Review

Título original: “Sûpâ robotto Maha Baronu”

País: Taiwan/Japón

Duración: 84?

Siempre se ha dicho que los chinos son unos copiadores del copón. Yo no soy quien vaya a refutar dicha afirmación, y lo cierto es que los señores orientales han hecho méritos más que suficientes para ganarse esta fama, sólo tenéis que dar un paseo por Costreando.com. Pero también es cierto que en lo relativo a caradurismo en España tampoco nos quedamos cortos. Recordemos grandes ejemplos como Roldán, Urdangarín, Cachuli… y por supuesto, cinematográficamente, no podemos olvidar cómo las distribuidoras cinematográficas patrias nos la intentaron colar con secuelas falsas del palo de Psicosis 2, Tiburón 3, Phantasma 2… Y ya rizando el rizo, comprando una película taiwanesa y encasquetándole el título Mazinger Z: el robot de las estrellas.

Mazinger Z: el horror de las estrellas

Porque así es amigos, “Mazinger Z: el robot de las estrellas” no es más que una tercermundista producción taiwanesa que nos trataron de endosar como la película definitiva de la exitosa serie de animación, cuando no tenía absolutamente nada que ver con la creación de Go Nagai. De por sí, dejando a Mazinger a un lado, la cinta que nos ocupa es todo un hito de la tacañería oriental y el mejor ejemplo de cómo NO rodar una película.

Para empezar los productores de tan paupérrimo filme decidieron gastarse lo menos posible (y se nota), e invirtiendo lo que encontraron en la hucha cerdito de sus propios hijos, decidieron que lo mejor era comprar celuloide al peso a una productora de televisión japonesa (que me parece a mí que nada tendría que envidiar al canal Almería) de una serie de robots gigantes luchadores. Pero menudo metraje, lleno de rayados de tanto pasarlo por la tele nipona, que más que comprarlo parece que lo rescataron del cubo de la basura.

He visto pornos del plus más claras… ¡Y sin descodificar!

Únicamente tuvieron que añadir unas pocas escenas de transición entre lucha y lucha de robots. Y para no desentonar con la calidad del material comprado, añadieron más material rayado, algunos planos repetidos, saltos de eje, ausencia de fotogramas, planos totalmente desenfocados; en fin, todo con la inigualable marca de calidad Made in Taiwan.

Mazinger Z el robot de las estrellas, toda una experiencia visual gracias a la tecnología Súper Rompetechos-visión

Esta película nos descubre el paraíso escondido de Taiwan: los descampados. Como pollos en explotaciones intensivas, los taiwaneses están hasta los cojones de la ciudad y por ello, cuando van al cine les gusta ver campo abierto y no recordar el oprimente ambiente urbano. Así, cumpliendo una función social, todas las escenas de exteriores, incluidas las secuencias de lucha de robots gigantes, están ambientadas en horrendos descampados perdidos de la mano de dios, lo que supone un soplo de aire fresco para el oficinista medio taiwanés.

Cada vez que un personaje sale de un edificio aparece en un descampado, cuando alguien tiene la necesidad de dar un paseo lo hace por un descampado, los malos utilizan los descampados para poner sus emboscadas e incluso los robots gigantes resuelven sus diferencias en enormes descampados. Serán robots gigantes pero son cívicos y no van a liarla en las ciudades como sus congéneres japoneses, que se pasan el día jodiendo al japonés de a pie.

El turismo hacia los descampados de Taiwan se disparó un 300% tras el estreno del filme

Finalmente, viene la distribuidora española, que con toda su cara dura, o la muy nacional picaresca, compra los derechos de distribución de la película por tres pesetas y le encasqueta el título de Mazinger Z (¡Ole sus cojones!). Obviamente, la trama de esta película, es un decir, se asemeja ligeramente a la de Mazinger Z la serie, que lo petó tanto en España que hasta le dedicaron una estatua gigante en Tarragona. Aunque como podemos comprobar en la contraportada del vídeo VHS, el pobre becario al que le tocó escribir la sinopsis  no lo tenía muy claro:

Madre mía qué diarrera mental. Me recuerda a esas redacciones que me mandaban en el colegio y en las que no tenía ni idea de qué poner; al final cuatro ideas básicas escritas de la manera más rimbombante posible, que así emplean más palabras.

Total, que un villano de pintas chungas venido de no-sé-dónde, y al que con todo el morro de Goofy bautizan como Doctor Infierno, quiere conquistar la Tierra a base de enviar robots gigantes a someter y destruir nuestros… descampados y solares. Las ciudades que se las queden otros. Si es que existen, porque con tanto descampado, carretera comarcal y ni una sola urbe a la vista en 80 minutos de metraje, el espectador llega a pensar que la humanidad como tal se ha extinguido y que el Dr Infierno ya se salió con la suya desde antes de comenzar la película.

Truños fuera

Vamos con los protagonistas, cuatro coreanos melenudos que más un equipo de justicieros parecen la versión asiática no licenciada de Los Chichos, vestidos por el sastre daltónico del payaso de Micolor. A ellos les acompaña una china más fea que un pie con hongos, y todos juntos se encargarán de defender los tres matojos que quedan en pie en nuestro planeta.

Esto sí que es un Gipsy Danger y no lo de Pacific Rim…

Tiny es el sosísimo protagonista de esta película y quien conduce a Mazinger Z. Es tan anodino y destaca tan poco que se confunde con sus supuestos ayudantes, a los que cualquiera identificaría como sus dobles en escenas de riesgo, de no ser porque comparten varios planos juntos.

Actor: “¡A mí me contrataron porque coincidí con el director en la sala de espera del dentista!” Director: “¡Por dios, que esto es una cinta familiar, esconde esos dientes podridos!”

Luego tenemos al professor Lu, que a parte de dedicarse a la industria agroalimentaria, ha creado a Mazinger Z, él solito y con un par. Está interpretado por un chino de veinte años al que le han puesto bigotón, un peinado pasado de moda y un más que rancio traje de su abuelo que atufa a naftalina, creando un poderoso efecto de vergüenza ajena en la audiencia, excepto en su madre, que cree que está monísimo con esas pintas.

Distinguido professor de día…

… actor porno de noche.

En sus ratos libres, además de fabricar robotejos de 40 metros de altura, el Profesor Lu también tunea coches, con curiosos resultados que son la envidia de los hermanos Wachowski.

Escenas como esta hicieron que los distribuidores españoles se plantearan el reestreno del filme rebautizándolo como “Meteoro: el bólido de las estrellas”. Si coló una vez…

Pero en un equipo de defensa de la Tierra no puede faltar una chica; en este caso seguramente estamos hablando de Miss Cara-Carísima 1980. Me cuesta creer que no pudieran engañar convencer a una china un poco más guapa, aunque seguramente el casting de esta película se basara en contratar a indigentes a cambio de un plato de sopa caliente.

“En la escuela me llamaban “Dori cara-pie” pero mirad hasta dónde he llegado. ¿Quién se ríe ahora? ¿Quién?”

De los dos miembros restantes, habría que destacar al “chino de titanio”. Conocido así porque, tras explotar su submarino monoplaza en el fondo del mar, descubrimos que sólo se ha roto un brazo. Y ahí no queda la cosa, porque cinco minutos después, se quita la venda alegando que ya se le ha pasado y se pone a pilotar un caza. Y digo yo, si este individuo es claramente indestructible ¿por qué no mandan a este tío directamente a pelo a combatir contra los ingenios del Doctor Infierno y se dejan de tanto robotito y tanto cachivache?

Pero antes de seguir, detengámonos en el desconcertante aparato a través del cual nuestros protagonistas reciben en su base los mensajes de socorro: un ¿ángel de porcelana? colgado de la pared y con una bombilla verde en la cabeza. ¿Pero qué clase de perturbado mental es el responsable?

“Los ángeles me protegen. Y dios. Y la virgen”

Completa el bando de los buenos un policía con bigotón (pero este de verdad) y el sombrero-sirena del Inspector Gadget, que tiene una motocicleta de la que se despliega un globo aerostático que sirve… bueno no sirve de prácticamente nada. De hecho me pregunto qué necesidad hay de tener a un policía destinado a patrullar los distintos descampados taiwaneses. ¿Servicio de protección al tesoro nacional? ¿Política de conservación del descampado?

“¡Por favor, dispérsense y no produjcan altercadoh, y si se producen tendremoh que intervenir!”

Esta eminencia en su campo, cerca del final del filme y tras haber sufrido 50 emboscadas en el mismo descampado a manos de los secuaces del Dr Infierno, propondrá con entusiasmo investigar dicho lugar, con el fin de hallar pistas que les lleven al paradero de los malos. ¡¡¡Pero qué perspicacia!!!! Jamás se me habría ocurrido inspeccionar esa zona; yo habría empezado por, no sé, el salón de mi casa, por ejemplo. Es en ese momento del filme cuando uno comprende por qué destinaron a este pobre gañán a patrullar páramos desolados.

Pero en estas películas los humanos están de adorno (y más si son chinos) y por ello vamos a centrarnos en lo que de verdad interesa, el robot.

Fabricado con una “super aleación” de un “mineral desconocido” (desconocido en Oriente, ya que en mi pueblo lo conocen como “plasticazo”), el Mazinger colorao también lanza sus puños (aquí acaba todo parecido con el robot original), dispara por las tetas, echa rayos de la muerte (que matar no es que maten mucho) y, cada vez que tira misiles, gira la cabeza a lo loco sobre su propio eje, más o menos como Linda Blair y con vomitona incluida, pero por parte del sufrido espectador.

A pesar de suponer la diferencia entre una victoria y una derrota, su fabricante, el profesor Lu, hará todo lo posible por no sacarlo del hangar, alegando que se trata de un “instrumento de defensa”. Es decir, que a menos que les ataquen, el robot no sale jamás de la base, no sea que se le raye la chapa. Todo sea por poner las cosas difíciles gratuitamente, que sino la película se acabaría antes de sentarte en la butaca. Por no hablar de que dicho engendro mecánico sólo sabe pilotarlo una única persona en todo el mundo y si esta persona muere, pues nos queda la posibilidad de usar el robot como una bonita estatua. Lo dicho, todo sea por poner las cosas fáciles. A los malos, supongo.

Y por si no quedó claro que el Mazinger colorao es nuestro salvador, nos cuelan unas “leves” referencias mesiánicas, que ríete tú de Nolan y Snyder.

Angelitos de porcelana, crucifixiones… ¿seguro que esto es Mazinger o Ratzinger Z?  

 

Las fuerzas del mal

Del lado del mal tenemos al terrible Doctor Infierno quien, entre que le revientan los planes de conquista de la Tierra, se deja todo el salario en laca y es el conejillo de indias del esquizofrénico de su peluquero, no nos extraña que esté en cabreo perpetuo. Lástima que su ingenio no dé para más que inventarse extraños nombres que otorgar a sus más bien simples planes: la triple estrategia (no es más que secuestrar al hermanito de la chica), entre otros. Con lo sencillo que sería enviar todos los robots a la vez contra Mazinger en lugar de mandarlos de uno en uno.

Y la misma inventiva de la que hace gala para bautizar sus planes, la emplea para sus robots. Así, si un robot ataca lanzando “ruedas voladoras” (sí, yo también me pregunto qué clase de arma es esa y si tiene alguna utilidad), pues le llamamos “Ruedas Voladoras”. Si lanzara qué sé yo, escupitajos (más efectivos que lanzar ruedas voladoras, seguro), pues ya sabéis cómo se llamaría. Para qué romperse la cabeza…

Volviendo al tema del peinado, las fechorías del Doctor Infierno no acaban ahí, ya que salta a la vista de que es el cabrón responsable del agujero de la capa de ozono, por el uso indiscriminado de aerosoles, que le llevaron a agotar las reservas de laca de Taiwan.

“Mire señor estilista, como súper genio del mal tengo una imagen que cuidar y los años no pasan en balde, había pensado en un baño de color caoba para rejuvenecer mi grácil rostro. “

“He dicho color CAOBA, no rosa chicle ¿Se puede saber en qué mierda de instituto de la imagen estudió usted?”

“Hombre esto ya es otra cosa. Con este look de punkie de los años setenta ya puedo ir a conquistar el mundo…” “¡Señor ya hemos ejecutado al estilista!” “Perfecto, nadie debe saber que contratamos al único estilista daltónico o seriamos el hazmerreir de los villanos…”

Los guardaespaldas de acero son los pobres pringados que al final tienen que ejecutar los desvaríos del senil Doctor Infierno, que no sale de su cómoda poltrona ni con agua caliente. Además son expertos en preparar trampas y emboscadas en… sí, escampados. Es que la ciudad es muy complicada para estos extraterrestres, mejor esperar en un cómodo y predecible escampado que ya pasará alguien para ser secuestrado. Lo de que tengan que vestir de jugadores de rugby no sé si es política de la empresa o para, intentar, pasar desapercibidos… porque, efectivamente, los equipos de rugby taiwaneses entrenan en patatales descampados.

Y además en Taiwan los partidos de rugby se juegan en coches, fusionando este deporte con los destruction derby.

Como todos los villanos relacionados con el Dr Infierno, optan por usar las armas más inverosímiles e ineficaces del mercado, en este caso balones de rugby explosivos, que se empeñan en lanzar a patadas, no acertando ni uno sólo de los tiros. Afortunadamente a mitad de película optarán por unas más útiles pistolas.

“Cuerdas fuera, muerte a Mazinger”

Y para acabar con los villanos, cómo olvidarnos del temible robot final, que someterá a nuestro héroe a la mayor de las humillaciones, crucificándole y “descargando” su rayo mortal sobre él. Aunque más que descargando, podríamos decir directamente “eyaculando” su ataque sobre Mazinger. Mirad:

“¡De aquí a Putalocura y me forro!”

Así está mejor.

Siguiendo la lógica del Dr Infierno ¿a este robot que lanza chorros blancos y viscosos cómo le bautizaron? ¿”Lefas voladoras”?

La película es harto cíclica; al Doctor Infierno le pica la almorrana y está de un humor de demonios y decide intentar conquistar nuestro planeta, una vez más. El equipo de defensa de la Tierra lo ve y se lía la de Dios. Todo va por su cauce, hasta que de repente la cinta te hace un quiebro de cintura que ni Ronaldinho y se convierte, durante no más de 5 minutos, en una película carcelaria con todos sus topicazos. Así, el profesor Lu es capturado por el Doctor Infierno y enviado a la prisión de la Cueva del Murciélago, donde el pobre bigoton es condenado a trabajos forzosos, víctima de los sádicos guardias y donde todos sus intentos de fuga son frustrados. Sólo la solidaridad entre reclusos lo mantiene de una pieza.

Evidentemente esto dura poquito porque llegan los buenos, ametralladora en ristre y se dedican a masacrar a todos los jugadores de rugby que encuentran. Esto me lleva a una reflexión, porque cuando empieza la película a estos desgraciados, que son el último mono del imperio del mal, los buenos se limitan a darles una paliza y a reírse de ellos cuando ponen pies en polvorosa. Una hora más tarde los ametrallan sin piedad… ¿Si la película llega a durar dos horas más habríamos terminado teniendo vivisecciones de estos pobres diablos? Posiblemente.

Por no hablar de los valores educativos de la película: nada como fumarse un buen purete en el hospital para liberar tensiones

Al final la película termina, los buenos vencen, los malos son aniquilados sin piedad y el espectador está estupefacto en su butaca preguntándose por qué cojones Mazinger Z lleva las iniciales MB en su cintura y dónde cojones está Afrodita A.

Peores frases y diálogos

Mención destacada merecen los diálogos de esta película, que nos regala innumerables perlas. Estas son algunas:

“¡Ahora el Dr Infierno ataca hasta a los niños!”, exclama uno de los protagonistas, ante la escalada de maldad que experimenta el enlacado villano.

-Los aviones empleados por Infierno son invencibles porque, según el profesor Lu “tienen una gran fuerza magnética”, frase que se empeñan en repetir constantemente por si no ha quedado claro.

“¡No puedes atacar el barco! ¡Esta lleno de mujeres! ¡Y de niños!” grita desesperado el pasajero de un barco a un robot malvado de 40 metros, como si éste fuera achantarse. Por supuesto sus súplicas se la traen al fresco y el autómata aniquila a todos sin piedad.

-Los protagonistas encuentran un barco hundido en profundidades casi abisales y lamentan que “no hay supervivientes”.

En resumen

Seamos sinceros, la película, pese a durar hora y poco, se hace pesadita e incluso durilla hasta para un enfermo del Kaiju Eiga como el que suscribe estas líneas. Eso sí, descampados como los de esta película en España no se ven



About the Author

Seagal