Review

Título Original: Precious: Based on the Novel ‘Push’ by Sapphire

País: Estados Unidos

Duración: 110 minutos

Agradecédmelo mamones, porque una vez más os voy a dar la oportunidad de  mofaros y descojonaros sin la necesidad de sufrir la película entera, y es que en mi vida serán contadas las ocasiones (y ahora mismo no me viene a la cabeza ninguna) en que he tenido ocasión de presenciar un esperpento semejante.

 

Precious es un trozo de mierda tan inabarcable y oscuro como su protagonista, y una oda al mal gusto, a la gratuidad y a la absoluta prostitución de la tragedia humana, en pro del aplauso de un público pretendidamente imbécil y crédulo. Vamos que se nos mea en la cara diciéndonos “vas a llorar con mi peli, y si no lo haces es que eres un nazi“. Pues sí que lloré, sí… de risa, y os puedo asegurar que si hay un nazi aquí es el director de esta puta basura. A las pruebas me remito.

 

 

HORRENDOUS

 

Precious cuenta la “historia”, o más bien la miserable existencia cotidiana de Clarice Precious Jones, a quien podría describir con multitud de chistes buenísimos, que mearíais sangre de la risa, pero por una vez me voy a callar, y dejaré que alguien más sabio, elocuente y carismático que yo tome la palabra:

 

 

 

 

 

 

Y por si hiciera falta ilustrar tan gráfica descripción, a continuación os pongo una foto de Precious…o mejor os pongo 4:

 

 

 

 

Es que en una sola no cabía.

 

La creación de la Madre Naturaleza (una mala tarde la tiene cualquiera, incluso Ella) que acabáis de contemplar es el ser más desgraciado que ha parido bestia terrestre, una auténtica traga-marrones, pobre, analfabeta, ahostiada e insultada por su madre y violada por su padre (lo cual nos muestran en una especie de Flashback/visión videoclipera de 10 segundos de duración insertada de forma absolutamente lamentable), que además de darle una hija subnormal a la que llama MONGO,  le contagia el SIDA; y todo eso con sólo 16 años. Durante toda la película lo único que vemos es el intento de levantar cabeza de esta persona, y su estrepitoso fracaso. Esto no es un drama de superación, es un drama de destrucción y recreación en la desgracia. Como veis, los niños de Chernobyl ganarían autoestima por enteros si les pusieran Precious una vez por semana a la hora de la merienda.

 

Una película con este planteamiento debería, como mínimo, hacernos sentir incómodos, tristes, mal. A las personas sensibles debería hacerles llorar y eso… pero lo único que consiguió es que me partiera el culo de risa como un gañán, desde el primer minuto. En cuanto aparece en escena la diplodocus del flequillo haciendo retumbar el suelo, a la que para mayor escarnio en el doblaje español ponen voz de subnormal, no puedes parar de reir con las estrambóticas situaciones que se van sucediendo y con las gilipolleces que perpetra el inepto Lee Daniels; con sus imbéciles zooms adelante y atrás que parecen la vista subjetiva de una mamada, sus secuencias musicales a ritmo de “lo que me sale a mí del culo” en los momentos más nefastos, y sus mil experimentos ridículos para hacerse el original (todo esto lo detallaré más tarde).

 

A los cinco minutos de película ya estás deseando que la foca de los cojones sea atropellada por un coche, o le amputen los pies a causa de la gangrena, o que se queme la cara con aceite mientras cocina uno de los grasientos potajes que engulle constantemente (atención, OBLIGADA POR SU MADRE). Pero no lo deseas con ira, o indignación, sino con expectación, anhelando que la película te dé motivos para descojonarte aún más.

 

 

Aquí, por ejemplo, estaba deseando que al levantarse tuviera la cara untada en mierda de perro…

 

 

Supongo que leyendo lo anterior os habréis ido enfureciendo, ideando infinidad de nuevos insultos contra mi persona (y esto también me lo vais a agradecer, que seguro que en los últimos minutos habréis enriquecido más vuestro léxico que en 10 años de escuela, mamones); pensando que estoy recochineándome vilmente de cosas que harían llorar al Doctor Mengele, y a estas alturas ya os estaréis preguntando donde guardo mi carnet del Ku Klux Klan (yo os lo digo, junto a mi foto dedicada de Hitler y a mis fanzines de Blood & Honour). Pero noooo, ¡no habéis entendido nada! ¡Si yo no me burlo! ¡Sólo intento transmitiros lo que Lee Daniels quería expresar con su película! Y es que Precious nació para hacernos reir a todos con sus descacharrantes patochadas, porque ella es una reina del humor:

 

 

 

Y no digamos ya su encantadora madre (Mo’Nique, acumulando puntos a velocidad de vértigo para ganarse un artículo en nuestra sección de estrellas), que en dos minutos y medio de película llega a decir más palabrotas que en Pulp Fiction y Abierto hasta el Amanecer juntas, como podéis disfrutar en el siguiente vídeo, que además incluye una bonita sorpresa al final.

 

 

 

 

Eso es rematar una secuencia joder, ni Florentino Fernández hubiera exibido mejor las lorzas en mallas y los sobacos peludos. Luego tenemos gloriosos momentos de humor, como cuando la madre le lanza una botella de cerveza a la cabeza A CÁMARA LENTA, o cuando le propina un sartenazo y Precious lo esquiva agachando la cabeza a lo Tortuga Ninja. Como veis, Precious y Mo‘Nique son el duo cómico afroamericano del momento.

 

 

 

Pero el festival del humor sólo acaba de empezar. A Precious la expulsan del colegio debido a que está embarazada de su segundo hijo (el primer embarazo se ve que no cuenta, es de regalo) y tiene que ir a una “escuela alternativa” llena de inmigrantas, madres adolescentes, delincuentes juveniles y demás perlas de la comunidad hispano-nigger; todas ellas aspirantes a Mo´Nique en lo de batir el record mundial de palabrotas por minuto.

 

El nombre de este corral de desechos sociales es “cada uno enseña a uno” lo cual es estúpido e incomprensible, porque lo único que hacen en esta escuela es escribir sin parar a las órdenes de una profesora sexy, joven, culta y lesbiana, llamada (agarraos a la silla) Blue Rain; interpretada por esa especie de clon de Halle Berry con ojeras, llamado Paula Patton.

 

 

Cuando Precious entra en su nueva escuela es envuelta por una luz celestial, porque ha encontrado la salvación… ¿Donde está el váter?, que vomito, joder…

 

Este estereotipado personaje pretende ser un ejemplo de lo guays y lo cools que son las lesbianas y por extensión toda la comunidad homosexual, tal y como nos narra la propia Precious en una escena en la que es invitada a casa de la profe, y allí presencia cómo le come los morros a su novia. A continuación las partes más jugosas del vergonzante monólogo en off, amenizado por mis chispeantes comentarios entre paréntesis:

 

 

(Léase con voz de subnormal) “¡Oh dios mío…Dos auténticas lesbianas!” […]  “Hablan como en los canales de televisión que no veo (¿?), pero me alegro de que Abdul esté aquí escuchándolas… porque son inteligentes. No pillo nada de lo que dicen (señal inequívoca de que son inteligentes jajajaja). Mamá dice que los homosexuales son mala gente, pero mamá, los homosexuales no me violaron ni te hicieron a ti así, los homosexuales no me dejaron todos esos años en esa escuela sin que aprendiera nada, ni son los que venden crack a la gente de Harlem (no, por supuesto, los vendedores de crack son todos heteros, y los funcionarios del ministerio de educación también, está científicamente probado, en esos gremios no aceptan gays). Me pregunto qué diría Oprah (la productora ejecutiva del filme, además del dios de los niggers. Sin comentarios) de esto. La señorita Rain (coged aire que llega el remate final) me puso la tiza en la mano. Me hizo la reina del abecedario”.

 

Esto viene a ser sólo una pequeña muestra de los bochornosos diálogos que el guionista pone en boca de la protagonista, con el único fin de dejar claro lo paleta y desgraciada que es. Si os habéis quedado con ganas de más tenéis una recopilación de frases y diálogos vergonzantes aquí.

 

Bueno, sigamos. Cuando mis costillas ya me suplicaban, “¡no por favor, más carcajadas no, que nos rompemos!” aparece… ¡Mariah!

 

 

 “No os riáis hijos de puta, que tengo una enfermedad…”

 

Recién salida de alcohólicos anónimos (o más bien en el descanso a mitad de sesión), y con su super pelucón robado del camerino de una de las Chanclettes, Mariah Carey interpreta a una asistente social blanca que llora a lágrima viva cuando Precious le cuenta sus penas, a diferencia de la asistente social negra que la visita todos los meses, y que como es negra no se entera de nada y permite que la inmundicia y la mugre sigan reinando en su vida.

 

El clímax final de la película es una reunión entre madre, hija y asistenta en el despacho de esta última, en la que Mo´Nique se marca su monólogo “de Oscar” y le cuenta a la asistenta lo que ya hemos oído antes, que ahostia a su hija porque tiene celos de que su marido se folle más a Precious que a ella. Con la asistenta al borde del soponcio, Precious se levanta, le dice a Mariah que ha sacado un resultado pésimo en el test de aptitud para ingresar en el instituto y que ella le gusta pero que esto le supera, que no puede ayudarla. Después le espeta a su madre que no la volverá a ver nunca más y se larga, cargando con su hija MONGO y su hijo Abdul, calle abajo sonriente y seropositiva, absolutamente feliz de ser un deshecho humano abocado a la condenación y a la miseria. Sube la música y aparecen los créditos. Chapeau Lee Daniels, te has lucido macho.

 

 

“Venid hijitos, ya veréis lo bien que nos lo vamos a pasar viviendo debajo de un puente…”

 

 

 

FESTIVAL DE SUBNORMALADAS

 

 

No se vayan todavía, aún hay más. Hasta ahora me he centrado principalmente en los aspectos más mugrientos del guión y del argumento (la totalidad de los mismos, básicamente), pero antes he mencionado brevemente también las imbecilidades que el director hace para acabar de convertir la película en una especie de circo de freaks humorístico y musical. A continuación os hablo de ello en profundidad (o sea, rebozando para encontrar el punto más húmedo). Vamos por partes:

 

 

 

¡Zoom, zoom, zoooooom!

 

 

Vamos a ver ¿Qué cojones le pasa a este tío con los zooms?. Atentos al siguiente video:

 

 

 

 

 

 

¿Esto qué coño es? ¿Acaso es que empezaban a grabar antes de haber posicionado bien la cámara y luego se ponían a corregir el encuadre a mitad de toma? Porque encima son zooms megacutres, que parecen totalmente fortuitos, errores del cámara que toca la palanquita de zoom por equivocación, e intenta arreglarlo sin que el director se entere, dándole pa’ lante y pa’ trás mientras disimula como un vulgar robabolsos de las Ramblas de Barcelona. Debía estar acojonado pensando que Mo`Nique iba a darle de hostias a él también si se daba cuenta de la cagada.

 

 

 

Los “yuyous” de Precious

 

 

 

Para soportar la ingente cantidad de hostias que se come al día, Precious se evade de la realidad echando mano de su “desbordante imaginación”:

 

 

Una gorda y fea negra que sueña con ser una delgada y guapa BLANCA. Sé de alguien que debió cagar agüilla al ver esto…

Además, cada vez que recibe un porrazo y queda inconsciente, tiene psicodélicas visiones (¿?), en las que curiosamente se ve como ella misma, en las más molonas situaciones:

La cutrez de Photoshop de las dos fotos de abajo no es cosa mía para recochinearme, no… esas imágenes están extraídas de la película tal cual, os lo juro.

 

Si el director de este excremento echara el freno a sus ansias de hacer el ganso, aún podríamos hacer un esfuerzo y aguantar (o hacer caso omiso de) estas chorradas tan tópicas y facilonas, pero resulta que a Lee Daniels le sabía a poco un par de videoclips o tres en toda la película. No, el tenía que meter la gamba tantas veces como fuera posible hasta agotar el presupuesto, sin venir a cuento, sin el más mínimo raciocinio humano mediante.

 

Y por supuesto el director también aprovecha estas escenas para mofarse cruelmente siempre que puede. Tras estamparse de morros contra el suelo de cemento a causa del empujón del gamberro que habéis visto antes y quedar inconsciente, Precious sueña con que un simio con smoking le come la oreja lascivamente, y al despertar es un perro vagabundo el que la está untando de babas. Me parto y me mondo.

 

 

Un perfecto ejemplo de esto es la siguiente escena. Precious acaba de parir a su segundo hijo, llega a casa, le presenta el churumbel a su madre y se pone a cocinar. Entonces a la madre le entra un pronto, le tira un cuenco de vidrio a la cabeza y se pone a insultarla como es habitual. Pero esta vez Precious se rebela y empieza un feroz enfrentamiento entre gordas. Y cuando parece que estamos a punto de presenciar un auténtico choque de titanes al estilo de las pelis de Godzilla… ocurre esto:

 

 

Parece que intenten mezclar una película de Jackie Chan con El Color Púrpura. ¿Qué tenemos que hacer aquí? ¿Reir, llorar, animar a nuestra luchadora favorita o ponernos a dar palmas y a cantar alabanzas al señor?

 

En fin, creo que con todo lo expuesto queda patente que no había la mas mínima y puñetera intención de imprimir algo de seriedad y/o dignidad a la película. Las ganas de burlarse que tenía el director superan incluso a las mías. Mis más sinceras felicitaciones.

 

INSULTOS  CONSIDERACIONES FINALES

 

Bueno, para acabar de cocer a hostias a esta porquería de película, voy a darle un repaso también a la trayectória previa de Lee Daniels, un tipo al que, siendo negro, los miembros más orgullosos de la comunidad negra deben tener por poco menos que un “puto tío Tom de mierda” (no, os juro que no tengo a Spike Lee apuntándome con una pistola mientras escribo esto). Daniels fue el productor de esa basura manipuladora de Monster´s Ball, con la que Halle Berry ganó el Oscar por enseñar el vello púbico una décima de segundo (el gremio al completo de actrices porno aún está reclamando el camión trailer lleno de Oscars que le corresponde a cada una de sus integrantes), y poco después produjo El Leñador, una película en la que descaradamente todos, TODOS los personajes negros van de cabrón a hijo de puta mayor del reino (el poli acosador y chulesco, la funcionaria chivata y odiosa a muerte, el encargado del aserradero déspota) y todos los blancos en cambio son buenas personas (incluso el protagonista, que es un pedófilo, hacen que te caiga bien). Increíble, propio de las más grotescas leyendas urbanas.

 

 

“¡Me siento feliz de saber que ya no estoy sólo, gracias Lee Daniels!”

 

 

Y ahora el tío va y se supera dirigiendo este montón de detritus nauseabundo, en el que una negra gorda y analfabeta que sueña secretamente con ser BLANCA, es apaleada sistemáticamente por su familia negra y encuentra consuelo y apoyo en 1) una asistenta social blanca y 2) una profesora negra, (una “Tía Tomasa”) que curiosamente es guapa, delgada, y además lesbiana liada con otra lesbiana igual de guapa y fina que ella (lo de las camioneras no pasa en Hollywood, es una lacra de Europa, puaj). La de Shadowboxer aún no la he visto, y miedo me da, no me extrañaría que fuera una vergüenza similar. Simplemente, la carrera de este tío es de cárcel. Lo más fuerte es que el rollo de perpetrar panfleto tras panfleto le funciona la mar de bien, el cabrón va de premio en premio y tiro por que me toca y los críticos se masturban frenéticamente con su mierda, sólo tenéis que echar un vistazo a los diversos carteles de la película, algunos incluyen tal cantidad de lamidas escrotales que casi cuesta distinguir el título entre tanta alabanza ridícula (y encima la peli se llama “precious”, parece que se lama el ojete a sí misma). Así que respirad hondo chavales, que nos queda mierda para rato.

 

 

 

¡SÍ HOMBRE, SIGUE BURLÁNDOTE! ¡SABES PERFECTAMENTE QUE NO PUEDO LAMERME EL OJETE A MI MISMA!¡ESTOY DEMASIADO GORDA!



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The Watchful Eye