Review

Título original: Holmes and Watson: Madrid Days

País: España

Duración:  Relativa

Qué fácil es criticar a Garci. A pesar de su contrastada sabiduría cinematográfica y su probado talento, diversas cuestiones como su patológico estancamiento en el pasado, su empeño en rodar películas que sólo interesan a los abuelos y, sobre todo, su simpatía con la derecha, le convierten en un blanco fácil de críticas y exabruptos varios, incluso por parte de muchos individuos que ni siquiera han saboreado sus “flins”.

Pero vista “Holmes and Watson: Madrid Days”, y ya opinando, por tanto, con conocimiento de causa, resulta que no es fácil criticar a este cineasta. Simplemente, es INEVITABLE. Su último filme, al contrario de lo que podría esperarse dada su trayectoria, no es un infumable ladrillo; es una viga de hormigón armado que te golpea con virulencia hasta el desmayo. Uno ha de morderse la lengua hasta descuartizársela si no quiere rendirse en insultos y palabrotas hacia los responsables de este feto cinematográfico.

Aunque no creo sorprender a nadie, ya que el célebre trailer nos puso en alerta. Quién no se ha horrorizado ante ese avance de dos minutos que causó sensación; sensación de nauseas y de tripa suelta en todo el largo y ancho de la red.  No hacía falta saber las amistades del caballero, ni tener el más mínimo conocimiento de cine, para poner a Garci a caldo (hirviendo a 500º) y ser consciente del tsunami de aguas fecales que se nos venía encima. Aquello apestaba aún más que las bragas usadas de una indigente yonki de Valdemingómez.

Se mascaba la tragedia; qué digo, se mascaba la mierda y se te pegaba en el paladar y metía entre los dientes. Recordemos nuevamente uno de los momentos más esperpénticos y sórdidos de la historia del cine español; el primer trailer de “Holmes and Watson: Madrid Days”.

No es oro todo lo que reluce, pero lo que atufa a mierda, mierda es y será

No es justo juzgar una película por un desafortunado trailer donde apenas vemos un ¿1%? de su metraje, pero hay casos excepcionales que se escapan a la norma. Casos como los del selecto club formado por “Kibris: La ley del equilibrio“, “El caballero del antifaz” y su miembro más reciente, el que no ahora nos ocupa.

Así pues, a la innecesaria pregunta “¿está Madrid Days a la altura de su trailer y de las expectativas levantadas?”, yo respondo que sí, por supuesto; es todo lo que esperábais. Descubramos por qué… Y poneros el chubasquero que va a llover mierda a chorretones.

DE JUERGA POR MADRID

Supuestamente, como muchos ya sabréis, el filme narra las pesquisas de Sherlock Holmes en torno a los crímenes cometidos por Jack el destripador, en una investigación que le lleva… ¡¡a Madrid!!

Digo supuestamente porque la película, a pesar de su alucinógena sinopsis, va de cualquier cosa, repito, cualquier cosa, menos de la investigación de unos asesinatos, por los que el guión pasa no de puntillas, sino directamente volando a 800 metros de altura.

Y es que a Garci, todo el rollo de Jack el Destripador y sus crímenes se la sopla a dos carrillos. La delirante premisa es una excusa barata, de bisutería de mercadillo, para situar a Holmes en la ciudad favorita del director, y hacerle descubrir sus rincones, su comida, su bebida y codearle con personajes célebres de la época, algo que a Garci le debe hacer mucha ilusión, pero que a nosotros nos importa tres granos de arroz, y más del modo en que está narrado, ya que la película es un desvarío que aturde, confunde y no lleva a ninguna parte.

-Oye, que a mí lo de resolver el caso me importa una puta mierda; ¿cómo decías que se llamaba la calle esa tan interesante a la que me ibas a llevar? -Montera 

De hecho, que al director se la repamplinfa la investigación, queda patente desde el comienzo de la trama, cuando Holmes afirma que hay que ir a Madrid a encontrar a Jack porque… lo ha visto en “un sueño”. Y punto. ¡Con dos cojones! Hay que ponerle en Madrid a toda costa, sea como sea, y esto fue lo primero y más sencillo que se les ocurrió. Quizá me perdí alguna explicación en el desenlace que diera sentido a esta excusa de mierda, pero a esas alturas de la película ya me había hecho nueve tours completos por el reino de Morfeo y no estaba en condiciones de prestar mucha atención.

Más que llevar a cabo una investigación, lo que hacen Sherlock y Watson, perdón, “Guonson” a partir de ahora, es pegarse la juerga padre por las calles madrileñas, yendo de cóctel en cóctel, como si la pista para la resolución del caso la fueran a encontrar en el fondo del vaso de vino. Menudas vacaciones se marcan en un filme que, de haber sido honestos, deberían haber titulado Harold y Kumar “Holmes & Watson: De farra por Madrid”.

“Ya verás Guonson, esto del InterRail es la juerga padre”

Y si atendemos a la escena inicial, donde la recurrente Irene Adler le dice al protagonista que en los próximos días actuará en Madrid, entonces entendemos que lo del sueño premonitorio es un invento, un pretexto para ir a Madrid a follar y a beber. Incluso uno llega a pensar que los asesinatos podría haberlos cometido el propio Holmes, y que así tenga una excusa para el jolgorio y el desparrame.

“Sherlock, invéntate algo, que la semana que viene estoy en Madrid y necesito compañía”

De este modo, a partir de una alocada pero jugosa premisa (Jack matando por Madrid y Holmes investigándolo; cierto atractivo hay), el director prefiere entretenerse con cosas más llamativas como el protagonista comiendo cocido, bebiendo aguardiente o los devaneos amorosos del doctor “Guonson”, en lugar de contarnos algo mínimamente interesante.

Así, Garci pierde el norte, el sur, el este y el oeste, yéndose por las ramas, qué digo, por las lianas, de árbol en árbol, cual Tarzán desorientado y a tope de anís, en un guión  que provoca estupefacción y bostezos a partes iguales.

Tened por seguro que el filme habría sido una guía turística por el Madrid de finales del XIX, pero como no había pasta para filmar eso, tuvieron que limitarse a la gastronomía…

…Y al Palacio de Cristal de El Retiro, que era lo único que podían mostrar sin que se notara el paso del tiempo.

Y si no había dinero para recrear el Madrid de hace dos siglos, tampoco lo había para mostrar un viaje de Londres a Madrid. Lo del recurso del mapa está muy sobado y Garci no quiere que le comparen con algo tan moderno y progre como Indiana Jones (por ejemplo), así es que, cuatro fotos, un par de dibujos y arreando; viaje al canto. El que no hace cine es porque no le sale de las narices.

 

LA LENGUA COMÚN

Y si el ex-presentador de “Qué grande es el cine” no pierde el tiempo con los motivos que llevan a Holmes a Madrid, menos va a perderlo con la cuestión idiomática. Así pues, el Holmes de Garci y su compañero “Guonson” hablan español en su casa, a la hora de comer y en la intimidad (los hay que hablan catalán), de una forma más impecable que la de muchos madrileños. Que aquí hemos venido a ver cómo Sherlock se toma unas copas con Albéniz o Galdós y no vamos a permitir que la lengua inglesa nos joda la broma.

“Recuerdo una canción de Reincidentes que dice así…”

Por tanto, las escenas en Soria Londres y las desarrolladas en Madrid, todas ellas están rodadas en perfecto castellano de Burgos. Hasta aquí todo bien, es algo que se acepta sin problemas, si eso va a agilizar el desarrollo de los acontecimientos.

Pero cuando ya estamos convencidos de que todos los personajes hablan Esperanto o una suerte de Lengua Común de “El Señor de los Anillos”, que les permite comunicarse sin problemas vengan de dónde vengan, entonces nos cuelan con calzador un diálogo en inglés entre Holmes y un periodista español, en uno de los instantes más vergonzosos y carentes de lógica de todo el largometraje.

Se trata de la única charla en lengua inglesa de toda la película, la cual descoloca por completo al auditorio (en su casa Holmes habla en español y en Madrid lo hace en inglés… oiga señora, ¿y eso de la coherencia qué es?) y que en realidad es una estratagema chapucera del guionista para que el detective ponga en marcha su capacidad de deducción, advirtiendo que, gracias a su elevado nivel de inglés, el periodista es de buena familia.

¡Ay el calzador! Juega un papel tan importante en esta película, que en los títulos de crédito debería figurar el encargado de manejarlo. Muchas cosas ocurren porque sí, y la mitad de las escenas y varios diálogos están encajados a presión con un martillo pilón, en una película de lo más artificial, teatral e impostada; donde todo es tan natural como una gominola de 5 céntimos.

 

Una herramienta en los rodajes tan importante como la cámara o la pértiga del micrófono

“EL TIEMPO ES RELATIVO”

La sabiduría popular reza que el cine de Garci es lento. Eso es una sucia mentira o, por lo menos, una verdad a medias. Y es que, durante las más de dos horas que dura la “intrépida” “Holmes and Watson: Madrid Days”, el tiempo directamente se congela. Se va a tomar por culo por el desagüe. La sala se convierte en una cámara de estasis, dejas de existir en este plano de la realidad y te fundes con el espacio-tiempo cual Doctor Manhattan.

Los segundos se vuelven interminables, y poco a poco te vas anquilosando y fosilizando en la butaca, perdiendo la esperanza de salir algún día del cine.

Ahora ya sé lo que sintió Lister cuando la cagó y le metieron en la cámara aquella…

Es tan jodidamente lenta que en lugar de ir hacia delante, parece discurrir hacia atrás y uno llega a temblar ante la posibilidad de que el filme vuelva a comenzar en cualquier instante, y que siempre queden 2 horas y 20 minutos de metraje, en un bucle infinito.

Ojalá fuera soporífera, como cuentan por ahí. Pero “Holmes & Watson: Madrid Days” es anestésica. Se rumorea que a partir de ahora la pondrán en los hospitales antes de las operaciones para así ahorrar en fármacos. No es un duermeculos, te deja el culo en coma.

“He notado cómo el paciente se movía, ¿¿quién coño ha parado la película??”

No hay progreso alguno en esta cinta de ritmo cadavérico, cuyo responsable, por cierto, sólo conoce el fundido, ya sea a negro o con otro plano, para enlazar una secuencia con otra. Veamoslo.

Garci:- “La cortinilla de estrellas no la pusimos porque me olvidé bajar el paquete de aplicaciones extra del Adobe Premiere”

Y no es que Garci se olvide del público para hacer la película que le da la gana; no. Es que directamente detesta al espectador, vuelca su odio iracundo contra él, pidiéndole a gritos que abandone la sala, con una película concebida para que no la vea absolutamente nadie.

Todo es tan lánguido y adormilante, que es imposible seguir la trama con un mínimo de atención, y pasadas dos horas de metraje, uno sigue sin saber de qué coño va la película. Es entonces cuando, a 20 minutos del desenlace, Garci deja de incrustarnos su “sabiduría” sobre Madrid y recuerda de repente que está rodando una película de Sherlock Holmes y no una dramatización para el Canal Historia. Así llega la abracadabrante resolución, cuando la casi totalidad del público ha huido, se ha volado la tapa de los sesos o, simplemente, se ha volatilizado sin dejar restos.

“ELEMENTAL, MI QUERIDO GUONSON”

El Sherlock Holmes interpretado por Gary Piquer no es insulto a la memoria de Conan Doyle o del personaje, la afrenta va más allá. Es un escupitajo al oficio de detective en general, a través de un personaje que no investiga ni deduce nada, se limita a decir chorradas cuando le viene en gana y a tener sueños y visiones que le permiten seguir adelante con el caso. Su famoso método deductivo deslumbra por su ausencia.

Si os preguntáis si en alguna escena se droga, como el personaje literario (algo que sólo se mencionaba en uno de los libros, a pesar de lo que ha trascendido), pues no, no necesita meterse cocaína, porque el Holmes de Garci ya va drogado de serie.

Así, en todas las escenas parece un autista que se halla fuera de la realidad, con la mente en el Planeta Welby y que interrumpe a sus compañeros con frases e ideas supuestamente profundas y trascendentales, pero que poco o nada tienen que ver con la trama. Es especialmente hilarante el momento en que, en medio de un cocido, presiente que en el futuro “no habrá gatos policía, pero sí perros”, soltando esta perla como si hubiera descubierto una gran verdad universal.

Y el calzador entra de nuevo en acción para meternos una “sutil” defensa del toreo por parte de Holmes y Watson, algo que no podía faltar:

Entre tanta adivinación gilipollesca (predice la creación del psicoanálisis, las dos guerras mundiales y alguna cosa más) y tan poca investigación, uno se pregunta si en lugar de detective debería haberse dedicado a tarotista en alguna tele local de mala muerte. Más que a Sherlock Holmes, parece interpretar a Nostradamus o, mejor dicho, a Sandro Rey. Así cualquiera resuelve un caso…

 “En el futuro harán unas películas de mierda que te cagas, ya lo verás, querido Guonson”

Luego está el tema del inglés. Cada vez que dice alguna palabra en dicha lengua, ya sea un nombre anglosajón o un lugar, parece buscar la carcajada del espectador, con una pronunciación que más que a Inglaterra (o Escocia, como dicen por ahí), recuerda a José María Carrascal. Y eso que se supone que Gary Piquer nació por allá (recordemos que hasta participó en el programa “That´s English!” en La 2)…

“Que sí que sé inglés coño, si aprendí con este magnífico libro de Gomaespumminglish”

Su pronunciación es tan forzada y aberrante, que cuando nombra a su fiel compañero, uno ya no sabe si se refiere al Doctor Watson o al Guasón de la serie sesentera de Batman.

En cuanto al Doctor Guonson, José Luis García Pérez, como es de esperar realiza una interpretación digna, pero su personaje se va a la mierda sin billete de vuelta, cuando protagoniza sonrojantes secuencias de amor con su esposa, a la que escribe postales en las que no tiene otra cosa más memorable que contarle que “En Madrid he descubierto las porras”. Y lo primero que hace tras reencontrarse con ella, es llevarle los ingredientes necesarios y pedirle que le haga un cocido, que es lo único que parece haber sacado en claro tras su infructuosa investigación por Madrid. El olor a rancio de esta película y su pestazo a naftalina deberían provocar más de un síncope.

“Porras y cocido te voy a dar yo a ti, Guasón…”

No me olvido de Gallardón, cuya escena (¡con frase incluida!) sólo aporta más risotadas al conjunto, con esa barba tan falsa que parece pegada a lametones, en una de las pocas secuencias que captan la atención del espectador, quien no aparta la mirada de la pantalla rezando en sus adentros porque dicha barba se le caiga de la cara.

“En realidad no interpreto a Albéniz, sino al Melchor de la cabalgata”

¿QUIÉN DIJO FASCISTA?

Terminada “Madrid Days”, uno flirtea con la idea de que Garci no es un vetusto filofacha como dicen por ahí, sino que en realidad se ríe de sí mismo y de todos, y al final es más progre que el mismísimo León de Aranoa. La presencia en el reparto de todo el freakdom femenino nacional (Macarena Gómez de “Sexy Killer”, Leticia Dolera de “Rec 3”, Manuela Velasco de “Rec”) apunta hacia esta posibilidad y la resolución del filme despeja todas las dudas posibles.

“Tras lo de Gallardón, en algún momento me planteé el cameo de Ana Botella como una de los prostitutas asesinadas, pero iba a ser muy evidente”

Comienzan los SPOILERS. Llegado el desenlace, resulta que el tal Jack el destripador no existe, no hay un villano palpable. Todo es un montaje orquestado por las clases altas y los poderosos, para, más o menos, fomentar en zonas desfavorecidas el progreso o, dicho de otro modo, la especulación urbanística. “El mal es el motor de nuestro tiempo”, que decía Holmes en el trailer. En cierto modo, Garci nos acaba colando ¡una película sobre el 15-M!, como bien señaló Paco Fox de Vicisitud y Sordidez durante la proyección, a la que asistimos en conjunción y armonía alrededor de 30 personas, en una quedada para el recuerdo. FIN DE LOS SPOILERS. Un desenlace similar al de “El Crack 2”, pero 30 años después y bastante peor desarrollado.

Otro punto que refuerza esta teoría, es que Garci no ha dudado en convertir a Gallardón en el hazmerreír de toda España…

“¡¡Os la he metido doblada, fachas de mierda!!”

Ideologías  a parte y defensas de los toros a un lado, esta película es una experiencia sadomasoquista en toda regla, una agonía interminable ante la que sólo hay dos opciones; sumirte en el coma profundo o descolocarte la mandíbula a carcajadas.

El buen acabado visual no salva de la quema lo que supone otro hito más del cine español, que será recordado en los siglos venideros, junto a incunables como “El Capitán Trueno” o “El secreto de los 24 escalones”.

Para terminar, os dejo con una selección de montajes que mejoran el famoso trailer:



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