Review

Título original: The House at the End of the Street

País: E.E..U.U.

Duración 101’

No es un secreto que Jennifer Lawrence es perfecta en todos los sentidos y a todos los niveles. Con una carrera consagrada a los 23 añitos con un Oscar, una galería del tamaño del pabellón mayor del Louvre abarrotada de premios y estatuillas, y una jodida saga literaria rompe taquillas que la hace una superestrella entre las quinceañeras ex-crepusculonas en busca de mejores modelos a seguir, cualquiera pensaría que la actriz del momento es totalmente inmune a la mierda y que lo “peor” que nos puede ofrecer es la citada adaptación literaria, ese Battle Royale PG-13, coñazo, hortera y mal filmado que en conjunto tampoco es para levantarse a dedicarle (muchos) improperios a sus realizadores.

Johnny Depp hace un cameo en la nueva película.

Pues resulta que antes de arrasar en Hollywood, en ese periodo post-primera nominación al Oscar donde los productores la miraban con interés pero tampoco la ponían a destacar, ya había firmado un contrato para protagonizar el simulacro de cine de terror que hoy nos ocupa. Sin embargo, contra todo pronóstico, donde cualquier otra actriz encontraría la muerte de su carrera, Jen sale airosa al ser el único miembro del reparto (y de la producción……. y de la audiencia) en tomarse en serio este subproducto.

…eso y salir en camiseta de tirantes y embarrada de mierda hasta las orejas. Responsabilidad y un buen par de……cualidades interpretativas son los requisitos indispensables para ganar un Oscar.

J-Law  (nombre que la infra-prensa le ha puesto por eso de que es más cool llamar a los famosetes con algún apodo monguer) debe interpretar a una adorable chica indie que toca la guitarra con una extraña aversión a cerrarse la camisa, que se muda al típico mini-pueblo de paletos con su insufrible, sobreprotectora y recién divorciada madre. Ene este pueblo se hará amiga y posteriormente se dejará manosear por esta monada:

Ryan Jacobson, su adorable vecino emo de barba mal afeitada y con un tristísimo pasado que lo convierte en el osito de peluche mojabraguer tipo.

Y con él empezamos éste repaso a todos los clichés habidos y por haber en el cine de terror.

El canto de Jennifer Lawrence es tan sublime que los productores de éste timo contrataron a una cantante más normal para que doblar la escena y que no desentone con la pútrida calidad del film.

Al principio de la película se supone que Ryan es el único superviviente de la masacre de su familia; pues resulta que una tétrica y ultra-tópica noche de tormenta, su hermana se vuelve loca y mata a sus padres. Mientras tanto, en la sala de montaje, el director de la película, el director de fotografía, los montadores, tal vez hasta los guardias de seguridad, el cuidador del edificio con su fiel perro y la mismísima J-Law con el cari-simio de su novio, todos con más alcohol y sustancias que sangre en el cuerpo (excepto J-Law, J-LAW ES UNA SEÑORITA) juguetean con las librerías del After Effects y compiten para ver quién le puede poner el filtro más chorra a la escenita de “terror”. El resultado es un esperpento de destellos, ralentizaciones, estruendos, fast-forwards, desenfoques, ecos y un sinfín de gilipolleces dignas de uno de los infra- films de David DeCoteau.


“Después de matar a sus padres, la chica se ensaño con Piolín, el pollo mascota de la familia”

Como verán, desde el comienzo uno ya puede catar la hediondez de la película. Tristemente esto se reduce a la nadería argumental absoluta que se traduciría en el tedio y posteriormente en un episodio de histeria homicida si Jen no nos deleitara paseando las domingas con una conmovedora interpretación.

Cuatro años después, la hermosa J-Law y su madre se mudan a una casa en el campo. Mientras la pobre señora saca sola el equipaje del auto, la hijaputa desconsiderada de su hija se sienta en el parabrisas a tocar la guitarra y ver el paisaje (pero le perdonamos porque es Jennifer Lawrence) en un intento desesperado del director porque te mole, te identifiques con la jovialidad de la protagonista y en última instancia que te importe lo que le va a pasar, fracasando y haciendo el ridículo en el intento.

“Director.- Bueno Jen, ponte esa camisa a cuadros (no te la cierres, OJO), toma la guitarra y haz como que tocas que necesitamos una imagen nice para venderle la peli a la sarta de pajeros que tienes por fans masculinos. Sí, a esos que hasta “les gusta” The Hunger Games y todo”

La señora sigue desempacando mientras a su servicial hija le da por ir a pajarear al bosquecillo, lugar donde previamente vieron la casa donde la chica mató a Don Pollo al principio de la película.

En cuestión de segundos el bosque ya se parece muy casualmente a los que salen en de The Hunger Games, todo  darky y cool. Por cierto, la única función de esta secuencia es la de meter el típico y predecible golpe de sonido ocasionado por…. pájaros volando. Vamos, que no vamos a poder dormir esta noche de tanto terror.

“¿De verdad me van a dar premios hasta por actuar en esta mierda?”

Al día siguiente conocemos al anti-Ryan, si aquel era el típico joven sufrido y adorable, Tyler es un desecho social que no tardará en invitar a J-Law a la reunión del típico club de alivio familiar y caridad donde es voluntario; y con “grupo de alivio familiar” me refiero al botellón de instituto donde todos los niñatos acabarán como mínimo vomitándose unos a otros.

J-Law (sobria y responsable) huye cuando Tyler, más borracho que el tipo del vídeo de los Arctic Monkeys, intenta aprovecharse de ella. Ya saben que no hay peor ofensa para un cani que una chica ejerza su derecho a la voluntad y le deje con el pajarito al aire por lo que planeará su venganza.

De camino a casa (sola, de noche, a punto de llover) se encuentra con el buen Ryan que le ofrece un aventón. Ella (que no es subnormal como el 90% de las protagonistas de este tipo de pelis) le rechaza amablemente aunque luego se ve obligada a aceptar en cuanto empieza a llover.

Ryan, al ser un personaje heterosexual, estará obligado por motivos de coherencia con la realidad a mínimamente intentar ligar con Jennifer Lawrence; sólo que decide ser un poco más sutil que el hamijo Tyler y adopta el perfil de alma torturada por la muerte de sus padres que todavía escucha cassettes y escribe historias…. ¿hace falta que diga a qué tribu urbana de gentuza hiper-hostiable me recuerda?

¿Qué quieres decir con que el nuevo disco de Arcade Fire es una mierda?

Esto no impedirá que J-Law empiece a babear por el muchacho; tan tierno, sufrido y cute… hasta le graba un CD y le visita en casa donde Ryan aprovechará para narrarle su triste historia (padres yonkis, accidente traumático ¿quién da más?) culminado todo en folleteo… o así sería si LA HERMANA LOCA DE RYAN NO ESCAPARA DEL SÓTANO DONDE ESTABA ENCERRADA TODOS ESTOS AÑOS.

 “Fue my fácil trabajar con Jen, ella es encantadora y muy talentosa, siempre andaba bromeando. Lo malo es que la polla ya no me cabía en los pantalones”

Ryan se lanza a cazar a su hermana como a un animal con tan mala suerte que al alcanzarla y forcejear, LA MATA INTENTÁNDOLE TAPAR LA BOCA

(L0 q PASAH Es Q RAYaN n0 tenIA 0TrA 0PcI0N PoR q SU HeRManA Se CarGArIA eL MUndoH eNTeR0h uNgA uNGa……

Como el matar al único familiar que te queda en el mundo y quedarte completamente solo no es algo por lo que hacer tanto escándalo, al día siguiente Ryan va a la presentación de la banda de Jen donde Tyler intentará impresionarla con el punto 1.5.1 del manual de ligue cani: destrozar el auto de Ryan y darle una paliza con sus amiguitos bullys (¿qué mujer no caerá a sus pies ante semejante demostración de hombría? Seguramente las fans de cierta saga ya deben estar haciendo el Team Tyler).

Tristemente para los salvajes, Ryan logra defenderse de Tyler rompiéndole un pie y escapando a los bosques; J-Law supone que escapa a su casa y le persigue llegando primero a la casa abandonada, lo que viene genial para las típicas escenas de suspense en camiseta de tirantes.

El equivalente hetero a todos los topless lobuno-depilados de la saga Twilight

Cuando termines de fapearte notarás que J-Law ha estado haciendo el ganso por 10 minutos en la casa, encontrando cajas de compresas vacías, dibujos cutres, documentos de mujeres aleatorias Y A LA JODIDA HERMANA DE RYAN; pues resulta que al caballero se le fue la olla hace años y desde entonces se encarga de secuestrar chicas a las que disfraza de su hermana trágicamente fallecida.

Como todas las mujeres del mundo palidecen ante Jennifer Lawrence, Ryan decide que ella será su nueva hermana/mascota por lo que tira por el retrete a la anterior. Y justo cuando está por hacerle ¿cochinadas incestuales? ¿darle de comer y ponerle el típico vestido? llega el siempre inoportuno policía a investigar.

Y como esto es una antología de clichés mil veces vistos, el cateto de las fuerzas del orden no tardará en confirmar sus sospechas y procederá a capturar a Ryan SOLO, sin pedir refuerzos ante un obvio 207 a.k.a “SECUESTRO”. Lógicamente terminará sus días apuñalado en el sótano.

“¿Porqué me matas?  ¡Sólo soy un cutre-secundario!”

Más tarde le pasaría lo mismo a la madre de J-Law, que aunque no lo comenté antes, es la típica doña controladora que no deja ni cagar a su hija sin que le avise antes. Y pues con una sonrisa por el significativo deceso de personajes estúpidos e insufribles, vemos a J-Law librarse de sus ataduras y hacerse con la linterna y el arma del policía.

Ryan, que es todo un Genius, decide recitar eso de “¿Piensas que la oscuridad es tu aliada?…” apagando las luces antes de ATACARLA FRONTALMENTE y ser acribillado por el ser humano más hermoso que jamás ha sujetado un arma de fuego.

La falta de escenas interesantes es tan alarmante, que para promocionar la película han tenido que subir un clip del punto álgido de la película a YouTube.

El remate de esta payasada llega cuando J-Law, en vez de atender a su madre herida y/o escapar, se acerca muy cuidadosamente al cadáver del tipo al que le metió 3 balazos como si este fuera Jason Voorhees y fuera a despertar en cualquier momento… cosa que por supuesto SUCEDE. Por suerte la madre de J-Law decide revivir y salva a su hija con un oportuno martillazo a la cabeza del impresentable.

Y ni así se muere; de hecho, no tiene ni un tajito en la cara. Ser emo y hipstah te otorga la invencibilidad absoluta.

No demandaré un elemento fantástico en la historia pero joder… “La Casa al Final de la Calle” me suena a film paranormal de espíritus encabronados con los ocupantes subnormales que seguro querrán dejar bien documentados los fenómenos para dejar en coma onírico a quien vea las grabaciones… ejem…. o al menos a la cutronga y ridícula polémica ópera prima del tal Wes Craven.

Una peli de terror que además cuenta con un auténtico milagro mariano como es la presencia de Jennifer Lawrence (actuando muy bien, dejándose el alma en su personaje; nada de trabajar desganada, recibir el cheque y escapar del set como de un incendio) y que aun así es una sosería descomunal, un triste pseudo-thriller PG-13 sin cojones, o a lo mucho la historia del psycho killer más pedorro del cine.

Nada de gore, ni siquiera un simple “fuck” en todo el metraje, cuatro golpes de sonido contados como único recurso para dar miedo al espectador, y con la buenorra de Jen como lo más cercano a un despelote sin venir a cuento (lo que al menos provocaría gracia). La verdad es que la única aspiración de esta película sería ser a Jennifer Lawrence lo que es Batman & Robin a George Clooney; pero a estas alturas no la debe recordar ni su director.

Tal vez J-Law si es inmune a la mierda después de todo.



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Kusomaru