Review

Título: Aquel no era yo

País: España

Duración: 24′

Ya era hora de que en Cine Cutre se criticara un corto (¿o ya lo hemos hecho?). ¿No son también parte del cine? ¿No son una pieza de arte en sí misma más allá de su escasa duración? Pues toma crítica de corto al canto. ¿No será que el redactor, un jodido vago que lleva años sin escribir, elige un corto porque le va a llevar menos tiempo? Es posible.

Sea cual sea la razón, Cine Cutre celebra los #CutreOscars poniendo a parir el corto español nominado en esta edición: “Aquel no era yo” de Esteban Crespo quien, mientras yo escribo esta mierda se estará pegando la vidorra en Los Angeles y seguro que sueña con el discurso que va a dar en caso de ganar la estatuilla. ¿Es merecido tal honor? Ni de coña. Pero como tampoco he visto el resto de cortometrajes no tengo con qué compararlo. Quién sabe, quizás los demás sean incluso peores.

¿Es “Aquel no era yo” una bazofia inmunda? No, tampoco es eso. Está bien rodado, no se puede negar, pero este corto esconde una gran mentira en la que me centraré luego. Primero, si el lector no ha tenido la oportunidad de verlo (está gratis en Yomvi), voy a ponerlo en antecedentes.

La obra cuenta la dura realidad de las guerrillas en África, de los voluntarios y cooperantes que trabajan en zonas de conflicto y sobre todo, el drama de los niños-soldados que son utilizados vilmente por los “señores de la guerra” de turno para conseguir sus fines a costa de críos que deberían estar pegando patadas a un balón y no tiros con ametralladoras.

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Un asunto jodido e interesante, no lo niego. Más allá de estar nominado al Oscar, el corto llama la atención por ver cómo refleja un tema tan turbio y horrendo como éste. La cosa empieza bien, dos médicos viajan junto a un guía-conductor en un 4×4 por el típico camino de tierra de un país africano indeterminado. Hasta aquí todo OK.

El coche ha de detenerse, ya que dos chavales que no pasan de 13 años les cierran el paso, una especie de patrulla fronteriza. Todo va bien hasta que, ya cuando están a punto de pasar el control, llega un convoy con el general de la guerrilla que decide que y una polla van a pasar y los toma como rehenes.

¡Esos cromos no son los de la Liga de Colecciones Este! ¡Me estás timando, cabrón!

Joder, ¿esto es una crítica de Cine Cutre? ¿Por qué Oso le deja a este tío escribir? Vale, en breve llegamos a la chicha, sólo hacen falta unas líneas más para que podáis entender porque este corto me parece una castaña pilonga.

Los rehenes (los dos médicos españoles y el conductor-guía africano que les llevaba) son apresados y retenidos en el cuartel general de la guerrilla, o en una casa derruida que había por ahí. Tanto da. El general acusa a los blancos de “secuestrar a su gente” (sin prueba alguna, por supuesto) y anima a uno de sus niños a que den un paso al frente y les den matarile.

Como tampoco quiero contar el corto entero (lo veis y ya está), resumiré diciendo que sólo logra sobrevivir la chica, a la que por supuesto el teniente se pasa por la piedra, mientras uno de los niños, que es quien nos cuenta de mayor la historia, observa la escena.

El caso es que en el momento de la violación llega un ataque del Ejército y… el director se quita la puta máscara y nos desvela lo que quería hacer realmente con este corto.

No, no quería contarnos lo duro que es ser un niño-soldado, ni lo mal que está África, ni el impagable trabajo de los voluntarios que se juegan la vida cada día. Y una polla que quería eso. Lo que este señor quería rodar eran tiros, acción y más acción, así de claro.

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“¿Cómo consigo rodar explosiones, tiroteos, meter tanques y helicópteros y que el productor de turno no se ría de mí? ¿Cómo financio mis ganas de rodar una peli bélica si en España ya no te dan dinero ni para rodar una Comunión? ¡Eureka! Cojo alguna causa humanitaria especialmente sensible, escribo un guión en el que parezca que me tomo en serio eso de las guerras y los críos que van pegando tiros, y luego hago mi orgía bélica en el último tramo y todos contentos”. Desconozco si Esteban Crespo pensó esto al hacer el corto, a mí sinceramente no me extrañaría en absoluto.

Toda la historia, toda la puñetera historia, no es más que una burda excusa para marcarse su homenaje a “Apocalypse Now”. Claro, hacer un corto en nuestro país con semejante premisa es una quimera. Pero como digo, si le das una pátina de “corto humanitario y de temática social”, le sumas lo de los niños, llamas a las puertas adecuadas como Amnistía Internacional o Save the Children para que aflojen billetes, pues tienes lo que quieres y encima quedas como una persona súper concienciada y comprometida.

Y os lo aseguro, se nota desde el principio que tiene presupuesto. No digo que eso sea malo, porque no lo es. La factura es bastante buena, desde luego se nota que no es un puto corto hecho por cuatro amigos para pasar el rato como los que hacemos nosotros para la Cutre Con.

“¿Sabes? Me llaman el Mamba Negra… Y no por ser rápido.”

Pero como decía, todo el presupuesto se ha ido realmente en lo que al director le mola, aunque intenta disfrazarlo para que parezca lo contrario: la acción y los tiros. “¡No me vale con un ejército disparando necesito un helicóptero que bombardee el cuartel general de la guerrilla! ¿Qué? ¿Sólo un puto coche? No, no, yo necesito un tanque que si no no puedo contar bien mi historia. ¿Sólo ametralladoras? Traedme un puto bazooka jajajajaja”. Me imagino al director salivando con todos los juguetes que tenía a su alcance.

Porque sí, en este corto supuestamente de denuncia social, aparece un helicóptero Apache bombardeando, un tanque disparando, un bazooka… La polla, vamos. Qué cruda es la guerra, qué horrible. Seguro que más de uno se emociona viendo las escenas… Y si no, ahí está la musiquita machacona, repetitiva y melodramática intentando que sueltes la lagrimilla fácil ante la crudeza de las imágenes que estás viendo… ¿Alguien se emociona viendo una de Michael Bay? Pues eso…

Pero por favor, que no nos engañen, que no nos mientan de una forma tan burda. Que no nos intenten colar como denuncia algo que es sólo un corto bélico y de acción a mayor gloria de Esteban Crespo, que se lo ha pasado teta rodándolo.

“Me dijeron que iba a vivir mejor en España… Ahora me dedico al cine, vendo películas en la calle”

Luego hay otro problema, al menos para mí, gravísimo. Las interpretaciones. Y no precisamente la de los niños y los actores que hacen de guerrilleros. Más bien al contrario porque la verdad es que son totalmente creíbles en su papel. En ese sentido, chapeau. No, son los actores españoles los que la cagan. En serio, no quiero generalizar porque por supuesto que en España hay actores cojonudos, pero hay una gran parte que son infumables. Que parece que están leyendo, y que a mí personalmente me sacan de la historia cuando su puto trabajo es precisamente hacer creíble lo que me están contando.

Aquí, tanto Gustavo Salmerón como Alejandra Lorente están de cárcel. Sobre todo el primero. De verdad, si es un corto en el que el 80% del metraje se habla en inglés, al menos contrata a dos actores que sepan un poco del idioma de Shakespeare. Porque estos dos no han pasado de los vídeos de Mazzy que les ponían en el colegio y hacen el ridículo.

El momento en que matan al personaje de Salmerón, con éste gritando “You’ve lost your humanity!”; es de descojonarse de risa. Te alegras de que el niño le meta el tiro para que así se calle, cuando debería de ser al contrario.

Algunos han perdido su humanidad, otros hace tiempo que perdieron su talento.

¿Y ella? Pues tres cuartos de lo mismo, suena menos creíble que Rajoy en el debate del estado de la Nación. Y la verdad, produce bastante vergüenza ajena ver cómo niños con una nula experiencia interpretativa se meriendan con patatas a dos actores supuestamente profesionales.

Tampoco quiero olvidarme del que se supone que está contando la historia que vemos en pantalla ante un auditorio, que es el niño al que se lleva la chica después del tiroteo (el Ejército está matando a todo lo que se mueve y ella incluso tiene tiempo para llevarse al chaval). El actor que hace del crío ya adulto, un tal Mariano Nguema, pone el típico acento de africano hablando español tan forzado, que no sabes si es que habla así o tiene un algodón metido en la boca.

No sé si “Aquel no era yo” ganará el Oscar (a lo mejor cuando estés leyendo esto ya lo tiene o se lo ha llevado otro cortometraje) pero me parecería raro que no haya cortos mejores que de verdad se preocupen de sus personajes y no por la ensalada de tiros que salen en pantalla.

“¿Y yo no estoy nominado a mejor actor? ¡Pero si soy la estrella!”

Creo que fue en el podcast de Lo que yo te diga donde escuché cómo se seleccionaban los cortos en la Academia de cine americana: Al parecer, los miembros que los eligen entran en una sala y van poniendo los cortos (más de 500, o sea, un huevo) y éstos tienen un puntero láser. Si, mientras se pone el corto de turno a un miembro no le gusta, o le aburre, con su puntero enchufa hacia la pantalla. Si ésta se llena de puntitos rojos, se descarta el corto y se pasa al siguiente.

Desconozco si esto es cierto, pero de ser así, supongo que o bien cuando pusieron “Aquel no era yo” ya estaban todos dormidos, o a lo mejor se quedaron los punteros sin pilas. O quizás era de los pocos medianamente bien rodados y pasó el corte.

“Mierda, ¿y ahora dónde encuentro yo una tranca como ésa?” ¡Ya está! Me llevo a un niño y espero a que crezca…”

Como visualmente “Aquel no era yo” es potente y tiene un “estilo” muy americano, no es mala presentación para un director español en Hollywood, que me parece que lo que realmente quiere (y es muy lícito) es cruzar el charco. Esteban Crespo tiene futuro, porque no es mal director en absoluto. Se le puede dar de puta madre hacer la nueva de Stallone o de Schawarzenegger que sospecho que son las pelis que realmente le molan. Seguro que con Michael Bay hace buenas migas, porque está mucho más cerca de un realizador de ese corte, a los que les importa más el espectáculo, la acción y los planos que la historia que están contando.

Pero por favor, que sea honesto consigo mismo y no nos intente colar una superproducción bélica y de acción como una denuncia social, porque no cuela ni de puta coña. Eso es lo que me jode de su corto, que no va de frente y te dice lo que es realmente hasta los casi 20 minutos de metraje. Y que use un tema tan jodido como ése para caer en lo de siempre: los fuegos artificiales.



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Dimitri Hardcore