Review

Los robots son mi Tercera Cosa Favorita. Las dos primeras son la comida y los videojuegos (ya ves, y yo aquí hablando DE CINE…). Los robots siempre molan y molarán, da igual el aspecto que tengan: Si son cutres son graciosos, si son guays y gigantes te gusta verles luchar y ganar, si parecen humanos te llevarás una sorpresa al descubrir que en realidad son máquinas…

En toda obra sobre robots que se precie siempre hay un motor principal que mueve la historia: La búsqueda de humanidad. Bueno, humanidad, alma, corazón, llámalo cpmo quieras, pero los robots de las historias siempre quieren ser humanos o parecerse a ellos.

Creamos máquinas increíbles capaces de hacer lo que físicamente nos es imposible y lo que más nos divierte es verles pasar penurías para poder parecerse a nosotros. Menuda raza estamos hecha…

Johnny 5 detuvo a unos criminales y consiguió su ciudadanía. El T-800 salvó a John Connor y se convirtió en lo más parecido que tuvo el chaval a un padre. Andrew de El Hombre Bicentenario luchó por los derechos de los robots, logrando cambiar las leyes y la tecnología necesarias para convertir a los de su especie en humanos de pleno derecho…

Y luego tenemos a Chappie, que lo único que quiere es ser un NIGGA MOTHAFUCKA, YO GANGSTA. Bravo, Blonkamp…

“¿Dices que Chappie es diminutivo de “chapero” y mi labor es chupar robo-pollas? ¡¡¡VALE!!!”

MAJOR SPOILERS. Aunque da igual, ya sabéis que me gusta hacer que os ahorréis dinero.

 

50 Sombras de Crappie

 

En el futuro Johannesburgo del puto año que viene, la delincuencia ha sido severamente diezmada gracias a los Scouters, una línea de robots policía que va por ahí matando criminales y saltándose deliberadamente las tres Leyes de la Robótica porque eh, esos criminales no son personas. El creador de los Scouters es el protagonista de “Slumdog Millionaire” (esa maravillosísima película que se llevó 50 Oscars y de la que llevabas 3 años sin acordarte hasta que te la he nombrado ahora) pero su sueño no es que sus androides maten malhechores y le ahorren millones de rands al ministerio de justicia de Sudáfrica. Lo que él realmente quiere es crear una Conciencia Virtual para que sus robots se comporten como seres humanos.

Mientras él termina su programa de conciencia robótica, una pareja de criminales tiene una idea mucho más ingeniosa: “Secuestramos al tipo que inventó a los Scouters y le obligamos a fabricarnos un mando a distancia que sirva para apagar a los robos y poder hacer atracos más fácilmente”. SÍ SEÑOR. Sólo tienen que ir a la fábrica de robots y llevarse al Slumdog Millonario, quien justo acababa de robar los restos de un androide que iba a ser reciclado. Porque en esa fábrica dedicada a la seguridad, puede entrar y salir todo el maldito mundo porque nunca hay nadie vigilando. A lo largo de la película vemos cómo los personajes entran y salen de allí y se llevan cosas importantes como les sale de las pelotas.

En el escondrijo de los malhechores (un sitio hortera lleno de pintadas de colorines hechas por algún grupo de niños de Eduación Especial) el Slumdog, en vez de construirles el aparatito a los atracadores, decide instalar el programa que acaba de terminar en el robot que ha robado. Y así nace Chappie. Cuya evolución pasa de comportarse como un simio asustado a una especie de Steve Urkel amanerado para terminar siendo un odioso gangsta nigga con colgantes y anillos de oro. Muy bien hecho el programa ese de Conciencia Virtual, si.

Al margen del estúpido guión, el gran problema de Chappie es éste:

Estos dos zarrapastrosos forman el dúo musical Die Antwoord, que canta una especie de ¿rap? y que en Chappie son los protagonistas absolutos. ¿Chappie? Nah, eso sólo es un CGI muy caro que sirve para que estos dos fetos se luzcan. Se interpretan a si mismos, pero en lugar de ¿raperos? son los atracadores que secuestran al Slumdog. Conservan sus nombres para que pienses que son tipos malos, que matan y roban de verdad y compres todos sus discos. O algo así, no sé cual es su puta intención. Yo conocía su música de videos chorras que suelen poner en el canal Flash de 4chan (/f/)

Cada vez que hacen o enseñan algo a Chappie, suena su repelente música ratonera que te produce úlceras en el tímpano. No saben interpretar y tienen un acento raro, como el del protagonista de GTA IV, lo que aumenta el ya tremendo ridículo que hacen durante toda la cinta. Llevan camisetas de si mismos con los nombres de sus discos (pero, ¿son raperos o atracadores de verdad?) y sus metralletas y pistolas están pintadas con colores de My Little Pony.

Este tío tiene pinta de oler mal, incluso a lo lejos.

 

Y a ella me da yuyu mirarle a la cara. Intentadlo, ¿a que os lloran los ojos? Y seguro que también huele raro.

Ah es verdad, que también salía Hugh Jackman en la peli esta. Aquí interpreta a un ex-marine o ex-soldado de nosequé, que con sus pintas parece recién escapado de la Ruta del Bakalao y diseña y fabrica robots en la misma empresa que el Slumdog Millionaire. A este le tiene envidia porque sus Scouters se venden como rosquillas. El proyecto de robot-policia de Hugh Jackman es un mech de 4 metros de altura que se controla con la mente. Evidentemente los robots humanoides y autónomos son más baratos que un puto Battlemech, así que su proyecto es rechazado continuamente.

Se pasea por la oficina con pantalones cortos, una cartuchera con una 9mm y el cadáver de un Pikachu sobre la cabeza. ¿Qué pelo es ese, diosito lindo?

Sigourney Weaver hace de Sigourney Weaver. Sale tres minutos contados.

“Mi avatar era el más feo de todos…” -Sigourney Weaver

Y sólo queda hablar de Chappie… El diseño del robot es bastante guay: sus ojos y boca son un LED con el que puede poner distintos gestos o miradas, puedes ver sus articulaciones y maquinaria a simple vista y tiene unas orejas muy japonesas, cómo las de un robot Veritech de Robotech. Aparte de eso, su integración e interacción con los personajes reales es simplemente perfecta. Notas que Chappie está ahí charlando con los mugrosos de Die Artworodds o como puñetas se escriba, que lo he tenido que mirar antes 4 putas veces y no pienso volver a hacerlo. Un 10 para el equipo de efectos de Bloomkamp. Es lo único destacable de este despropósito de película.

“Ojalá hubiese sido programado para drogarme…”

A pesar de que Chappie esté muy bien hecho, cumple un error fatal para una película de robots: CAE MAL. Sus gestos y gracietas intentan ser adorables pero fallan miserablemente. Su comportamiento es errático, se supone que va evolucionando poco a poco en base a sus conocimientos y experiencias, pero este proceso se vuelve muy forzado y cambia a trompicones, provocándote genuino aburrienfado. Como dije arriba, pasa de ser un bebé orangután miedica a un auténtico negrata de barrio, con gestos e indumentaria similares (gracias a Dios no le ponen unos pantalones de esos gigantes) pero eso no le impide sacarse de su robótico cipote la manera de transferir las conciencias humanas a un programa de ordenador. Y lo hace usando el casco neuronal que sirve para manejar el robot malo de Hugh Jackman, que porque sí, también se preocupó de programar el casco para que funcione con los Scouters… BHIGYVGAHUJNHYFVAGUHIA

Y la peli está repleta de chorradas así:

-Los robots están diseñados de tal manera que es absolutamente imposible extraerles la batería, la cual llevan soldada al pecho. Pensadlo bien. Te dejas un pastizal en fabricar unas máquinas de la hostia pero luego no hay forma de cambiar la batería en caso de que haya cualquier problema como por ejemplo, AGOTARSE. Y es que dichas baterías tampoco se pueden recargar. No sé a qué está esperando Apple para aplicar esta pedazo de idea a sus productos y volver a revolucionar el mercado con móviles que duren dos o tres horas. Todo esto es no es más que una excusa lamentable para que Chappie tenga fecha de caducidad (6 días) y su motivación principal durante toda la película sea encontrar un cuerpo nuevo.

-¿Y cómo resuelve Chappie el problema antes planteado? Fácil. Cuando sólo le quedan unas pocas horas de batería, repentinamente resuelve el sencillo problema de transferir cualquier conciencia (robótica o humana) a un PUTO USB. Y a otra cosa.

-Los Die Antwoord dejan irse a su casa al creador de los Scouters tras haberle secuestrado y robado el robot. ¿No podría haber llamado a la policía y denunciar a los ladrones?

Los robots son in-hackeables y todos se activan con un pequeño USB Maestro que cualquier trabajador puede coger y llevarse a su casa en cualquier momento. Seguro que nadie les sabotea los Scouters, tal y como sucede en la película, que va…

-Hugh Jackman inutiliza a las unidades Scouter para poder usar su robot gigante. En cuanto los robots tocan el puto suelo, Johanesburgo estalla en una orgía de caos y destrucción. Es tan ridículo cómo en aquel capítulo de Los Simpsons donde el Sr. Burns apaga la central nuclear y la gente de Springfield se vuelve loca, rompiendo escaparates y creando altercados.

-Al final de la peli, la enana albina rapera muere acribillada a balazos. Chappie, que cree que es su madre, guarda su conciencia en un USB y la transfiere a un robot que tiene LA MISMA CARA de la tipa esta:

“Eh qué gran idea he tenido: ¡¡¡vamos a fabricar robots con la cara de la tía más fea y desagradable del mundo!!!”

Cosas cómo ésta te sacan constantemente de la peli y hacen que te mofes de ella… En las pelis de robots siempre estás deseando que se callen esos aburridos humanos y salga el androide a hacer cualquier cosa. Aquí no quieres ver a Chappie, es molesto e hiperactivo, pero tampoco quieres ver a los morning singers de los Die Westwood. Y si a eso añadimos que su puta música del demonio es omnipresente, ya no es que te saquen de la peli, es que quieres irte a casa a romper tu taza de R2D2… No quieres volver a saber nada de los putos roboces jamás.

 

Conclusiones

 

Aburrida, tontaina, repelencia musical por cortesía de los Die Antorporogors esos y sobre todo un nuevo paso al abismo de Neill Bloomkamp. Un tío que va a dirigir Alien 5.

 

¡¡NO VIOLES A ESO, CHAPPIE!! ¡¡TE VA A PEGAR HASTA EL VIRUS “I LOVE YOU”!!

 

Aunque eso ya da igual, despúes de Truñetheus ya nada va a salvar a la pobre saga Alien…



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Cacaman