Review

Título original: Black Devil Doll from Hell

País: Estados Unidos

Duración: 70′

En Cinecutre.com, en nuestra búsqueda del cine más ignoto y rancio, hemos recorrido virtualmente todos los parajes imaginables; desde las montañas de la Capadocia en Turquía, pasando por las selvas nigerianas de Nollywood, hasta llegar a los Andes peruanos y su cine amateur de derribo, con cintas como Condenado en la pequeña Roma. Pero aunque pareciera imposible, aún quedaban lugares en los que adentrarse, parajes recónditos, misteriosos y no exentos de peligro (físico y mental), que albergan cantidades ingentes de cochambre. Como por ejemplo, los guetos de negros en Estados Unidos. Y más en concreto, uno de Filadelfia, donde fue alumbrada la que es seguramente la película de terror más mugrienta y hedionda de la década de los 80, “Black devil doll from hell”, una película encuadrada en un subgénero marginal que paso a denominar “blaxguettoxploitation”.

Las imágenes que acompañan a esta crítica hablan por sí solas. Qué coño hablan; corrijo; las imágenes gritan, vocean, se retuercen de dolor, pegan alaridos desgarradores y piden clemencia, manifestando la extrema cutreza inhumana que supura esta cinta abyecta en cada uno de sus infernales fotogramas.

Se trata de una cinta tan JODIDAMENTE CUTRE Y SATÁNICA, que si alguien intentara suecarla (ya sabéis, hacer una versión casera, como en “Rebobine por favor”), lograría resultados siempre mejores, incluso si se empeñara en hacerlo lo peor posible. Y es que el calificativo amateur se queda corto para una película que palidece ante cualquier vídeo porno casero que circule por la red; incluso aquellos rodados en visión nocturna con la cámara del móvil. Durante su infecto metraje parece que en cualquier momento van a surgir en una esquina del plano las letras digitales de la videocámara, informando de la fecha y de la hora.

Perfecta para una sesión de cineforum en Guantánamo, “Black devil doll from hell” es tan mierda, que aquellas personas que alquilaron el VHS en su época (sí, inexplicablemente se editó en ese formato), al meterla en el aparato de vídeo seguramente pensaron que la propia dependienta era una sucia guarra, que había grabado encima varias secuencias de porno amateur con una muñeca.

Es tan puta mierda esta sucia película, que después de verla, te plantearás seriamente llamar a los exterminadores de plagas para que fumiguen tu ordenador, tu lector de dvd, tu tele o donde puñetas te hayas atrevido a visionarla, maldito marrano. Es tan puta, apestosa y abominable mierda, que a su lado, el cine pop turco de los 70-80 constituye toda una lección de buen cine. Que digo, hasta el más infecto cine nigeriano le pega un repaso a esta cinta.

Ya me he quedado a gusto, ahora pasaré a describir el engendro con sumo detalle. “Muñeca negra y diabólica del Infierno”, como la voy a llamar a partir de ahora -ya que carece de título en castellano-, está protagonizada por la prima negra y con trenzas de Chucky, una muñeca poseída por un espíritu hijoputa y muy degenerado, que cumple las fantasías más oscuras de sus dueños.

Interpretada única y exclusivamente por actores negros -no hay ni un sólo blanco, parece que hayan sido exterminados de la faz de la Tierra en la realidad que plantea el filme-, nos narra la historia de la versión femenina de Steve Urkell, una negra muy fea, desagradable y ultracatólica, que sólo piensa en Jesucristo y va tapadísimas de arriba a abjo; si fuera más tapada iría vestida con un burka y un traje antirradiación al mismo tiempo.

Tras salir de misa totalmente embalada y visitar el mercadillo del barrio -que consiste en un negro vendiendo objetos robados en el maletero de su coche y que cada dos palabras dice “mama” -, la señora Helen, que así se llama la susodicha, decide ir de compras a la tienda de antigüedades más cochambrosa del planeta Tierra, un tugurio tan herrumbroso que, en comparación, cualquier narcopiso de Las Barranquillas parece los grandes almacenes El Corte Inglés.

¿Road´s end? Debería llamarse World´s end

Atención a la marioneta de cartón hecha por el hijo del director

Con esta peli se puede jugar a la versión modificada de “¿Dónde está Wally?”, titulada “¿Dónde y en qué estante se esconde la mierda más infecta?”

Las cosas directamente sin estanterías, ahí, tiradas al montón…

En este antro repugnante, donde se acumulan sin orden ni concierto todo tipo de aberraciones localizadas probablemente en vertederos (platos, peluches, ropa; todo mezclado en las estanterías, parece que la tienda la haya organizado alguien con síndrome de Diógenes), Helen detiene su mirada en una horrenda muñeca negra. Fascinada por su aspecto inmediatamente la adquiere, a pesar de las advertencias de la dependienta, que le indica que es una muñeca mágica, maligna, que siempre vuelve sola a la tienda, que martiriza a sus dueños, se droga, ve El Hormiguero por las noches y te vacía la nevera de madrugada.

Whoopi Goldberg ya lo sabía, y la mataron de golpe…

LA VIOLACIÓN MÁS GROTESCA, ABOMINABLE Y ATROZ

Una vez en casa, y tras una larga y vomitiva escena de ducha en la que la protagonista frota interminablemente sus pechos colgantes y sus pezones del tamaño de berenjenas, la muñeca se pone en acción, dispuesta a cumplir las fantasías de Helen.

¿Y cuáles es la fantasía más oculta de una ultrabeata reprimida que cuando se ducha sólo se lava las tetas e ignora el resto de su cuerpo? Pues lo habéis adivinado, ser violada salvaje y asazmente, y a ser posible por una marioneta de 2 duros, que hasta daría vergüenza venderla en un puesto de feria.

De este modo, inmediatamente asistimos absortos a 30 abominables minutazos de violación ininterrumpida, que ríete tú de la enculación a Monica Belluci en Irreversible. Que ascazo.

Si en esa película era difícil mantener la mirada durante la citada secuencia, aquí ya resulta imposible, por la mezcla de asco, vergüenza ajena y carcajadas y lagrimones de risa que genera, todo al mismo tiempo. Esta desopilante escena es un verdadero torrente de emociones, donde lo mismo te dan ganas de vomitar como de carcajearte escandalosamente, con esa desagradable actriz revolcándose con un muñeco y haciendo un ridículo inenarrable, a lo que hay que sumar un montaje atroz y la casiotónica música que lo envuelve todo.

Son quizás los 30 minutos más desagradables, inquietantes, grotescos y descojonantes de la historia del cine; las sensaciones que provoca son difíciles de explicar. La muñeca no para de llamar puta a su víctima con voz de negro proxeneta, echa gases por la boca antes de penetrarla y no para de lamer los descomunales pezones de Helen, con una lengua que parece una chistorra podrida y enmohecida envuelta en mocos transparentes, la cual deja un surco de babas más ancho que el de un caracol gigante africano. Todo esto resulta casi más vomitivo que ver el vídeo de 2Girls1Cup en pantalla gigante, a cámara lenta, en 3D y con dolby surround.

ORGÍA CASIOTÓNICA

Y qué decir de la banda sonora, hay que dedicarle todo un capítulo aparte. Casiotone puro, organillo a pilas; es absolutamente deshuevante y de revolcarse de risa por el suelo; parece realizada exclusivamente con los ritmos que ya vienen pregrabados de serie en el aparato. Es todo un canto de amor al Casiotone; más que canto de amor, una petición de mano, con “sí quiero”, casamiento y posterior noche de bodas desenfrenada y con sexo en todas las posturas posibles, incluida la del helicóptero.

Menuda orgía de pitiditos, teclas y ritmos pregrabados, cuyo responsable, que es también el director del filme, tiene los negros cojones de firmarla y acreditarse como compositor. El éxtasis total llega en la inolvidable secuencia del bar/discoteca, que paso a describir.

Tras ser brutalmente violada y lamida por la chistorra babeante de una muñeca, y gozar con ello, Helen inmediatamente se convierte en una loba sedienta de polla, una depredadora sexual que hará todo lo posible por meter en su cama a todos los tipos que se crucen en su camino, incluido aquel que montaba un mercadillo en el maletero de su coche, en lo que parece una carrera contrarreloj por contraer el SIDA.

Durante una de sus correrías en busca de machos, Helen, vestida con sus mejores galas, es decir, con un vestido robado del rodaje de La Casa de la Pradera, acaba en el bar de Elmo (un guiño a los muñecos clásicos siempre se agradece), un tugurio infecto que no es más que una tasca de barrio que intentan colarnos como discoteca. Nada más meter un pie en el antro, y esto es literal; su arrebatadora belleza y su aspecto virginal (es decir, su aspecto de tener sebo y telarañas en el chumino) llamarán la atención del Chanquete negro, un chulopo de look desfasado incluso para los 80 y que parece escapado de un vídeo de Hues Corporation.  El ridículo galán queda rendido a sus encantos.

Aléjate de él… con esas pintas, este irresistible seductor no quiere ligar contigo sino venderte en Montera

Cinco minutos después, ambos bailarán enérgicamente y lo darán todo, al ritmo de una melodía que haría llorar de pena a Luixy Toledo. El espectador no sabrá si morir de descojonación infinita, morir de indignación aguda o morir de ambos males a la vez. ATENTOS AL VÍDEO:

Estos negros bailan lo que les echen; lo mismo hubiera dado que fuera la sintonía del Telediario o una jota aragonesa

ATMOSFERA INQUIETANTE Y MUCHÍSIMA INTRIGA

A pesar de todo lo dicho, hay que reconocer que la película, a base de potenciar la cutreza en todos sus aspectos, consigue una atmósfera cuanto menos inquietante y muy malrollera, que de algún modo atrapa al espectador, hipnotizado ante tanta mugre y suciedad, en todas las acepciones del término.

Y la cinta también mantiene la intriga, ya que durante todo el metraje, se alberga la sospecha de que en cualquier momento va a irrumpir la DEA en el piso y va a detener a todos los actores en un redada antidroga en busca de crack, comandada quizás por Steven Seagal. Algo que desafortunadamente no ocurre pero que logra que el sufrido espectador aguante hasta el final.

También genera mucho interés y atención en cada fotograma, ya que en todo momento estás deseando que se les cuele dentro del plano la mano del tipo que mueve o agita a la muñeca, sobre todo en la ridícula/asquerosa escena de la violación. Y desafortunadamente, esto tampoco acaba sucediendo o yo no me di cuenta.

Igualmente, este engendro es todo un desafío para el espectador caucásico, quien tendrá que morderse la lengua ante los improperios racistas que intentarán salir de su boca. Si “Muñeca negra y diabólica del Infierno” la proyectaran en cines en Alemania, podríamos asistir al resurgimiento del nazismo.

Luego está la dirección, que parece totalmente improvisada y sin planificación alguna. La cámara deambula alegremente por las estancias, enfocando y haciendo zooms a todo lo que pilla; cualquier objeto irrelevante es susceptible de salir en primer plano. Por no hablar del montaje, que está hecho directamente en la cámara, o del sonido, ya que en las secuencias callejeras el viento hace estragos y parece que alguien esté resoplando en el micrófono de la videocámara para tocar los cojones, lo que junto con la jerga del gueto, hace incomprensibles los diálogos. Aunque para lo que hay que escuchar, casi que nos la repampinfla lo que digan.

Avisados quedáis. Cuando acabas de ver esta basura, te notas sucio, marrano y acabado; te sentirías mejor persona si hubieras visionado una cinta de pederastia. “Muñeca negra y diabólica del Infierno” supone un nuevo escalón en el descenso a los infiernos de la boñiga fílmica.

La insufrible película ha sido editada en DVD en Estados Unidos y está considerada de culto; pero vamos, a estas alturas nadie debería sorprenderse. Todo lo nacido en los 80 es de culto. Ya sabéis, si te tiraste un pedo en los 80, ahora ese pedo es de culto.

“Black devil doll from hell”, sólo apta para enfermos mentales, masocas irreparables o espectadores en coma, y que además hayan perdido los ojos, los oídos, la lengua y las papilas gustativas.

 Y como regalo final… LA PELÍCULA COMPLETA EN YOUTUBE. A ver si tenéis lo que hay que tener:

 Tranquilidad, no dura dos horas. Yo también me acojoné, es la duración del archivo ripeado, la película son sólo 70 minutos.



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oso