Review

Título original: A*P*E

También conocida como: “Attack of the Giant Horny Gorilla”, “Super Kong”, “A*P*E: Attacking Primate monstEr”

País: USA, Corea del Sur 

Duración: 87?

La dirección de la página me ha pedido una crítica de una película cutre con monstruo gigante, algo que haga juego con el reciente estreno de “Pacific Rim”. Lo tengo fácil, “Ape” no sólo es uno de esos horrores espantásticos inclasificables, porque pocas cosas se le podrían comparar, además veremos a un cenutrio haciendo el gilipollas con un disfraz de gorila puesto, horas y horas. Las películas cutres con disfraz de gorila siempre son de otra dimensión.

“Not to be confused with King Kong”. TELA. 

Digamos que corre el año 1976 y a alguien se le ha ocurrido hacer caja a costa del remake de “King Kong “ de Dino de Laurentiis. Hubo otros que lo intentaron, pero ninguno llegó a las profundidades abisales de la cutrez simiesca que alcanzó “Ape”. Y no hay duda de que fue un exitazo, al menos en lo financiero, con una docena de espectadores ya se sacaría beneficios a la más que paupérrima inversión dedicada a este churro.

Para empezar se recurrió a la familia Leder, donde cualquiera de sus miembros puede ser actor, productor, director, guionista, cámara o compositor, e incluso todo ello a la vez. Auténticos descendientes del glorioso Juan Palomo.

Luego la producción se trasladó a Corea del Sur, porque como es sabido, todos los chinos (y coreanos) son iguales, con lo que el gasto en extras se reducía extraordinariamente. Y ya de paso como los militares yanquis destacados en Corea se aburren como ostras, se prestan a cualquier tontería con tal de no quedarse en la base viendo cómo crece el césped.

Pero vayamos con la historia. Un buque mercante lleva un gorila de doce metros de altura en dirección a Disneylandia, debidamente sedado; bueno más bien no, pero no divaguemos y empecemos con el sufrimiento.

Lo que sigue no se puede narrar, sólo puedo ir facilitando retazos de las vergüenzas que nos deparará su visión.

Un, ejem, “barco”, ejem, “navega”…

Una hermosa escena que se desarrolla en la quilla de un barco que sería el sueño húmedo de un fontanero adicto al LSD. El capitán mira al horizonte. Otro marino asoma. Como poner en imágenes la captura de un simio gigante en una isla tropical sale caro, en una inteligente elipsis narrativa el capitán cuenta al grumete negrata que estuvo en dicha isla y que no se lo hubiera perdido por nada en el mundo.

El capi también filosofa: “Es una vergüenza poner en cautividad a una bestia para exhibirlo a las masas”. Pero el grumetillo no entra al trapo, sólo ha salido para gorronear tabaco.

De repente, una mano peluda asoma por una mampara. Ahora el marinero negrata sí filosofa y exclama emocionado: “¡Mierda!”.

Como es lógico el buque (disponible en tiendas Imaginarium y Toys`r us) estalla como si le hubieran disparado 36 torpedos de grueso calibre y se hunde en 5 segundos.

Vemos luego a un gorilón nadando y sacudiendo a un tiburón gigante al que le ha dado un infarto letal al ver al simio, y ya puesto se le han caído todos los dientes del susto.

Un mal día para salir a cazar y olvidarse la dentadura en la mesilla de noche

Asistimos a intensos minutos de ardorosa “lucha”, que recuerda mucho a otra legendaria de Bela Lugosi con un pulpo. El simio chapotea y se retuerce patéticamente en las aguas y realmente no sabemos si trata de vencer a su enemigo o usarlo de improvisado salvavidas para no ahogarse. 

Superado este percance, APE consigue llegar vivo  a la costa coreana y hace lo que cualquier gorila recién salido del agua haría en su situación; destruirlo todo a mala hostia. Así, nuestro engorilado amigo, sin duda simpatizante de la causa norcoreana, se pone a reventar sin ton ni son las casas de un pueblito que encuentra a su paso.

 

Y veremos que este gorila no sólo es gigante, también es ignífugo

Los habitantes del villorrio huyen despendolados, pero como buenos orientales acostumbrados a ataques godzillescos tenían las maletas listas.

Y como la película está rodada para exhibirse en 3D, comienza el lanzamiento indiscriminado de objetos a (o hacia) los atónitos espectadores. Así, el simio, en una práctica que años después emularía Donkey Kong, nos bombardea con barriles de gasofa, que en sus manos se convierten en granadas incendiarias. ¡A cubierto majetes, el 3D es pericoloso!

Fauna coreana

 

Nos mudamos al aeropuerto de Seul, donde una estrella de cine con gafas prestadas por Elton John, atiende a la prensa coreana. Va a participar en una película local y su papel estelar consistirá en ser violada repetidas veces.

Un reportero que es su casi noviete se reencuentra con ella y a los quince segundos le propone matrimonio. Acto seguido le come la oreja y le cuenta que conoce un monje budista que nunca ha casado a un par de caucásicos, y que se muere por experimentar tal evento. Ella duda.

 

Nos presentan luego al tipo al mando de las tropas gringas en Corea, un tipo muy estresado que siempre contesta al teléfono de pie, y que parece tener un palo de escoba embutido por entre las nalgas. La llamada versa sobre gorilas.

Ape sigue de paseo, se encuentra a unos niños, que fuyen, y también con la famosa anaconda coreana de 30 metros.

Una de dos; el gorila es capaz de variar su tamaño a voluntad, o el director y su equipo tienen un serio problema a la hora de establecer las proporciones…

El gorilo, sin pasmarse, agarra al pobre reptil y lo lanza contra los espectadores, con tan buena puntería que le atiza un señor rijostio al cámara, quien se tambalea y todo. Pero aquí no pasa nada, ¡¡¡a positivar!!!

Su paseo le lleva a asomarse al set de rodaje donde un cruce de Bruce Lee y Freddie Mercury está apalizando a hachazos a unos malosos.

 

Los pundonorosos y karatékidos actores, lejos de huir del monstruño que asoma, le tiran lanzas, espadas, hachas y flechas incendiarias. Se ve que en los rodajes coreanos, en pro del realismo absoluto, las armas empleadas son AUTÉNTICAS, para qué andarse con menudeces. Total, si un chino de estos muere en el rodaje lo reemplazan por otro y nadie se entera.

A todo esto, por más cosas que le lanzan al gorila (y al sufrido espectador), como si le tosen. Hasta le intentan derribar, muertos de risa, con un tronco usado a modo de ariete.

“Jajajajaj ¿dices que esta basura se va estrenar en salas?” “Pfff jajajajaja calla y no te rías, que a este paso no nos pagan”

De lo que pasa luego ni idea, porque se corta antes del impacto y veremos al general yanqui al teléfono de nuevo, cada vez más mosqueado porque le llaman cada 5 minutos hablándole de gorilas.

Pero disfrutemos de esta shaolinesca escena en su enteritud:

Nuestro gorila de felpa sigue su saludable paseo matutino, primero por encima de una plasticosa vaquita.

Seguimos con la fauna autóctona, tras la anaconda, ahora toca la célebre vaca liliputiense coreana. ¿Con qué pensabáis que hacían las minihamburguesas?

Luego juega con un parapentista de juguete que le emociona asazmente, y se pone a dar a palmas como un oligofrénico, mientras la música remarca lo enternecedor de tamaña secuencia.

Y vamos a otro set de rodaje. Dino, el director (Paul Leder), explica a su actor que tiene que violar a la actriz coprotagonista más gentilmente.

El equipo se traslada a exteriores, donde el actor va a intentar violar de nuevo a la heroina. Una película de trama muy variada por lo que parece.

La actriz huye del violador… Y acaba en la mano del gorilón que pasaba por allí, y que galantemente quiere ayudar a la damisela en apuros.

A los gorilas gigantes no les crece pelo sino… ¿¿musgo??

Llevamos 40 minutos de película y tras más de 30 aldeas arrasadas, el ejército únicamente se ha dedicado a hacer llamadas telefónicas. Se intuye que manejan dos posibles estrategias ante esta peluda amenaza: esperar a que el gorila se canse y se vaya por donde ha venido o dejar que lo destruya absolutamente todo para que así después no haya nada que salvar. Elijan la que elijan ahorrarán una gran cantidad de recursos, eso seguro.

Clichés monstruosos

Luego ya la historia deriva en una sucesión de interminables clichés de monstruos gigantescos y gorileros de entre los cuales se puede destacar:

– Monstruo derribando torres de Alta Tensión.

– Campesino que se da de narices con una misteriosa huella gigantesca.

– Espectadores del monstruo que se sienten obligados a señalar con la mano al resto de los pueblerinos do se halla este.

– Monstruo transportando rubia.

– Helicópteros al ataque a una altura donde el gorila puede arrearles manotazos.

– Golpes en el pecho en plan machito después de derribar helicópteros. Bueno exactamente no es eso, es más en plan Bárcenas.

Animado se aprecia aún mejor:

– Jovencita escondida en una cueva, mientras un bicho intenta sacarla con una gigantesca mano (o zarpa, o lengua, o similares…).

– Muchedumbres de chinorris a la carrera que despistados…

… al doblar una esquina se dan de narices con las patas del monstruo y otras cosas que cuelgan algo más arriba. Algo genético en los coreanos les hace corren en la dirección del monstruo del que huyen.

– Gorilón destruyendo la ciudad en búsqueda de la rubia.

– Gorila cotilleando por las ventanas y jodiendo el fornicio a una pareja.

 Interminable metraje de maniobras militares con vehículos acorazados y soldados yanquis saludando a cámara.

– Aunque llegando a las escenas de acción los soldados norteamericanos se convierten en orientales y los tanques en juguetitos plasticosos de a perra gorda.

– Monstruo asiático extrañamente inmune a la mayoría de las armas modernas, y que mientras recibe tiros parece que es la reencarnación de Travolta en Saturday Night Fever.

Detengámonos aquí porque merece la pena resaltar este momento con un glorioso vídeo. Decidido con entusiasmo a realizar la interpretación más ridícula de la historia del cine, el señor disfrazado de gorila, aprovechando que no se le ve la cara, se pone a agitar los brazos cual cenutrio empastillado, con desopilante resultado.

– Reclutones chinorris con fusil de cerrojo, que disparan hasta tres tiros seguidos sin pestañear.

– Como buena película cutre rodada en el primitivo 3D, disparan directamente al espectador, le tiran rocas que cuelgan de cables, flechas incendiarias, anacondas coreanas, cañonazos, barriles de gasolina y otros. Todo pensado para hacer pupa al pobre vidente.

Gracias a Cinecutre.com descubrimos que en Turquía las rocas explotaban. Pues bien, en Corea las piedras flotan… y también explotan cuando impactan. 

– Por supuesto el gorilón la espicha y la rubia se lamenta. El novio, que es poco experto en dar pésames por fallecimiento de simios gargantuescos, suelta: Es que este es un mundo muy chiquito para un bicho tan enorme”. Y se queda tan fresco.

Recapitulemos:

¿Y cómo se queda uno tras ver algo como esto? Pues si has sobrevivido a la lluvia de objetos que te intentan tirar encima, bastante maltrecho física y sicológicamente. La historia es un batiburrillo sin pies ni cabeza. Los actores sueltan parrafadas delirantemente ridículas, para ponerse al segundo a pegar alaridos y correr como gallinas descabezadas. Las maquetas y cacharritos son tan cutrongas que no las aceptaría ni el chino de un poblado gitano. Y lo peor el monstruo, que no para de aparecer en pantalla, ridículo, barato y cutre hasta decir basta, y el que va dentro no para de hacer el gilipollas ni un segundo.

Más que un exploit, parece la versión coreana suecada de King Kong. No será lo peor que haya visto en mi vida, pero si una de las que más vergüenza ajena me ha producido contemplándola. Y esto os lo dice un especialista en mierdas.



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Yulifero