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Título original: Rat Pfink a Boo Boo

País: Estados Unidos

Duración: Semana y media comprimida en 67 minutejos 

Ya ha llegado el enésimo Supermán a nuestras pantallas. Para celebrarlo vamos a redescubrir hoy una legendaria película de súper héroes. ¿Es del hombre de acero? No, pero es del director con los cojones de acero. Alguna relación sí que tiene con Clark Kent, creo…

Vamos a contar un poco el trasfondo de la película. Primero dediquémonos a la figura del director Ray Dennis Steckler. La triste historia de un niño pueblerino al que a los cinco años le regalaron una camarita de filmar en 8 mm. y tras lo cual soñó en convertirse en un gran director de Hollywood.

Se cuenta que entró de meritorio en los estudios de la Universal, de donde le echaron a patadas por hacer caer una parte del decorado sobre Alfred Hitchcock. Tras lo cual su carrera se precipitó (literalmente) al cine independiente, misérrimo y casposo.

En esa época rodó truños como “Eegah” (1962), “Wild Guitar” (1962), “Rat Pfink a boo boo” (1966) o la sicotrónica “The Incredibly Strange Creatures Who Stopped Living and Became Mixed-Up Zombies” (1964), que sólo por el título ya merece estar en el panteón de los dioses de los adoradores del cine cutre. Su filosofía creativa era sencilla, en vez de gastar en ambientar una historia, lo que hacía era escribir una historia sobre lo que tenía. En otras palabras, lo que sea gratis aparecerá en la película.

Tras su primera época explosiva, como otros “grandes” directores que aparecen en esta web, ya no pudo continuar rodando sus películas de a cinco duros la tonelada y su carrera la prosiguió en el porno cutre bajo oscuros seudónimos (por ejemplo Cindy Lou Sutters) hasta que estiró la pata.

Aquí le vemos en uno de sus primeros rodajes intentando descifrar si el cacharrito que le han pasado es un fotómetro sin alas, un condón para la cámara o una boina marciana.

El caso es que no rodaba mal; como cámara tenía bastante arte. Pero sus ideas de bombero jubileta son únicas en el género. Dijo un crítico que si Hitchcock fue el rey del suspense, Steckler fue el rey del “WTF”, para los no avezados en inglés, el rey del “¿Pero qué cojones…?”

Otra historia curiosa es el mismo título de la película, “Rat Pfink a boo boo”. Se dice que los que perpetraron los créditos olvidaron poner dos letritas la “n” y la “d”, y lo que debía ser un “y” (and) se quedo en un “a”. Como no había ni un solo duro para pagar una corrección la errata se quedó donde estaba y santa paz. En slang “a boo boo” puede traducirse como “tengo pupita” o como “un ñordo”; en cualquier caso es sicotrónico. Dennis Ray Steckler niega esa historia, pero su propia película le lleva la contraria.

Y es que si es blanco y en botella…

STECKLER, EL REY DEL WTTF

Pasemos ya a los protagonistas.

Irma la Streetwalker. Con ese nombre me imagino que esta chica se dedica a la profesión más antigua del mundo. Los personajes femeninos de esta peli sólo sirven para que les asusten, les roben o ser acarreadas. Pero Irma añade algo de su cosecha al atribulado personaje, nos enseñará a bajar escaleras con el culo.

El trío de delincuentes.

Cadeno, Martillo y Torgo al betún (¿o será Caretos?). Inenarrable trío de gilipollas que se aburren miserablemente, y como no tienen otra cosa que hacer, para robar un bolso montan circos de sustos, acoso y derribo a sus desprotegidas víctimas. Cada cual usa su arma para espantar a las martirizadas damas y/o agredirlas, o en el caso del negro usa poses simiescas o su cara de cenutrio terminal.

Rat Pfink (y su identidad civil como Lonnie Lord). Siguiendo la teoría creativa de Steckler, ya que el actor principal es cantante, el personaje principal de la peli es una estrella de rock y además como el actor posee una guitarra se puede aprovechar para filmar numeritos musicales que son baratos y engordan el metraje. Por ejemplo la balada “I stand alone” (“Estoy solito, me dejaste so zorrona…”), muy apropiada cuando te acaban de secuestrar a la novia.

Cuando se transforma en súper héroe, la cosa cambia. Vestido de estulto mastuerzo desafía a bestias salvajes, maleantes y a toda la normativa de seguridad en tráfico vial.

Boo Boo (Jardinero). De día es un tímido y apacible jardinero, por la noche un cenutrio con cuernos con bombillas que aterroriza al hampa. Hay que recordarle de vez en cuando que no es inmune a las balas, por si las moscas. Su colaboración con Rat Pfink suele consistir en recibir ostiones de los malosos y mantenerles entretenidos mientras Rat apaliza a algún otro.

C.B., la novia del rockero. Luce partes de su cuerpo, la llevan de aquí para allá como si fuera un saco de patatas, pone caras de susto y la vuelven a llevar de allá para acá. No sirve para nada más. Eso sí, está lo suficientemente jamona para que hasta los gorilas se la quieran beneficiar. Se asusta muy fácilmente.

La jamona en cuestión actúa con el culo. Y es que su culo tiene más minutos en pantalla que su cara, en lo que se trata de las posaderas más expresivas que han pisado una sala de cine; sólo superadas por las nalgas de Ace Ventura.

QUE ALGUIEN LLAME A BENNY HILL, POR FAVOR

Vamos con la peli, un oscuro (pero que muy oscuro) drama sobre la delincuencia. El argumento que nos plantean se lo habría liquidado Benny Hill en 2 minutos y con muchísima más gracia, pero Ray Dennis nos lo alargará hasta unos 67 minutejos que nos van a parecer semana y media.

Primer sucedido, unos gandules aterrorizan a una chica y le roban el bolso.

La chica, que se llama Irma la paseanta, hace la calle. Y pasea y pasea en la oscura oscuridad

Se enciende un cigarrito mientras suena un ominoso jazz.

Y sigue paseando en la noche oscura.

Hasta que un primer plano oscuro de su culo nos indica que hay peligro. En esta película el primer plano del culo de una moza suele venir seguido del primer plano del paquete de un delincuente al acecho.

Y dicho y hecho.

De repente a unos cien metros, en una calle lateral, dos mascachapas empiezan a lanzar alaridos de gallina afónica y borracha y saltan y se dan a la carrera. Irma se espanta y huye de los malhechores.

Los gallináceos y saltarines tunantes.

Sigue una persecución por calles, puentes y jardines, muy larga. Y cuando todos nos esperábamos que la chica se fuera a tropezar (siempre pasa), el que se da el gran morrazo es uno de los malhechores (este Ray es un genio). Irma agarra ventaja y al cabo de mucha escapatoria se refugia en un callejón sin salida, para ocultarse de los asaltantes. Pero estos lo tenían todo planeado.

¡¡¡¡Buuuuuu!!!!

Dentro de un cubo de basura estaba escondido un tercer maleante que pega un susto de muerte a Irma. Y así la rodean y tras acosarla y aterrorizarla aún más, le roban el bolso a la mujer de moral distraída.

Uno se pregunta, ¿sabían tras una persecución kilométrica dónde se iba a refugiar Irma con antelación? ¿Si lo sabían de qué cojones sirve esconder a un miembro de la banda en un cubo de basura al fondo de un callejón sin salida? ¿No bastaría con entrar al callejón y punto? ¿Es para añadir sadismo con el susto o para tener la excusa de tener al cretino de la banda metido en un cubo de basura unas horas? No sé qué pensar.

CULOS EN PRIMER PLANO; EL TERROR ACECHA

Y vamos con la segunda aventura. Nos presentan a Lonnie Lord, una estrella del rock que ha vendido el pasado año diez millones de discos.

Una multitud de tres fans le aturullan

Un narrador nos informa que siempre lleva su guitarra lista, porque le solicitan cantar en los lugares más insospechados. El narrador se refiere al director, claro, que lo va a hacer en este preciso instante.

Sigue un numerito musical, una canción popera del amigo Lonnie que repite espasmódicamente “fun, fun, fun” y que sirve de presentación de la novia del canoro galán. Al ritmo nuestra pareja de amantes (de Teruel), hacen de todo.

Carreras de obstáculos, fútbol americano, baloncesto

Imitaciones de King Kong

El gilipollas, ya directamente

Bailar en el horizonte

Y volver a hacer el gilipollas de despedida

Pero sucede que:

Los maleantes se aburren miserablemente.

Y es que no les divierte tocarse el badajo ni pegar martillazos a las paredes. Tras aburrirse aún más deciden elegir una víctima al azar en el listín telefónico a la que robarle el bolso. Y resulta que le toca a C.B., la novia de Lonnie. Y comienza el terrible acoso.

Llamadas telefónicas anónimas que sacan a la niña de la ducha.

Un voyeur tocando el bongo con los cristales de la ventana de la salita.

Y una muy tensionante persecución con cien planos del culo de C.B.

Y como ya sabemos, esto es igual a terror.

Ya que siguen otros cien planos del escroto de Cadeno.

Pero resulta que no pasa nada. Y viene el día siguiente y ya toca otro numerito musical en casa de Lonnie. Sucede que hay una fiesta, Lonnie canta su gran éxito “Rat Fink”, muchas chicas están moviendo el esqueleto.

Algunas hasta la calavera.

Pero disfrutemos de la fiesta:

La diversión se detiene cuando un cenutrio informa a C.B. de que le llaman al teléfono.

No exagero, en el diccionario, en la definición de cenutrio sale su foto

C.B. contesta a la llamada y una voz susurrante le dice algo así como “¿Qué hay de nuevo vieja?”. La niña aterrorizada decide que está más segura en su casa sola que en medio de la fiesta rodeada de amigos y huye despavorida.

Los malos, que son realmente astutos se han anticipado a esta reacción y le esperan en el jardín de su casa. Allí, además de darle un sopapo al jardinero, secuestran a C.B. y se la llevan en volandas en una camioneta. Se van a divertir un rato antes de quitarle el bolso.

Plano que resume lo dicho

El caso es que vuelven a tocar minutos musicales de relleno, Lonnie canta su soledad a ritmo baladesco, una tonada que se lamenta por el abandono de una amorcita poco fiel. ¡Pero ángel de Dios, si ella no se ha dejado secuestrar a propósito!

Todas son unas golfantas, dudua dudua…”

Tras la roncante romanza llama a la casa uno de los secuestradores y exige a Lonnie 50 de los grandes si quiere ver a su novia otra vez de una pieza, ya que esta no llevaba el bolso encima y hay que sacar tajada a la fechoría.

SI SALE GRATIS, SE FILMA

Llegados a este momento se produce un cambio radical en la película. Ray Dennis Steckler y su equipo se aburrían miserablemente, y lo que es peor no tenían ni puñetera idea de qué final darle a este thriller criminalesco y delictivo. Como siempre, recurrió a lo que tenía a mano, dos toallas que podían servir de capas, un pasamontañas y otros elementos decorativos y decidió que la película sería a partir de entonces de otro tipo, una comedia de súper héroes.

Lonnie y el jardinero se meten en un armario ropero y de ahí salen milagrosamente:

Rat Pfink y Boo boo.

Para ambientar la transformación el tinte de la película pasa de verde a rosa, y la voz de Lonnie se transforma en algo parecido a como hablaría el oso Yogui borracho hasta las trancas. Como son los superseres más cutres jamás paridos, la cosa se ha de convertir en comedieta. ¿Y en quién se basa Steckler para crear estos personajillos tan cutrongos? Van unas pistas visuales:

Una macedonia de lo más jugosa.

Y es hora de partir donde los malosos habían pedido que dejaran el rescate…

…haciendo el gilipollas.

Luego toca seguir al maloso que había acudido a comprobar si el rescate había sido depositado. El maloso es el mameluco de Caretos, y él solito consigue quedarse atrapado en el contenedor donde estaba depositado el maletín, hasta que un buen samaritano le libera.

No sabía yo que hubiera contenedores para reciclar cenutrios.

“Hola chatín. ¿Estudias o trabajas?”

Y siguen al maloso en su vuelta a casa mientras continúan haciendo el gilipollas.

Por supuesto sigue una pelea en la guarida de los maleantes, pero sólo llevamos 44 minutos de peli, así que tocan muchos largos minutos de hacer como que se dan sopapos.

Haciendo el gebo.

Se produce la huida de dos de los mugrientos con la chica, y toca otro nuevo viaje de acá para allá de nuestros héroes en sidecar en su persecución.

¿Adivináis que hacen ahora nuestros súper héroes?

El caso es que tras una interminable persecución, alcanzan a los malos y otra emocionante pelea sigue.

Nuestros héroes reciben ostiones de los malosos hasta cansarlos y entonces acaban con ellos. Pero resultaba que un amigote de Steckler tenía unos días libres, y sucedió que ese señor, que se llama Bob Burns, tenía a mano un disfraz de gorila.

Es hora de que aparezca un nuevo personaje y secuestre a la siempre secuestrable C.B.

Y otro plano del culo de la chicuelina lleno de tensión dramática.

Veremos otra persecución, otra pelea con el gorila. Y ya por fin, alabado sea Dios, el final feliz y la niña es rescatada.

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, es el día del desfile del Gruyere en Fromage Valley (California), y Steckler mete la amoto de Rat Pfink y Boo boo por allí en medio como para hacernos creer que hacen el desfile en honor a los mierdo enmascarados. Veremos imágenes aleatorias de un desfile de quinta regional gringo, otras de nuestros héroes en el potrajoso sidecar y otras

¡Con multitudes enfervorizadas!

Un narrador nos dice que son los líderes de hoy y que ayudarán a que se formen los líderes del mañana. Defensores de los que odian la tiranía y aman la libertad en el mundo.

¡Boo Boo!

Ya pasamos al número musical de despedida. Toca otra gallinácea canción sobre parties playeros donde las chicas en bikini y los gorilas bailan.

El disfraz de gorila seguía disponible y no era cosa de desperdiciarlo

Todos bailan, sonríen, hacen surf, triunfa el amor, y con eso acaba la peli. Aunque tampoco vendría mal un último primer plano de algún culo.

Dicho y hecho.

Danzad, danzad, malditos…

FIN.



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Yulifero