Review

Título original: Rats – Notte di terrore

País: Italia – Francia

Duración: 97′

Camaradas, esto es un llamamiento ante la humillación definitiva. Durante años la humanidad nos ha marginado, desprestigiado y acusado de propagar suciedad, enfermedades y podredumbre. Se ha dedicado a darnos caza, a amaestrar a gatos para que nos persigan, a hacernos probar sus cosméticos y a marginarnos en los límites del subsuelo, allí donde tiran todo aquello que les molesta. Nosotras hemos aguantado esta situación, porque históricamente éste es el rol que se nos ha adjudicado, muy a pesar nuestro. ¿Pero nos hemos quejado de esta ignominiosa situación? NO, nunca. Por mucho que nos apalearan, persiguieran y sofocaran, nunca una queja ha salido de nuestras bocas.

¡Camaradas por favor, dejad un momento el cátering y atended que esto es importante!

Pero señores, esta situación va a cambiar porque una gota ha colmado el vaso de nuestra paciencia, no con una humillación más, sino con la humillación definitiva a toda una especie. Y hoy vamos a dar nombres y apellidos de los responsables de tal afrenta. Una afrenta en forma de película llamada “Año 225 después del holocausto”.

EL CULPABLE

El principal instigador de esta película es un señor italiano llamado Bruno Mattei, el rey de la italoexploitation, un oportunista siempre dispuesto a aprovechar la moda cinematográfica imperante, grabar algún bodriete con la calderilla de su bolsillo en un fin de semana y sentarse a esperar a recibir fajos y fajos de billetes, proporcionados por gente engañada por sus suculentas carátulas o pensionistas que creían que estaban alquilando la última de Spielberg o de la saga Alien.

En este caso, Mattei se apunta a la moda de películas apocalípticas amparadas en el éxito de Mad Max. Películas baratas ya que, con cuatro ruinas o un desierto se puede rodar una de estas. Y para abaratarla aun más, nada como que los protagonistas no puedan escapar de un edificio en ruinas, y así se rueda todo en un único escenario. Y hablando de los protagonistas…

La película es tan exageradamente barata que a los actores se les pago con un bote de spaguettis en conserva… a compartir.

LOS CORRESPONSABLES

Si bien en menor medida, no podemos dejar de mirar a los actores de esta cinta y a sus personajes como partícipes de la humillación. De acuerdo, no en el mismo grado que Bruno Mattei, pero no son inocentes. ¿O es que acaso los guardias de los campos de concentración nazis eran inocentes porque sólo seguían órdenes? Quizás no sean los cerebros de todo esto, pero sin duda ser la mano ejecutora los convierte en partícipes.

Todos ellos interpretan lo que parece una banda de moteros del futuro con nombres como Kurt, Lilith para un gótica, Video para un fan de los videojuegos, Chocolate para una negra (¡toma economía narrativa!) o Taurus para… ¿un Tauro? Es evidente que el guionista aplica la lógica de los nombres de perro para estos, nombres cortos para que el can los recuerde, al igual que los espectadores de este bodrio.

Por no hablar del pañuelo naranja, ese eterno roba escenas y acaparador de miradas, capaz de anular a cualquier actor en plano en ese momento.

Todos ellos actores de quinta regional italiana, cuya capacidad dramática bascula entre una pared de ladrillos y ataques de sobreactuación a la altura de un Jim Carrey aquejado del síndrome de Tourette, en especial Geretta Geretta, a la que Bruno Mattei no para de dedicar primerísimos planos regondeándose en ello cual marrano en sus propios excrementos. Además, los actores tienen que aguantar un dudoso gusto estilístico por parte del encargado del vestuario: tenemos a una chica vestida de vampiresa, a otro de monje Shaolin e incluso a otro de general napoleónico. ¿He dicho banda del futuro? Más bien comparsa de carnaval en resaca, que no hace otra cosa que añadir sal a la herida de nuestro orgullo de roedor.

Geretta Geretta cuando el médico le pide que diga “Ah”.

LA AFRENTA

Como toda película apocalíptica que se precie, empieza con el típico texto que mezcla palabras como hecatombe nuclear, bandas del futuro, sociedad subterránea, nómadas del Apocalipsis, péptidos biomagnetizados y otros términos sin ton ni son… que traducido, viene a decir que la película la van a ambientar en un polígono industrial abandonado.

Entra en acción una banda punki del futuro que decide refugiarse en una casa abandonada, porque… porque… porque… ¿Por qué? Bueno, porque lo pone en el guión. Ahí se nos presenta a los protagonistas y en un par de secuencias ya vamos adjudicándole a cada uno su estereotipo: el miedoso, el problemático, el valiente, una negra, etc. ¡Y entonces descubren la gran amenaza que se cierne sobre la humanidad: nosotras, las ratas!

Es reconfortante saber que aunque el mundo se ha ido a la mierda, aún hay gente que encuentra el momento para dibujarse triángulos en medio de la frente.

La película sigue las correrías de estas personas (porque llamarlos actores sería llamarlos mucho) a través de pasillos y habitaciones mientras dicen aleatoriamente cosas como: “¡Tenemos que seguir unidos!”, “¡Dios mío, las ratas!” o “¡Hay ratas por todos lados!”, mientras el director nos deleita con un plano de un metro cuadrado de suelo lleno de hermanas nuestras que ni siquiera saben cómo actuar, ya que el director obviamente se ha olvidado de darles las marcas.

Definitivamente, es en este punto donde tenemos que poner el grito en el cielo nosotras, porque a la incapacidad de Mattei se une la incapacidad de los técnicos de manipulación de roedores para dar ningún tipo de credibilidad a nada de lo que está pasando.  Ejemplos por la película los tenemos a patadas, pero por ejemplo tenemos los ataques por placaje de ratas y ratones:

Las apocalípticas previsiones de Al Gore se quedaron cortas, el cambio climático no sólo traerán más periodos de lluvias torrenciales sino que en el futuro estas mutarán a lluvias torrenciales de ratones.

 

O esta otra secuencia, donde podemos ver que nuestras camaradas no han sido provistas del traje de seguridad adecuado para la siguiente escena de riesgo:

¡Todas huyen despavoridas! ¿Todas? Todas no, queda una irreductible en la cabeza a la que se puede observar con el puño en alto y, si se escucha con atención grita: “¡¡¡¡Honor de roedor!!!!!” ¿A todo esto, no sería más fácil quitarle las ratas de la cara y ya está? En el mundo real, por supuesto, pero en la cabeza de un director de explotation italiano, tener un lanzallamas y no quemar al primero que pase es desperdiciar “valores de producción”.

Otras vejaciones, por ejemplo lanzar ratones desde fuera de plano porque nuestras compañeras huyen aterradas a la vista de estos carniceros o el pasarnos antorchas peligrosamente cerca sin ningún tipo de protección. Pero al final se produce la más egocéntrica y narcisista situación de todas. Mientras los últimos supervivientes aguantan como pueden el envite de las ratas, aparecen del subsuelo un grupo de hombres ataviados con trajes contra la radiación y máscaras antigás, que en el último momento salvan a los dos últimos miembros del grupo. Y como pirueta final, a Bruno Mattei y a su guionista, Claudio Fragasso, no se les ocurre otra cosa que:

¿Después de esto, qué será lo siguiente? ¿Will Smith arrancándose la cara y descubriendo que en realidad es blanco? ¿Ghandi arrancándose la cara y descubriendo que en realidad es Adolf Hitler que consiguió huir del asedio a Berlín?

¿Acaso están diciendo que las ratas a lo que aspiramos es a convertirnos en hombres? Es como suponer que los negros quieren ser blancos, o que los tigres quieren ser leones. Hasta qué punto ha llegado el ego de la humanidad como para pensar que todos queremos ser como ellos. Yo, como rata, me siento orgullosa de mi status quo, y no sólo yo sino todos los de mi especie que trabajamos muy duro para derrumbar todas las barreras sociales, prueba de ello es que algunas de nosotras han llegado a ser chefs de alta cocina o incluso gerentes del control de calidad en una fábrica de queso.

Por no hablar de las discutibles medidas higiénicas del plató. A saber qué se ha metido en esa boca antes de que nuestra camarada haya tenido que rodar esta escena.

CONCLUSIÓN

Es difícil de creer pero es cierto, esta película supone un punto y aparte en nuestra relación con el hombre, ya basta de correr en las ruedecillas para su deleite, ya basta de nuestro uso en experimentos o de ser simples peluditos que acariciar o martirizar.  Además se ve claramente la mano negra del sindicato felino detrás de todo esto. Así que hermanas y hermanos ratas, ratones, hamsters, cobayas y a todo roedor con un punto de honor hacía su especie os llamo a la revolución del roedor. ¡La humanidad conocerá el día de la rata!

“Que vale, que la película es una mierda pero al menos a mi me permitirá llevarme algo a la boca un par de días.”



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Seagal