Review

Título original: Don’t go in the woods

País: USA

Duración: 82′

NOTA PREVIA: Este artículo ha sido escrito entre Seagal y Oso

Cuando uno quiere dirigir una película sin tener experiencia previa o ni puta idea del asunto, existen varios subgéneros que suponen ir a tiro seguro. Subgéneros que cuentan con una plétora de voraces fans muy poco exigentes y cuya filmación no exige altos presupuestos ni muchos medios. Hoy en día, un buen ejemplo sería el porno gay llamado Found Footage, ya que para rodar una cinta de este tipo sólo se necesita una cámara, un par de colegas, muy poca vergüenza y una casa/almacén abandonado. Pero antes de la llegada de ese formato tan barato, ya existía otro donde cualquier gañán podía (y aún puede) triunfar por inepto que fuese: hablamos del “slasher“, esas películas de asesinos en serie que hacen carnicerías con adolescentes alocados y calenturientos. Bastaba con meter mucha sangre… y éxito asegurado.

Sin embargo, como ya he dicho, ir a tiro hecho no implica que tu película sea buena; es más, la mayoría de los slashers de bajo presupuesto son una nulidad y un coñazo insufrible. Lo podéis comprobar con cualquiera de los ejemplos que tenemos en la web: La central, School Killer, No abrir hasta Navidad, etc. Pero de vez en cuando aparece un producto que, de tan cutre y chapucero acaba rompiendo la apatía reinante y se corona en el podio de la ridiculez y la mediocridad. Como reza el dicho, en el país de los slasher de serie Z, el tuerto no es el rey, sino que el trono lo ocupa el ciego cojo tartamudo y gilipollas profundo, o lo que es lo mismo, “No vayas al bosque… sola”, posiblemente el más delirante y torpe exponente de este subgénero en la década de los 80. Y, por ello mismo, uno de los ejemplos más memorables y todo un título a reivindicar.

NO VAYAS AL BOSQUE SOLA… LLÉVATE ESTA PELI CONTIGO Y HAZ UNA HOGUERA CON ELLA, POR FAVOR

Como pudieron comprobar los sufridos espectadores de la Cutre Con 2, “No vayas al bosque… sola” no es otro slasher clónico del montón, sino que directamente domina dicho montón, pero empezando por abajo y a 800 metros bajo tierra… Su desquiciante banda sonora, su montaje a machetazos y su narrativa cuasi epiléptica, convierten el visionado de esta bazofia en una experiencia extrasensorial que no puede definirse con palabras, pero sí con muchos gruñidos, quejidos y largos estertores. Una experiencia tan sumamente lacerante y atroz que, durante los minutos finales, creerás estar viendo un túnel con una luz blanca al final. Y querrás correr hacia ella.

Algunos asistentes de la Cutre Con poco fogueados en estas lindes no pudieron resisitir lo que se les vino encima… Nuestros máximos respetos para los caídos

La película trata sobre una panda de domingueros anormales que se hacen a la naturaleza y acaban siendo masacrados sin piedad por una especie de mendigo campestre. Todo comienza con una serie de asesinatos aleatorios de campistas despistados, muy despistados, ya que nunca son capaces de ver a un maníaco homicida que siempre les ataca de frente. Ah un momento… el asesino… ¡Está fuera de plano! ¡Claro! ¡Por eso nunca lo ven!

-“Según el mapa, más allá de este prado podremos ver un pinar frondoso y al fondo unas montañas nevadas” -“Pues yo no veo nada más allá de medio metro” -“Espera que al director le dé la gana de abrir un poco más el plano y lo tendrás delante de tus narices”

Luego tenemos a nuestros cuatro protagonistas, unos adolescentes en una épica aventura donde cruzan colinas, saltan arbustos, acampan y tratan de divertir al espectador, fracasando miserablemente. Pero no todo es correr y saltar, de vez en cuando vamos recibiendo cápsulas de sabiduría campestre por parte del David Crockett del grupo, como por ejemplo:

“Hay que distinguir a los animales rabiosos. Los animales rabiosos son aquellos que tienen un comportamiento antinatural”.

¡Bravo! ¡Maravilloso! ¿Comportamiento antinatural? Cuando se te echen encima a degüello y te mastiquen las tripas… ¿será eso un comportamiento antinatural o es así como tienden a joder a los campistas las alimañas del bosque? El Último Superviviente aprendió todo lo que sabe viendo esta película.

Avanza la cinta y somos firmes testigos de las emocionantes y variopintas actividades que se pueden llevar a cabo en el campo, como son:  andar, dormir en el suelo… y ya. Así todo el rato. Porno de acampar, que dirían algunos.

NO VAYAS AL BOSQUE SOLA… NI EN GRUPO, NI CON TUS PADRES NI EN COCHE…

40 minutos de andar y acampar pueden ocasionar la defunción cerebral del espectador, así que el director acude en nuestro rescate insertando  sin ton ni son algunas de las muertes más estúpidas y gratuitas de la historia del cine, que son las que convierten a esta película en algo memorable. Que el título del filme no os lleve a engaño, aquí no se discrimina por sexo, raza o religión. Y tampoco ir en grupo es garantía de nada, ya que el asesino tanto le da matarles a ellos que a ellas, a solas, en parejas, en tríos o grupos; ni chicos ni chicas, ni niños, ni delgados, ni gordos, ni minusválidos, ni animales, ni plantas u objetos inanimados… Nada ni nadie tiene asegurada la supervivencia en esta película. En especial me llaman la atención varios momentos concretos. Uno de ellos, la muerte de Dale y su mujer:

Pero a dónde coño va a hacer fotos ¿al Himalaya? ¿O es que directamente busca despeñarse para no aguantar al coñazo de su esposa? Aunque viendo sus horteras pintas con esa camisa hawaiana, más de uno le daría las gracias al asesino por acabar con ese atentado estético…

Por no hablar del incomprensible montaje, que da lugar a escenas que no sabes si son un flashback, un flashforward, todo a la vez o una chapuza donde se les mezclaron unos planos con otros y ya no sabían dónde iba cada cosa… Como muestra, el siguiente vídeo:

Y las interpretaciones, cómo no, están a la altura del betún… pero del betún de David el Gnomo. Mirad con qué impresionantes muecas de terror nos deleita uno de los protagonistas.

 

Luego está la trallera y psicodélica banda sonora, compuesta por un oligofrénico tocando un sintetizador. O más bien dándole una paliza, ya que el sujeto en cuestión se ensaña a hostia limpia con todas las teclas a la vez, esforzándose en todo momento en descuartizar los tímpanos del espectador.

EL BRAZO ROLLIZO DE LA LEY

Claro que la masacre no pasa inadvertida y las fuerzas del orden se ponen en marcha, lideradas por el sheriff local, todo un portento de poderío físico…

Lo que es un auténtico portento es ese cinturón, capaz de aguantar las brutales embestidas de su barriga… 

En vez de oposiciones a policía, se ve que allá por Utah organizan tómbolas. El muy ceporro del sheriff es todo un profesional comprometido con su trabajo, y, por ello mismo, pondrá en marcha un método infalible para cazar al asesino: esperar pacientemente a que la cifra de muertos sobrepase la decena y luego ponerse a investigar. Claro, con tanto muerto, entiendo que el asesino habrá dejado muchas pistas y así será más fácil localizarle… ¿no?

Así las cosas, nuestro defensor de la ley y el orden se llevará una patrulla al campo a investigar… O más bien se los llevará de picnic, porque eso es exactamente lo que parece que hacen esta pandilla de vagos, yendo de un lado para otro sin ninguna lógica y esperando un helicóptero que nunca llega, mientras se entretienen cada dos por tres a admirar el paisaje. Una trepidante investigación, sin duda alguna.

Por cierto que el sheriff nos regala otra de las grandes frases del filme, una profunda reflexión con la que me siento plenamente identificado y que suelta justo en el momento en que le comunican que la cifra de muertos ya es inaceptable:

“Ese maldito bosque… ¿por qué se empeñará la gente en ir allí?”

Di que sí joder… ¿Para qué ir al bosque pudiendo ir a la hamburguesería o a la bolera? El campo es para las plantas y los animales, joder.

“¿Como que en este bosque no hay un PUTO Burguer King? ¿Pero qué clase de estafa es ésta?

En otro instante para el recuerdo, el sheriff detiene su coche porque ha visto “algo” sospechoso, instante que aprovecha el director para meternos un susto de esos de cajón, cuando el policía es casi arrollado por… ¡una patinadora! ¿Una patinadora en medio del bosque? Claro que sí joder, ¿qué mejor sitio para hacer rodar unos patines que una superficie llena de rastrojos y de piedras? Pero vamos a ver… ¿En qué realidad paralela se desarrolla esta película? ¿De dónde sale esta mujer y a dónde va? ¿Y por qué no sufre una muerte gratuita como mandan los cánones?

 

Ya va siendo hora de hablar del asesino, interpretado por lo que parece un auténtico mendigo al que debieron pagar en cartones de Don Simón. Una mezcla entre vagabundo y hombre de Neanderthal, que padece un claro síndrome de Diógenes, sólo que en vez de amontonar pilas y pilas de basura, acumula cadáveres. Y como ese bosque está más transitado que la M30 en hora punta, pues lo tiene fácil para desarrollar su bonita afición. Por cierto que este Radagast homicida es un experto en el arte del engaño, como podemos ver en este vídeo…

Sin duda es un bosque muy peligroso, ya que los árboles parece que, en vez de madera, sean de titanio reforzado. Sólo así se explica que, en manos de nuestro mendigo favorito, cualquier palo, incluso lanzado con desgana, corte más que un cuchillo Ginsu. 

Finalmente, el asesino morirá tras recibir del orden de 50 a 100 puñaladas, en una truculenta secuencia donde dos de los jóvenes protagonistas se ensañarán con el cuerpo del viejo. Y una vez más, el sheriff y sus compinches volverán a hacer gala de su gran profesionalidad, exclamando un tranquilo “bien, parece que esto está resuelto”, justo después de encontrarse  a los dos chavales masacrando el cadáver. Ni detención, ni preguntas ni hostias, que hay que llegar a casa pronto y cenar. El sheriff felicita a los chavales, les da una manta para que no cojan frío y se despide de ellos como si tal cosa. Y el cuerpo del asesino ahí se queda, que como abono para las plantas viene de puta madre.

 

NO VAYAS AL BOSQUE… EN SILLA DE RUEDAS

Y cuando creías que lo habías visto todo en esta vida, llega el sobradamente perturbado del director (un tal James Bryan, curtido en exploitations de toda clase) y mete esto en mitad del metraje (ahora viene uno de esos momentos que te hacen recordar por qué merece la pena perder tantísimo tiempo visionando películas cutres):

Ah, los minusvalidos, qué graciosos, ¿eh? Con sus muletitas y sus sillas de ruedas, proporcionando tantas carcajadas en sus patéticos intentos por llevar una vida normal… Pues sí, entre tanta cuchillada y muerte gratuita, a los responsables de esta película no se les ocurrió mejor alivio cómico que el mofarse de un pobre paralítico cayéndose de su silla de ruedas cada dos por tres, todo ello acompañado de una música digna de Benny Hill.

Pero vamos a ver… ¿Se puede tener menor catadura moral? POR SUPUESTO. Y es que el director logra superarse a sí mismo finiquitando la escena de la siguiente manera:

Ah, el humor con minúsvalidos… Sólo superado por los chistes de negros y de maricones

Pero vamos a ver, ¿todo esto a cuento de qué ha venido? ¿Y qué coño hace este impedido en mitad del bosque? Supongo que lo mismo que una patinadora… Lo peor de todo es que el inválido aparece porque sí, no tiene relación alguna con la trama, no sabemos quién es ni de dónde ha salido…. Pero… qué más da… nos ha hecho reír, y eso es lo que cuenta, ¿no?

EN RESUMEN

Coge a seis o siete colegas que no hayan actuado jamás, una cámara de vídeo, un puñado de calderilla, un guión escrito a boli en la palma de la mano (si se borra con el sudor, da igual, tú sigue filmando), convence a un mendigo a cambio de un brick de vino, vete a un bosque cualquiera, ponte a grabar y, voilá, obtendrás una película con un acabado cinematográfico que poco o nada tendrá que envidiar a este slasher primigenio.

“En fin chicos hasta la próxima. Y recordad, si vais al bosque, mucho cuidado con los animales que tienen comportamiento antinatural: tales como osos que lleven la corbata torcida o zarigüeyas que tomen el café con vinagre.”



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Seagal