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Al parecer el mundo se acaba señores, así lo dicen las profecías mayas. Bueno, habrá que aprovechar los días que quedan y perder el tiempo con películas un poco epilépticas apocalípticas. Hace bien poquito hice un pequeño ciclo por mi blog y he elegido la más entretenida del montón de truños que publiqué. Señores, les presento la versión Syfy del holocausto extraterrestre en este pequeño mundo:

“Hail to the king, baby”. Sin disimulo.

Pasemos a presentar a los protagonistas de la historia:

Iván Hood. Astronauta, doctor osteópata (o quiropráctico), estudiante bastante mediocre según él mismo confiesa en medio de una melopea, acomplejado con los médicos de verdad y líder de la rebelión humana contra las termitas extraterrestres. Su gran sueño es que a su regreso a la Tierra a todos los médicos se los haya comido un gorila y así poder ser el último de la estirpe sanitaria, y que le llamen “El gran Sanador”. Para comprender el trauma de los quiroprácticos se recomienda ver las reposiciones de “2 hombres y medio”.

El pobrecito debió pasar una mili bastante miserable, aunque por eso conserva una gran habilidad cavando trincheras y túneles con cucharitas de madera; suponemos que también será muy habilidoso fregando tanques con escobillas de retrete pero eso no se menciona. La peli comienza con su regreso a la Tierra tras cuarenta años de siesta.

Kelly. Otra astronauta dormilona. Un personaje imprescindible en la trama, que servirá para emocionarnos cuando la bombardeen, la amordacen, la esclavicen, la den de latigazos, la lleven de aquí para allá colgada como un chorizo, la tiren a agujeros y la metan mano en escenas románticas. El papel soñado por Clint Eastwood vamos.

Los otros dos astronautas, Capitán Burkes y Sargenta Patachula. Lo de ella nos lo inventamos porque ni mencionan su nombre y en cuanto asoma el careto se rompe una pierna y luego le meten dos tiros. Respecto a él, no mantiene la compostura marcial que se le supone a un capitán y en cuanto se entera de la invasión de la tierra pierde la cabeza (literalmente).

Las termitas alienígenas. Una raza extraterrestre muy avanzada tecnológicamente pero que tiene pequeños caprichitos a la hora de de zampar, les encanta la madera y las cabezas de cenutrios. Conquistan la Tierra con una especie de bombas de neutrones que matan a los humanos pero que dejan los arbolicos intactos. A los poco hombres supervivientes les visten de celtas y les dan un serrucho para que les sirvan en su voraz apetito maderero. Por dentro de sus exoesqueletos circulan ingentes cantidades de un líquido verde con el que no puede ni mi Ariel. Cada catorce días rezan a la “Termita Gorda que Pulula por los Cielos” y se dan un merecido descansito.

Jeff, el decano de los esclavos en la serrería y fuente de información para lo sucedido en la Tierra. Un caso curioso, tiene 35 años y parece que tiene 70, pero le encanta trabajar de esclavo porque le mantiene joven. Es de los pocos humanos que siguen contando los días y los años, uno diría que los debe contar con el culo porque dice recordar una misión de la NASA que se lanzó hace 40 años.

El presidente Demsky. Un completo inútil y encima Republicano. Al llegar los alienígenas reunió a los senadores y congresistas y se fueron a un refugio en lo alto de una montaña. Se ha tirado los últimos 20 años aprendiendo a pintar acuarelas sentadito en un sofá.

De entre la alegre tropa de los salteadores de los bosques de Portland bajo el mando de Iván Hood (si, no es coña) destacamos a Alex, que sabe leer y escribir, y a Bizzi, que sabe lucir toda la película un precioso ombligo y unas piernas muy ebúrneas. Y es que cuando las búlgaras salen macizas, salen macizas.

Y de entre los malvados merodeadores o cazadores de esclavos y los lacayos de los alienígenas en la serrería, destacamos a dos tuercebotas, el primero con las barbas mas falsas plantadas en una película desde la lapidación que había en “La vida de Brian” y el segundo  un capataz que meticulosamente siempre vigila el trabajo de los esclavos con las nalgas mientras se fuma una pipa.

Continuaremos con la historia en sí:

En la NASA se aburren con dos cojones y ya no saben qué inventar. Deciden mandar a cuatro astronautas a echarse una siesta criogénica de cuarenta años por ahí en el espacio profundo. De hecho alguno debía dormir como los delfines, con un ojo cerrado y otro abierto, porque por los aledaños de su nave ven pasar la invasión alienígena y avisan a la Tierra, sin pensarlo mucho se vuelven a dormir 20 años más. Lo más curioso es que luego se les olvida el asunto.

Para esta increíble misión la NASA ha diseñado un nuevo sistema de reentrada en el planeta:

Estrellarlos contra un puta colina cerca de Portland.

El caso es que el rijostio les despierta y salen a darse una vuelta a ver cómo ha cambiado la tierra estos últimos 40 añotes. Y asómanse a ver Portland, la ciudad está hecha mierda, pero a estos, que son muy astutos, les preocupa otra cosa.

“¿No estaba Portland rodeada de bosques?” 

¡Genial! El caso es que al poco rato observan una caravana de esclavos, a la que, como grandes cenutrios que son, son incorporados prestamente encadenados y embozados. Como la cosa tiene poca emoción le pegan dos tiros a una de las astronautas que va cojita (y el presupuesto no daba para pagar el salario de tantos actores), y hala el resto encadenados hacia la serrería.

El mundo que nos encontramos es una distopía terrorífica, los humanos están divididos en dos grupos, los esclavos que cortan, pulen y apilan tablones, y los siervos de los alienígenas, que cazan esclavos y controlan el trabajo de los mismos. Sólo de recordarlo se me ponen los pelos del sobaco de punta (y no son pocos).

Ya capturados, me los embozan –amordazan, para gran alivio del espectador.

El caso es que llevan a los tres astronautas a una serrería, donde son puestos a trabajar un minuto y medio, y luego son llevados al puesto de mando termitero a ver si son de interés por las extrañas ropas que llevan. Se me ha olvidado decir que los humanos esclavizados visten como galos de los tebeos de Astérix, y los humanos esclavizadores van como los extras de “La casa de la pradera”, por lo que los pijamas de astronauta de nuestros héroes pegan un cante que ni la Traviatta. Por cierto, las termitas van simplemente en pelota picada.

Comienza el proceloso interrogatorio.

Los astronautas se dan cuenta de que la tierra está dominada por una raza extraterrestre que además quiere saber de qué distrito provienen. El capitán Burkes no puede asimilarlo bien y tanta desgracia y terror, como ya habíamos comentado, le hacen perder la cabeza.

Ñom, ñom, ñom.

Ya sólo quedan dos astronautas, y como es lógico ante las preguntas del jefazo de los mega termitos, cantan hasta el Only you con coros y orquesta mediana. Luego son mandados a currar y más tarde a pasar la noche a un vil agujero do otros esclavos se arremolinan.

Allí comprueban que los humanos han olvidado todo lo que sabían sobre higiene, medicina, tecnología, calendarios, saludarse con un apretón de manos y hasta leer, en veinte añitos nada más. La cosa se pone aún más deprimente cuando llega el catering soviético para los actores búlgaros, una plasta colgando en un cubo a la que atacan inmisericordemente con cucharas de madera todos a la vez.

Cojones, ya sabía que los de Syfy andaban cortos de presupuesto, pero esto no me ha pasado ni con Roger Corman”.

Pero la pareja buenoide no se rinde en su búsqueda de la libertad, noche tras noche horadan  a base de cucharonazos un túnel para poder escapar de ahí.

Con paciencia y saliva, se la metió elefante a la hormiga.

Tras largos planos de sufrimiento, hambre, trabajo y tuneleo, nuestra pareja se escapa por la puerta principal aprovechando que los custodios de la serrería que, armados y con rifles vigilan subidos en torretas, están en el cuarto de hora del uso del orinal. Otro esclavo, el chico listo que sabe leer, les acompaña en su huída. En su fuga matan a un termito gigante y como es lógico en toda producción cutre…

La manguera con líquido de colores absurdos entra en acción.

Tras salir por la puerta del campo de concentración aserradoril, los machotes van por un lado y la rubiales por otro, y como es evidente, la rubia no llega muy lejos y será cargada de un palo y llevada de vuelta al aserradero. Los otros dos, en una escena que rezuma originalidad y nunca vista en el séptimo arte, se tiran a un mini lago desde una barranca (en realidad se caen) y son dados por muertos por sus perseguidores.

¡¡¡¡Choooooooofffffff!!!!

Pero el lago se transforma por arte de birlibirloque en un río, y los dos fugados se arrastran hacia la orilla. Desde un cuevanito cuya entrada está disimulada con vegetación se oye un “Pssstt, por aquí”. Y por supuesto ambos se meten dentro sin pensarlo. Allí una chati se intenta ligar al astronauta con el truco más viejo del mundo y al fallar pasa a ligarse al otro.

“Oye chatín tu cara me suena.

¿Qué hace un astronauta como tú en un lugar como este?”

Bueno, la tal chica es una actriz de decimoquinta regional de Bulgaria, pero hay que reconocer que su vestidito luciendo cantidad de pierna y ombligo como Raquel Welch en aquella de dinosaurios, hará más llevadero lo que resta de esta abracadabrante película.

A partir de aquí la cinta se convierte en un ir parriba y pabajo, de encontrar cenutrios, valle de la libertad, cheposos y otros ciudadanos, repitiéndose el mismo esquema una y otra vez ad nauseam. Primero Iván Hood saluda y tiende su mano:

El saludado siempre lo contempla como si le pidieran cinco duros.

Luego sigue siempre el mismo rollo: “soy Iván y soy doctor” “¿qué coñetas es un doctor?” Esteeeee… …mire que estamos en camino hacia las montañas, para unirnos a la rebelión que lidera el presidente de los Estados Unidos. En ese momento siempre hay un coro de fondo que declama a viva voz:

Ese ombligo hace la cosa más llevadera.

El caso es que al final, tras unos 20 minutos de paseos por bosques búlgaros de Oregón, donde suceden variadas aventuras que hacen que el grupo aumente, llegan a lo alto de un monte donde vive el presidente de USA. En ese lugar hay montones de senadores y políticos de todo pelaje desde hace veinte años. Y la cruda realidad se impone, el presidente lleva 20 años rascándose las bolas y comiendo lo que le sube un cazador cheposo, y además pasa de todo. Nuestra pandilla de héroes marchan montaña abajo decepcionados y con el rabo entre las piernas (tampoco es cosa de llevarlo en la frente). Tocan de nuevo otros 10 minutos de marcha boscosa para regresar al aserradero y preparar al escaso grupete para el ataque liberador.

Y más ombligo, quiero decir, marcha por el bosque.

La vigilia en la noche previa al ataque al aserradero se produce una de las escenas épicas de la película, un antiguo esclavizador intenta violar a Bizzi (la jamona ombliguera), Iván Hood le detiene y le dice que son hombres libres y existen las leyes y el respeto. El violador le dice que le pique un pollo, que son esclavos de mierda y que al día siguiente van a estar todos muertos. Y de paso enfila hacia el aserradero amenazando con chivarse de todo, Iván agarra una ballesta, dispara y le deja como a un pincho moruno. El malo asombrado, se vuelve y moribundo le pregunta: “¿Pero no eras un doctor que se encargaba de curar a la gente?”. Iván Hood responde:

Y ya estás curado”.

Y pasamos a la madrugada del ataque al aserradero.

Y digo yo, esto de atacar a termitas gigantes con flechas de madera, ¿no tendría el mismo efecto que atacar a leones con chuletas de cerdo? Pregunto.

Los terrícolas han aprendido en los 10 minutos de marcha de vuelta una capacidad arquera que ya la quisieran para ellos los ejércitos de Gengis Kan.

Capaces de acertar hasta a través de agujeritos en las paredes.

Los liberadores se lanzan a la carga.

Entre tanto tiro da tiempo a entretenerse con un glory hole en modo alienígena

Eliminados los terrícolas esclavizadores, las termitas contraatacan desde su termitero.

Produciendo daños a los atacantes y algún careto propio de peli turca.

Pero los humanos contraatacan a su vez con flechas incendiarias.

Y las termitas a su vez contraatacan a campo abierto con artillería.

Nada que un contraataque con una multiballesta no pueda arreglar.

Y los humanos vuelven a la carga.

“Y ahora, ¡a por los romanos!”

Conseguida la victoria, la venganza contra los esclavizadores se prepara.

Pero, lo que nadie esperaba, hay un contraataque alienígena. Fracaso total, acaban trinchados a flechazos.

Visto lo cual hay otro contraataque termiteril con un retrete portátil con ruedas de tanque cohetería, que machaca a los humanos rebeldes.

Pero lo que nadie esperaba, hay un contraataque a la carga por otro grupo de humanos liderados por el Presidente Demsky, quien misteriosamente ha dejado de rascarse las bolas. Se acercan las elecciones; eso lo explicaría todo.

Y atacan al excusado blindado alienígena con butifarras,

y ombligos, quiero decir cócteles molotov.

El blindado revienta y…

…Titanlux se introduce en el noble arte del product placement

…los termitos restantes son rápidamente decapitados. La victoria final es humana.

Los humanos van en busca de otros aserraderos que liberar mientras sobreimpresa aparece la jeta de Iván Hood, siendo rociado a manguera con mostaza. Fin.

Momentos emocionantes de la peli:

No recuerdo si me he referido al festival de barbas de pegote.

O a los divertidísimos manguerazos tras las decapitaciones.

O el precioso ombligo de Bizzi.

La receta de dedos cociditos en su tinta.

El alienígena doblado por el cerdito Porky.

Y podríamos seguir hasta el infinito. Pero ya os he dado suficientes pistas para deducir la imponente mierda que es, sin embargo entre Bruce Campbell y la ingente cantidad de chuminadas, es extrañamente entretenida. Aunque eso sí, recomiendo al menos ingerir de 2 a 4 cubatas antes de verla. La tengo subtitulada y emulizada muy recientemente en mi blog, así que ya sabéis, con salud.



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Yulifero