Review

Título original: Badass Showdown

País: USA

Duración: 75′

David DeCoteau es un cineasta de la más pútrida serie Z que desde sus inicios en subfilmes como Creepozoides ha ido introduciendo poco a poco en sus películas sus filias y fobias, tratando temas recurrentes y, contra todo pronóstico, convirtiéndose en un autor. Si no lo creéis, sólo basta con ver las portadas de algunos de sus últimos filmes para encontrar un claro patrón común.

En la antigua Grecia, en el Salvaje Oeste, durante la iniciación a la hermandad, en el ataque de unos extraterrestres o el hombre invisible; en el DecoteaUniverse hay una alarmante escasez de camisetas para chicos.

Badass Showdown lleva las inquietudes personales de Decoteau al extremo, con un escueto argumento que es una excusa para un indiscriminado desfile de chicos semidesnudos marcando paquete. El metraje en sí es un cúmulo de escenas tan gratuitas y ofensivamente rodadas (por cutres, no por explícitas), que no sólo causan auténtica vergüenza ajena sino que llevan a pensar que el visionado de este filme supone la verdadera “cura” de la homosexualidad que tantos se empeñan en buscar.

Eso sí, hay que aplaudir a Decoteau el intento por renovarse, dando la vuelta a la desnudez en su cine. Y es que, si en sus inicios eran las chicas las que iban enseñando pechugas, con Linnea Quigley a la cabeza en pelis como la ya citada “Creepozoides” o, por ejemplo, “Chicas de fraternidad en la bolera”, ahora, quizá en un triste intento por equilibrar la balanza y redimirse cinematográficamente, son los tíos los que se despelotan y ellas las que se quedan más tapadas que un operario de Fukushima.

Director: “Por favor señorita Rothrock haga el favor de taparse un poco que para esta película no nos interesan sus sucios bultos.”

Excusa para el manfloreo

La película trata sobre una representante de luchadores de artes marciales mixtas (interpretada por Cynthia Rothrock) que ha decidido organizar un casting para elegir a su próximo cliente. Para ello ha convocado a cinco aspirantes a los que observará detalladamente durante un fin de semana.

Lo de observar es un eufemismo para decir que David DeCoteau encuadrará y nos mostrará en primerísimos planos cada músculo, cada pectoral y cada pezón de cada una de sus musas, en laaaaaaaaaargas e interminables secuencias de entrenamiento, que supusieron todo un alivio para el/la diseñador/a de vestuario, quien directamente se tomó vacaciones.

En el DecoteaUniverse la vigoréxia no es una enfermedad, es un regalo de Dios.

Pero los personajes de Baddas Showdown no son simples trozos de carne y como el director no puede profundizar en ellos del modo que le gustaría (es decir, por vía esfínter), decide ahondar en las motivaciones de dichos personajes mostrando otras de sus facetas, como por ejemplo, el modo en que se desenvuelven en la ducha. Así, nos aguardan largas y prolongadas escenas de ducha donde cada protagonista acariciará su cansado pero perfecto cuerpo, en un serie de secuencias fundamentales para comprender la trama. La trama de seis rectángulos perfectamente marcados que presentan en su vientre cada uno de nuestros héroes.

 
El chico llega, se baja los calzoncillos, empieza a sonar la música y David Decoteau comienza a rodar con el pulso incontrolado, paseando su lente por los firmes pectorales, los erectos pezones, los perfectos abdominales… Esto es como Al Pereira vs The Alligator ladies pero desde el otro lado.
Y entonces los actores comienzan a interactuar entre ellos. No, no se untan aceite ni cruzan sus miembros viriles; ojalá. Es ahora cuando comprendes por qué DeCoteau se empeñaba en tenerlos haciendo ejercicios aeróbicos sin abrir la boca; realmente nos estaba haciendo un favor. Sus interpretaciones son tan abismales que echarás de menos sus pezones en primer plano y hasta suplicaras que se penetren hasta los agujeros de las orejas, con tal de que no sigan recitando unos diálogos que indignarían al guionista de la más chapucera película porno underground. 

Director: “¡Oye chaval! ¿Eso de ahí no son tus líneas?” Actor: “Sí. Es que me costaba mucho aprenderlas y he pensado en apuntarlas en algún sitio.”

El director, que es consciente del rollo macanudo que ha filmado, para evitar que los pobres despistados que han alquilado esta infamia se desencajen la mandíbula por los coninuos bostezos, decide acompañarlo todo de una machacona música tecno, de esas que se ponen en las sesiones de aerobic o spining. Y cuando digo todo, me refiero a todo:

 
La música se dispar y la adrenalina fluye por nuestras venas, ansiosos  por ver lo que sucede en pantalla… y en pantalla  tiene lugar la sosísima conversación entre dos chicos sobre dónde está su habitación. Decoteau no pierde sus señas de identidad y nos muestra todo el paseo que se dan los chavales para ir a la puerta de la casa y luego volver, escamoteándonos unos preciosos segundos.

Actor1: “¿Oye tío, no te parece raro que no nos dejen poner camiseta ni cuando no rodamos?” Actor2: “Sí, creo que son manías del director. Cuidado tío, que ahí viene esa perra en celo” Director: “¡Ahhhh! Haciendo travesuras, ¿he? Así me gusta, que rompáis las fronteras del espacio personal y os toquéis, os abracéis y os chupéis los pezon… Uyyy, lo que iba a decir. En fin chicos venid que vamos a continuar rodando estos cuerpazos vuestros.”

El papel del antaño mito de las artes marciales Cynthia Rothrock consiste en discutir de vez en cuando con su asistente y en ver a los chicos ducharse mientras asiente con gravedad. Recordemos que la actriz se había retirado de la interpretación y este subfilme  supone su regreso a las pantallas. Si tantas facturas tenía que pagar, mejor hubiera hecho fregando baños públicos o limpiando sables. No logro entender qué le llevó a participar en un mierdón de semejante calibre.  Bueno, igual la perspectiva de estar dos semanas encerrada en una mansión rodeada de carne joven no le parecía una mala idea; aunque viendo el panorama, mucho me temo que al único que se ligó fue a su amiguito de plástico y a pilas que le cabe en el bolso. 

“¡Tenéis que comprenderlo, estas mechas no se pagan solas!”

Volviendo a David DeCoteau, a pesar de sus citados intentos por redimirse siempre será un cutre de órdago, capaz de rodar unas escenas “nocturnas” como estas:

Un plastiquillo azul pegado a la lente de la cámara…

… una económica solución para David “el artesano” Decoteau…

… un hierro incandescente directo a las córneas para el espectador.

Pero David Decoteau es un ser humano con remordimientos, y como no quiere timar al 100% a los espectadores, tras cuarenta minutos de pectorales contoneándose decide meter un par de escenas de lucha.

La música atruena en nuestros tímpanos, el cámara se vuelve loco con el zoom, el técnico de sonido nos apabulla con efectos de golpes de Commodore 64, los actores se enzarzan en un interminable intercambio de puñetazos y el espectador… el pobre espectador se pregunta porqué aguanta tanto mientras contempla como dos gorilas se dan puyitas en el patio trasero del chalé.

Y al final, se produce la catarsis, la hecatombe de la hez. ¿Cómo lo hace este hombre? ¿Cómo? Siempre nos la mete doblada . Cuando todo parece que está finiquitado, mete esa vuelta de tuerca que nos hace comprender que quizá la inteligencia de nuestra especia no difiera tanto de la de una ameba. Retrasada.

Atentos: Cynthia Rothrock elige a uno de los luchadores (por el complejo método de hacerlos luchar entre sí, ¿Entonces a qué cojones viene lo de Cynthia espiando a los chavales mientras se duchan? Bueno, me callo que la respuesta es tan evidente que me abofetearía el propio director); y cuando nuestra estrella le comunica que ha sido elegido, tiene un lugar un desenlace que emocionaría a Isabel Gemio. El mastuerzo en cuestión no quiere luchar para ella ¡Porque es su hijo perdido! Al final ni la puta película es de acción ni de artes marciales ni de porno gay, es un dramón familiar. Y ahí con el culo totalmente torcido (aunque no tanto como el de algunos de los mozalbetes que desfilan) empiezan los títulos de crédito… y tú no te lo crees: David DeCoteau al final se te ha follado a ti, al espectador.

En resumen

Con sus diálogos de película porno, actores jóvenes que parecen de película porno y un único escenario que se ha utilizado en películas porno; no me sorprendería que exista una copia del director (pero literalmente para su uso y abuso) de dos horas y media con todas las escenas de mandanga gayer que esta versión nos escamotea.

Actor: “¿Guión? ¿Para un vídeo de aeróbic?” Director: “Ay chicos como sois, si ya os lo he explicado un montón de veces. Esto no es un vídeo de aeróbic, es un nuevo concepto que fusiona películas y aeróbic. Es algo nuevo y EXCITANTE; lo voy a llamar aerofilms”. Actor: “Y tan excitante, creo que se ha empalmado”



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Seagal