tratamos aquí, el ya caducado Abel Ferrara, son el ejemplo del quiero y no puedo de esto; de cómo al tener una historia aburrida e insustancial, si la rellenas con planos de mierda, secuencias estúpidas y metáforas de baratillo, parece que has sacado una obra de arte en la que “todo simboliza algo” pero sin simbolizar nada.

Porque señores, se os ve las intenciones desde lejos. Cuando una película da vueltas sobre algo y lo único que transmite al terminar es aburrimiento, es porque lo que habéis hecho es mierda, porque no queríais complicaros la vida dando un enfoque interesante a una historia sencilla y simplemente habéis tirado al rollo fácil de “seguro que alguien se piensa que este primer plano a los pelos de la polla de Willem Dafoe simboliza algo más allá de que soy un puto inútil que recurre al morbo fácil para luego no contar nada”. Y lo peor es que habrá quien se lo trague.

Por si alguien se pensaba que era coña, gozad con la sensual imagen de su vello púbico.

4:44 trata del fin del mundo. No hay mucha complicación, dicen por las noticias que al día siguiente a las 4:44 el mundo va a terminar, y la gente, excepto en casos contados, en lugar de vivir al límite sus últimas horas, vive todo como si fuera un día más. Si acaso haciendo algún comentario por encima en plan colegueo de “eh, mañana estaremos todos muertos, que guay, tío”.

La historia se centra en Cisco (Willem Dafoe), un hombre divorciado que vive con su novia Skye (Shanyn Leigh), una dibujante tarada que roza el ser una borderline peligrosa, pues todo lo que hace es pintar, tener arrebatos de furia con tonterías y meditar.

Cisco y Skye viven un día normal haciendo tonterías de pareja. Al principio nos deleitan con una sesión de magreo, llaman a un tailandés para cenar, dejan al chaval que les lleva la cena hablar por Skype con su familia, Skye pilla a Cisco hablando por Skype con la hija que tuvo con su ex-mujer, se enfadan, Cisco se va a hablar con unos colegas que están hasta las cejas de droga y mientras tanto Skye habla por Skype con su madre. Cisco vuelve a casa, hacen las paces, se acaba el mundo, fin de la película.

“¿Propaganda de Skype descarada y escupida en vuestra puta cara?, que va, paranoias vuestras, que el nombre de la chica se parezca también es simple casualidad… Eh tú, el de la cámara, apunta más cerca del portátil, que casi no se ve bien el logo”.

Como veis, es una historia simple de cojones; las vivencias de una pareja cualquiera en un día cualquiera, sólo que por ser el fin del mundo, a veces alguien comenta de fondo algo del palo “da igual que el mundo se acabe mañana o cualquier otro día, ya estamos muertos”, o cualquier otra frase digna de cualquier estado del messenger del típico prepúber que va de profundo.

Y es que ahí queda todo el mensaje de la película, en comentarios de fondo y reacciones estúpidas que ni siquiera corresponden a la situación en la que se encuentran. Y si eres un gafapasta (tenía que salir esta palabra en algún punto de la crítica) deseoso de ver algo más que una simple y llana mofa en tu puta cara, ese “algo” se pierde en lo ABURRIDO que es todo.

Porque en esta película no hay nada, simplemente es una hora y veinte minutos con Dafoe dando paseos de un lado para otro, hablando con gente, pegando gritos y acompañando escenas  insustanciales e interminables. El fin del mundo desde el punto de vista del tarado de la azotea, sólo que sin el punto divertido que ello tendría.

“Mamá mamá, hay un violador de Saturno en el telefonillo.” “No te preocupes cielo, sólo es Willem Dafoe.”

En cierto modo, supongo que el objetivo de la película es, al menos en parte, mostrar cómo una persona cualquiera atraviesa las cinco etapas de aceptación de la muerte frente al fin del mundo, pero todo se pierde en lo coñazo y lo lento de la narración.

Las dos etapas de negación podrían pasar a ser etapas de “pasotismo”, que es lo que se ve durante toda la película, gente pasando de todo (salvo un señor que se suicida desde una terraza, y ya); la etapa de ira se resume en Dafoe pegando gritos desde la azotea; la etapa de depresión es la que sientes tú cuando te das cuenta de que la película no va a llevar a nada y todavía no se termina, y la etapa de aceptación es la que se provoca en tu ano cuando ves la imagen anterior y te das cuenta de que es lo poco risible que te vas a encontrar como consolación.

Hay que destacar también que durante toda la historia se intercalan primeros planos a una pantalla de televisión donde salen budistas hablando de reflexiones que no tienen nada que ver con lo que sucede, además de varios fundidos a vídeos  intercalados al azar. Y con “vídeos al azar” me refiero a cualquier vídeo que te puedes encontrar yendo de link en link en youtube, sea un señor sentado en un sofá o fuegos artificiales, todo vale; tenemos una historia de mierda y hay que rellenar metraje con cualquier chorrada que pueda dar de pensar a algún pobre espectador deseoso de ver alegorías donde no las hay.

Después de la sesión de magreo y de seducirnos con su bello púbico, Dafoe termina de excitar a todas las mujeres y de cambiar la orientación sexual de todos los hombres con este digno primer plano de su culo.

Si os atrevéis a ver esta engañifa, debéis saber que la única reflexión que os va a proporcionar es si existe una manera más absurda de tirar hora y 20 minutos de vuestras vidas, donde lo único que podréis decir al acabar, es que le habéis visto los pelos de la polla a Willem Dafoe.

Este es el tailandés que les lleva la comida y exactamente esa cara es la que pondréis todos al terminar de ver esta basura.

Así va el cine actual, donde abominaciones como Canino o esta misma mierda propagandística de Skype son tomadas como “películas intimistas” o “difíciles de acceder”, en lugar de ser vapuleadas como las basuras que son.

Y que un tipo como Willem Dafoe acepte trabajar en esa basura. Dafoe, eres un mierda.

“¡He hecho cine de autor!, ¡y con Anticristo ya van dos!, ¡galleta!”

Para terminar con esto, y que no me quede un final tan soso y de mala leche, mi señora me regaló hace poco un peluche de Tails, el zorro amigo de Sonic. Es muy adorable, le abrazo al dormir y me gustaría hacerle partícipe de esta crítica.

Tails, amigo, ¿qué opinas al respecto de las profundas reflexiones intimistas planteadas en esta película?

 

Gracias, Tails.



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Obi