Review

Título Original: De mayor quiero ser soldado

País: España, Italia

Duración: 100′

Sé que llego tarde, porque a esta peli le han dado más hostias que a un saco de boxeo. Pero nunca es tarde ante un truño de semejante calibre y toda hostia que le den es poca, merece más, muchas más, hasta ser reducida a pulpa. Estamos ante un zurullo atemporal, un mojón del que los hijos de los hijos de nuestros hijos se seguirán mofando a mandíbula batiente en los siglos venideros. Y es que todo lo que os hayan contado de este chorongo maniqueísta se queda corto, muy corto.

Con esta crítica vengo a reivindicar una de las películas que más me han hecho reír en los últimos meses y que marca un nuevo estándar en lo que a cine cutre se refiere, si atendemos a su narrativa y su “sutil” discurso. Y es que me parece inconcebible que en pleno 2010, personas adultas y que se suponen racionales y maduras, rodaran semejante cosa y no sólo eso, sino que varios individuos más les rieran la gracia.

El responsable de esta sodomía (con desgarro incluido) al sentido común es Christian Molina, director de “Diario de una ninfómana” y aquella ponzoña de bajo presupuesto titulada “Rojo sangre” y protagonizada por Paul Naschy, que mi compañero Seagal ya se encargó de analizar en esta misma web, por lo que quizá no sea de extrañar la calidad que atesora el filme que me dispongo a comentar.

“De mayor no quiero recordar que actué en esta puta basura”

“De mayor quiero ser soldado”, coproducción hispano italiana (que grandes películas nos ha traído esta asociación), llegó a nuestras pantallas (cuatro pantallas mal contadas) amparada en las recomendaciones del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid o el Juez de Menores de Granada, auténticas eminencias en esto del cine, como ya se sabe (incluso plantaban este tipo de recomendaciones en el poster del filme).

Bien empezamos. Sí, como es de suponer con tales avales, nos hallamos ante un PANFLETUCHO de lo más manipulador y bochornoso, que culpa de forma muy infantil a la televisión como la gran responsable de la conducta violenta de muchos jóvenes. ¿Pero en pleno 2010 todavía hay quien nos viene con estas milongas y rueda una película sobre ello? Venga, no me jodas… Y los apoyos por parte  ciertos cargos de la administración, son otra prueba más de que quienes nos gobiernan o son gilipollas o se ríen de nosotros (o son gilipollas Y se ríen de nosotros).

Es cierto que la película también se adentra en la desafección y en las familias desestructuradas, pero todo esto queda completamente de lado ante el absurdo protagonismo que se le da al televisor de los cojones, que parece poco menos que un artefacto de control mental capaz de modificar a su antojo la conducta de quien lo mira.

Y es que la película hace gala de unas formas discursivas al nivel -y no exagero lo más mínimo- de aquellas descacharrantes cintas antidroga de varias décadas atrás, con exponentes  tan recordados como “Refeer Madness” o la delirante “The weird world of LSD” (ambas  películas recomendadísimas, por supuesto). Incluso me atrevería a decir que propagandas nazis como “El judío eterno” resultan incluso más veraces que este cúmulo de ofensivas exageraciones.

Así, por si no ha quedado lo suficientemente claro, nos hallamos ante una cinta de marcadísimo carácter didáctico que es probablemente la más manipuladora en todo en lo que llevamos de siglo.

 

LA MUERTE VIAJA EN TELE

¿Y este panfletucho de mierda de qué va? Pues os cuento. “De mayor quiero ser soldado” nos muestra a una idílica familia de catálogo, con un feliz y pretendidamente encantador niño de 9 años (interpretado dignamente por Fergus Riordan, el infante de “Ghost Rider 2″) que sueña con ser astronauta, hasta que el nacimiento de dos hermanos gemelos cambia las cosas. El chaval se siente ignorado por sus padres y pide una televisión para su cuarto, algo que sus progenitores acaban aceptando a regañadientes.

Y entonces comienza el horror. El niño enchufa la puta tele y arranca un vertiginoso y enloquecido montaje de escenas de guerra y violencia atroz, que parece que se hayan abonado al Canal Guerra 24 Horas o al Ludovico 24 Horas, y es que la peli no esconde para nada sus disimulados guiños a La Naranja Mecánica (hasta el prota se llama Alex).

Y en lugar de sufrir un ataque epiléptico, que sería lo lógico ante tanto gangbang audiovisual, al niño le entran ganas de matar (curiosamente el mismo efecto que provoca en el espectador el visionado de esta película). Más o menos.

De este modo, pocos días después, el chaval, abducido por la televisión demoníaca, empieza a venerar la violencia, colecciona armas de juguete (suponemos que son de juguete), sueña con ser soldado en lugar de astronauta y empapela su cuarto con banderas del ejército e incluso, atención, insignias nazis. Y es que esta peli es muy sutil y quiere que te tragues a cucharones toda la mierda panfletaria que contiene, así que abre esa bocaza y mastica, pedazo de gilipollas.

A todo esto, al padre se la suda que el chaval coleccione pistolas y cuelgue banderas nazis, ya que, desde su punto de vista de macho garrulo, sólo se trata de un chiquillo que quiere jugar a la guerra.

“Bueno, mejor que cuelgue insignias nazis a que vaya por ahí a drogarse y a follar como los chavales de ahora, ¿no? GÑÉ”

Detengámonos aquí porque es importante resaltar cómo este filme, en su “reduccionismo” discursivo extremo y troglodita, dispara alegremente a todos lados; es una metralleta de acusaciones gratuitas y muy facilonas, donde la figura paterna resulta más pisoteada que un balde de uvas de vino y en la que el ejército también se lleva su buena ración de hostias sin venir a cuento, ya desde el título del filme. Y es que el niño sueña con ser soldado y ya eso es malo de por sí, por no decir que retratan a los militares como auténticos hijos de perra descerebrados y homicidas. Aquí no hay medias tintas, todo es blanco o es negro. Es acojonante con qué libertad se pueden soltar tantas tonterías juntas (y si no lo creéis, leed Cinecutre más a menudo).

Como es de esperar, el chaval se descontrola y acaba teniendo serios problemas en la escuela. Es entonces cuando le envían al psicólogo del colegio, que es ni más ni menos que Freddy Krueger a.k.a. Robert Englund, un intérprete que se ha lucrado a costa de la misma violencia que esta película pretende denunciar.

Englund, que trata a los padres como dos mendrugos, se dedica a repetir las mismas frases una y otra vez cual disco rayado, acompañado de delirantes contrapicados y otros exageradísimos planos, con los que el director trata de resaltar su discurso y lo único que logra es enfatizar la estupidez de tanta charlatanería. A ello no ayuda que el actor no pare de gesticular, y es que este señor parece que sólo sabe actuar en modo Freddy.

Tras soltarles una monserga de lo más cansina sobre la influencia de la violencia en los niños, Englund afirma que lo único que se puede hacer es aplicar medidas drásticas, ante el acojone de los padres, que finalmente acceden a los propósitos del psicólogo charlatán.

“¿Seguro que no queréis que me ponga el guante de cuchillas? ¿De verdad? Yo creo que haría más convincente mi interpretación”

Y cuando esperas que inflen a hostias al niñato o lo encierren un centro de educación especial (que es realmente lo que se merece, ese niño es gilipollas y la pobre tele no tiene culpa alguna), descubrimos atónitos que la medida drástica consiste en encerrar al chaval en un despacho y colocarle frente a… SÍ, UNA TELEVISIÓN, y acosarlo hasta la extenuación con imágenes de gente sufriendo, en otro montaje enloquecido. Que no coño, que no me lo invento, que esto es lo que pasa en la película!

“Y ahora te vas a tragar mi cinta de 8 horas con los mejores momentos de El Bus y Estudio de actores”

El chaval, profundamente afectado por el horror al que ha sido sometido, vuelve a cambiar inmediatamente y en pocos días sueña de nuevo con ser astronauta, quita todas las banderas de su cuarto (incluidas las nazis, recordemos) e incluso DIBUJA FLORECILLAS en clase de plástica. Y es que este crío es más manipulable que un cubo de Play Doh.

Y así, la misma televisión que le había convertido en un desgraciado es la que le devuelve al camino de la rectitud y de la moñería, en un discurso y una progresión de los acontecimientos sobre la que prefiero guardar silencio, para evitar unas cuantas demandas. Parece que en esta película todos vivan en una realidad alternativa donde la televisión te chupa el cerebro.

BUNSOPACO TIENE LA CULPA DE TODO

Pero claro, las cosas no pueden quedarse así. Hay que complicar la trama. ¿Cómo? Pues yendo por el camino fácil, ya que el guión es lo de menos y lo importarte es meter a presión el discurso en la cocorota del público.  Así es que, haciendo gala de un ingenio que te cagas, al guionista (que es también el director) se le ocurre la idea de que el chaval encuentre mensajes del padre a un supuesto ligue. Y aunque el niño se había transformado en un buenazo que soñaba con ser astronauta, repentinamente chantajea a su padre y le pide que le ponga la tele en su cuarto. Y de este modo volvemos a la misma mierda de antes; el niño se convierte de nuevo en Hitler Jr y vuelta a empezar.

A todo esto, se me ha olvidado señalar que la película toma como punto de partida una redacción que el niño está escribiendo para la escuela, en la que cuenta lo que quiere ser de mayor y que sirve de telón de fondo al filme. Muy apropiado lo de la redacción, ya que la película tiene el nivel discursivo de, pues eso, un trabajo de 1º de la ESO.

¿Y lo de la redacción no os recuerda a algo? Sí, lo habéis adivinado, el filme es una suerte, qué narices, una burda copia, de American History X, que incluso acaba exactamente igual (todos sabemos cómo acaba American History X). Aquí es cuando la película se reserva lo mejor para el final, porque, si no habíamos tenido suficiente con el evidente y reiterativo discurso que sigue la película, van y nos cascan un ridículo monólogo del niño, donde este acusa directamente a los espectadores de ser los responsables de su desgracia, por ser  pasivos ante tanta violencia, en una avalancha de sofismas que invitan a la descojonación total.

Comprobadlo vosotros mismos en este vídeo:

Pero Christian Molina entiende las películas como James Cameron y al espectador hay que darle más, incluso cuando parece que ya ha llegado el final. Por si no nos habíamos reído lo suficiente, la siguiente escena nos muestra a la madre jugando con el niño, pero resulta que el chaval… sólo esta en su imaginación, porque se ha vuelto tarumba. Y cuando estás revolcándote de risa por el suelo ante una secuencia tan increíblemente gratuita, entonces llega OTRO MONÓLOGO MÁS, durante los títulos de crédito y todavía más vergonzoso que el anterior, que agotará por unos meses tu reserva de carcajadas.

Y el encargado de recitarlo es el mismísimo Danny Glover en modo Morgan Freeman, que ahora que ya es todo un anciano y no puede salir en Arma Letal 5, pues queda muy bonito y cuco lo de arremeter contra una violencia que te ha dado de comer.

“Y os sabéis ese que va un niño y le dice a su padre “¡Paparr paparr, quiero ser soldado! Que no os riáis coño que no es chiste; no puedorl, que pa que pasa”

RANCIA Y DESFASADA

¿Pero a santo de qué viene en pleno 2011 cargar contra la televisión con una cinta tan alarmista? Actualmente existen medios como Internet o los videojuegos, y al director no se le ocurre otra cosa que ir a por la tele. Además de manipuladora y estúpida, la cinta llega desfasada. Y que quede claro, jamás responsabilizaré directamente a los videojuegos o Internet de la conducta violenta de la gente; sólo digo que si vas a defender una postura tan rancia y simplista, hazlo en condiciones y no parezcas el abuelo Cebolleta. Que hay niños que a los 9 años se acaban el Call of Duty 3, por favor.

Además, ¿de dónde narices se sacan todas esas imágenes de guerra? Pero si cuando pones la tele sólo dan realitys, Sálvame o Jersey Shore, como bien me indicó mi pareja, a la que cito porque no quiero apropiarme de su acertada observación. Si la cinta fuera realista, tendría que haberse titulado “De mayor quiero ser, tronista, cani o, directamente, prostituta”.

Y hablando de prostitutas, menudas pintas que se gasta la profesora del niño, interpretada por Valeria Marini o lo que parece su clon deforme de plástico, y es que la actriz, a quien muchos recordarán con terror por “Bámbola”, se ha convertido en todo un engendro siliconado.

Tras el éxito del filme de las muñecas Bratz, Valeria Marini se prepara para protagonizar la película de la muñeca chochona

Al final, uno acaba con la sensación de que esta película acaba siendo más peligrosa que la propia violencia que pretende denunciar, y no porque puedas morir ahogado de la risa (que también), sino porque cuenta con una digna factura y algunas interpretaciones convincentes, por lo que, a poco que seas un poco tarugo, te pueden colar toda esta sarta de falacias.

“Ya estoy mayor para estas mierdas, este año me jubilo”



About the Author

oso