Review

Título original: Samurai Cop

País: USA

Duración: 96′

NOTA PREVIA: Este artículo ha sido escrito entre Seagal y Oso

La explosión del videoclub de los ochenta provocó que cualquiera que quisiera forrarse rápidamente cogiera una cámara, recorriera los gimnasios locales en busca del nuevo Schwarzenegger y se fuera a un par de descampados a rodar. Así, prácticamente todo forzudo con inquietudes interpretativas (que no aptitudes) tuvo su oportunidad en el cine. Tal era la obsesión por encontrar al nuevo cachas de moda, que unos recurrieron al gafe de Jeff Speakman, otros al soso de David Bradley, hubo quien se vio obligado a contratar al Van Damme de baratillo y ya, rebuscando entre las sobras de las sobras del cubo de la basura (sí, esas sobras que no se atrevería a tocar ni el mendigo más famélico), algún loco extremadamente desesperado decidió hacerse con los servicios del patán de Matt Hannon, uno de los actores más lamentables que jamás han desfilado por una pantalla de cine y a quien tendréis el (dis)gusto de conocer a continuación.

EL SAMURAI MELENAS

Sobre el papel, “Samurai Cop” no tendría por qué destacar entre los millones de películas de argumento parecido: una pareja de policías de caracteres contrapuestos se enfrenta a la mafia japonesa, la yakuza. Donde decimos mafia japonesa, podríamos poner mafia rusa, italoamericana, china o de Sabadell, tanto da. Entonces, ¿qué diferencia a este filme del resto de subproductos similares?  Pues no es sólo el hecho de que esté dirigida por un multimillonario iraní (Amir Shevan) quien, según cuentan, no sabía ni papa de inglés. Hay otro elemento aún más diferenciador. Dejemos que un par de imágenes voceen por sí solas…

Este Lorenzo Lamas de bazar chino, cara aplastada, gesto estreñido y melenaza de señora recién salida de la peluquería, es ni más ni menos que el actor protagonista, quien, dispuesto a ganarse al público desde el primer minuto, hace su primera aparición mostrando este look arrebatador:

¿Melenudo llevando una gorra o una gorra llevando a un melenudo?

Con tanto calvo y rapado en el cine de acción, los responsables de “Samurai Cop” debieron pensar que contratando a este individuo marcarían la diferencia y se anotarían un gol. Y lo hicieron. Pero en propia puerta, por la escuadra y en el minuto 93. Resulta imposible tomarse en serio como héroe a este melenudo de raya a un lado que mata cientos de chinos sin despeinarse; y esto no es la clásica expresión, es una realidad, ya que, incluso encontrándose en mitad de una pelea o de una persecución, su pelo siempre está perfecto o incluso mejor peinado que en el plano anterior.

El sujeto en cuestión se llama Matt Hannon. No sabemos exactamente de debajo de qué contenedor o peluquería del barrio lo sacaron, pero sí que antes había actuado en otra película llamada “American Revenge” y que, previamente… ¡Había ejercido como carpintero en “The Blob” y en “El terror llama a su puerta”!

Y eso sin contar su experiencia como animador de fiestas de cumpleaños de menopaúsicas salidas señoras creciditas…

Hay actores a los que la cámara les adora. A otros, dicho aparato se la tiene jurada y los mataría a machetazos si pudiera. Es el caso de nuestro héroe, que en la mayoría de fotogramas sale así de favorecido, luciendo toda clase de muecas propias de un troglodita pasado de ácido:

Por no hablar de sus poses  cada vez que coge una pistola. Y es que, de tanto apretar los dientes, más que disparar balas, parece que va a disparar zurullos por el recto.

“¡Gññññññññ! ¡aguanta Lassie, no saques el hocico justo ahora que estoy disparando!”

El gañán éste se supone que es samurai. Sí, a finales del siglo XX y sin ser sirviente de nadie. Pero ya sabéis, la historia de la humanidad importa tres huevos cuando tienes un título cojonudo entre manos como es “Samurai Cop”.  Y si hubo quien se creyó lo de Tom Cruise, ¿por qué no íbamos a hacer lo mismo con Matt? Y para que no haya dudas al respecto de que nuestro héroe es un genuino samurai, el fabuloso guionista salpica los diálogos de pequeñas y sutiles pinceladas, dejando bien claros sus vastos conocimientos sobre la materia en conversaciones como la siguiente:

Compañero negro: -¿Una katana? ¿Qué es eso?

Samurai Cop:- Se trata de una espada japonesa.

Claro que sí. Lo dicho, todo un experto y un samurai con todas las letras. La conversación continuaba con el protagonista explicando que “el karate es un arte marcial japonés”, pero eliminaron esta parte del montaje, no fuera que el exceso de información pulverizara las meninges de los espectadores.

Como buen samurai de finales del siglo XX, Joe Marshall, que así se llama el sujeto, es capaz de esquivar las balas mientras conduce, con un curioso movimiento de cabeza, como podemos ver en el siguiente vídeo:

Tras este sorprendente vídeo, se entiende que el aire que levanta su poderosa melena al moverse de un lado a otro, desvía las balas de su trayectoria… Eso, o que está bailando los Vengaboys y se le había olvidado poner el cassette.

Sin embargo, su entrenamiento como samurai no le impide ser un tanto impulsivo. Y por ello, a veces se olvida de que para arrestar a alguien, hay que tenerlo a tiro y sin posibilidad de escapatoria… Si no, ocurre lo que en el siguiente vídeo:

“¡Tantas tardes perdidas en el gimnasio para que una mierda de pestillo me venza!”

LA YAKUZA YA NO ES LO QUE ERA

En un alarde de originalidad y como contrapunto a tan frondosa cabellera, Joe Marshall tiene como compañero de fatigas a… un negro gracioso con cara de fumao. Junto a él, Samurai Cop deberá hacer frente a su peor enemigo… No, no se trata de su peluquero ni del Flequi, sino del también samurai Yamashita, interpretado por ese mentón con brazos y piernas conocido como Robert Z´Dar.

Este temible bigardo hará todo lo posible por proteger a sus jefes. Por ello, no dudará en facilitar la investigación a Samurai Cop lanzándole encima a todos sus esbirros, justo después de una charla en la que había quedado bien claro que el protagonista no tenía absolutamente nada con lo que incriminar a los villanos.

Es entonces cuando tiene lugar uno de los peores tiroteos de la historia del cine, con un villano al que le deben sobrar las granadas y que está más empeñado en matar a sus propios súbditos que a sus enemigos.

El resto de villanos mantienen el nivel. Junto a Robert Z´Dar tenemos como jefazo de la “Banda de la Katana” (Katana Gang en inglés) a un chino bigotón que recita todos sus diálogos berreando, y a Gerald Okamura, el chino calvo de “Golpe en la pequeña China”. En cuanto a los esbirros… pues se ve que la crisis llegó a la Yakuza y ya cogían a cualquiera, porque, a excepción del gritón y del calvorota, por ahí no asoma la jeta ningún asiático; todos son americanos random, negros en su mayoría. Ni saber japonés es necesario.
Más que la banda de la Katana, esto parece la banda del Mullet
Parece que el único requisito para entrar en la mafia japonesa es saber morir de la manera más ridícula y sobreactuada posible. Son tantos y tan exagerados los aspavientos que realizan antes de fallecer, que uno no sabe si las balas van cargadas con pólvora o con polvos pica pica. ¿Qué es eso de recibir un tiro y caerse? Si vas a morir, al menos hazlo con estilo, joder, despídete a lo grande. Veamoslo en un par de vídeos.

 Reíd si queréis, pero Jason Statham empezó igual y mirad dónde ha llegado…

¿Y a qué se dedican los malos para obtener tal calificativo? Pues a mover por todo Estados Unidos furgonetas cargadas de coca, pero un tipo de cocaína tan potente, que es capaz de explotar con el más mínimo roce:

¿Cocaína? ¿Seguro que no trafican con fuego Valyrio?
Por cierto que, como buena peli cutre, al final de esta escena no puede faltar el clásico esbirro corriendo y chillando en llamas, las cuales le queman exclusivamente por la espalda. Momento en el que somos testigos de los extraordinarios resultados que proporciona la peligrosa pero efectiva técnica de adelgazamiento consistente en quemarse a lo bonzo, la cual ya están tardando en aplicar en Corporación Dermoestética. Veamos el antes y el después.
ANTES:
DESPUÉS
“Gracias al calor de las llamas he adelgazado 30 kilos en 5 segundos y, de paso, he perdido ese bigote tan poco favorecedor”

Esto debe ser lo que llaman “fuego purificador”, porque directamente le ha purificado la raza, pasando de chicano/moro regordete a estilizado ario en apenas cinco segundos.

SI NO MOJAS ES PORQUE NO QUIERES

Lo cierto es que al prota le llaman samurai como le podían llamar bombero, ya que de japonés tiene lo mismo que de guaperas y el menda sólo usa la katana unos 30 segundos en toda la película. A menos que se refieran, claro está, a la otra “katana”, que esa sí se cansa de utilizarla, porque el tipo es un fucker en toda regla, que se cepilla a todo lo que se mueve, respira y padece. Y es incomprensible cómo lo hace, porque sus estratagemas de ligue normalmente acabarían con una denuncia por acoso. Como prueba, el siguiente vídeo:

Tras esta secuencia, se deduce que en Irán confunden el que los diálogos fluyan de manera natural con directamente improvisarlos. Como es habitual, la típica visita al hospital termina en una agradable conversación sobre si uno tiene el capullo circuncidado o del tamaño de su mascarón de proa y con la enfermera metiéndole la mano en el pantalón, en mitad de la sala de estar… Todo muy natural y convincente. La historia de mi vida cada vez que voy al médico. 

Y no hablemos de la comisaría en la que trabaja nuestro samurai melenudo. En ese lugar no sólo están bien vistas las relaciones entre los trabajadores, sino que directamente las fomentan y aplauden. Así, es perfectamente normal que una misión que  incluya un tiroteo con decenas de muertos, finalice con nuestro protagonista metido en la cama de su compañera policía (como se pudo ver al final del vídeo de la furgoneta).

De este modo, en determinados momentos la película cambia de tercio y se transforma en un telefilme erótico chungo de Telecinco, con la cámara enfocando directamente a los pechos y donde sólo falta Shannon Tweed. Las cotas de gratuidad son tan elevadas que hasta nos cuelan… ¡casi 5 minutos de una escena de cama del villano! Ante tanto folleteo sin venir a cuento y música de saxofón, uno acaba asumiendo que la película no se desarrolla en este mundo sino en esa realidad alternativa donde tienen lugar todas las películas porno. Ya sabéis, esa realidad paralela donde tu picha está fuera del pantalón tres minutos después de haber entrado en una habitación y haber dicho “buenos días”. Porque aquí la mete en caliente hasta Robert Z´Dar y, agarraos los machos, Gerald Okamura.

“Ten cuidado no te vayas a atragantar con la barbilla, muñeca”

Si el compañero negro y el comisario (permanentemente cabreado, como mandan los cánones) no mojan, no es porque no quieran sino porque ya no quedaban actrices en el reparto.
IMPROVISANDO AL ESTILO IRANÍ

Detrás de las cámaras encontramos a su director (y también productor, guionista y montador) Amir Shervan, un millonario iraní recién exiliado de su patria, al que se le fue la olla y decidió hacer películas al “estilo Hollywood” (o lo que el creía Hollywood; sostenemos que se había confundido y se refería a “Private”). Un cineasta muy singular, ya que en su carrera cubrió todo el espectro cinematográfico. Y es que, mientras que algunos de sus filmes rodados en Irán son considerados clásicos del cine en su país, los que grabó en USA (con títulos tan rimbombantes como “Killing American Style” o “Hollywood cop”) también están catalogados como clásicos, pero en otro sentido menos amable…

El problema, según explican los entendidos en la materia, estaba en que este ricachón aburrido trataba de hacer producciones hollywoodienses al estilo iraní de la época; es decir, PASÁNDOSE EL CELULOIDE POR LA ZONA INGUINAL improvisando todos los diálogos posibles. Sumadle a eso que el director tenía escasos conocimientos de inglés, y voilá, resulta perfectamente comprensible que el resultado fuera este pedazo de mierda fílmica.

Sin embargo, esto sigue sin explicar muchas cosas. Se deduce que al director le molaba tanto eso de improvisar, que directamente decidió aplicarlo al resto de aspectos de la película. Así, la escenografía también fue improvisada sobre la marcha, colocando aquí y allá todos los trastos inútiles que encontraron, como por ejemplo, esta híper realista cabeza de león disecada, capaz de desatar las iras de las asociaciones protectoras de animales salvajes:

Normal que genere protestas entre los defensores de los animales y es que, vaya una falta de respeto utilizar los flecos sobrantes de la alfombra para recrear la melena de tan majestuosa criatura.

Y así es como acabó sus días el simpático león Rodolfo de Mari Carmen y sus Muñecos…

A continuación se ofrece una fiel recreación de lo que fue el rodaje de esta secuencia:

Operador de cámara: -“A ver cómo cojones encuadro para que este espantajo de la pared se vea poco”. Director: -“Mal encuadre, mal encuadre”. Operador de cámara:”Menos mal que el merluzo éste ha visto que estamos haciendo el ridículo con el leoncito de peluche…”.

Director: -“Ahora sí, ahora encuadre tener fuerza león, fuerza león buena para película acción, metáfora hace buena película. Buena película consigue premios a mí”.

Los efectos especiales también se vieron beneficiados por esta vanguardista técnica de hago lo que me sale del ciruelo la improvisación. Por ejemplo, el efecto de los disparos de metralleta. Se ve que casualmente eran las fiestas del pueblo más cercano y decidieron utilizar una bengala de feria fuera de plano, lanzando chispas contra los coches.

Tiroteo patrocinado por pirotecnia La Fallera, para darle ese toque explosivo a sus fiestas, celebraciones o películas de acción semiamateur

Lo mismo con la fotografía (cambios de iluminación dentro de una misma secuencia, planos sin corrección de color), el proceso/sorteo de casting o el montaje, que Shervan realizó a boleo pulsando como le vino en gana los botones de la sala de edición. De ahí esas peleas y tiroteos donde los planos no encajan y los fondos cambian cada por tres sin explicación alguna, como en la siguiente escena, donde las imágenes se suceden tal cual mostramos a continuación:

“¡Y ahora me meteré estos cactus por el culo!”

“Ya claro, ¡no hay huevos! ¡no serás capaz!”

“¡Toma ya! ¡Y ahora el bosque entero! ¡Gññññiaaaaaaa!”

“¡Hostias!”

Es más, creemos que Amir Shervan a la hora de pensar también improvisa y, claro, le cuesta acertar.

El impecable y detallista estilo iraní nos permite deleitarnos con la sombra del micro ocupando media pantalla

Entre tanta improvisación y que tenían que parar de rodar cada dos por tres para volver a peinar a Matt Hannon, no es de extrañar que el clímax final sea tan rancio y chapucero. A un tiroteo en una arboleda, donde protas y enemigos se parapetan detrás de árboles de 30 centímetros de grosor, le sigue un duelo a katanazos entre el prota y Yamashita, quienes agitan sus espadas a cámara rápida, momento en el que se nota que Irán y Turquía son países vecinos. Vamos, que podía haberlo rodado Cuneyt Arkin perfectamente.  Luego se deshacen de las katanas a los 20 segundos, para acabar dándose de puñetazos, no sea que nos diéramos cuenta de que no tenían ni pajolera idea de esgrima. Tanto samurai y tanta leche para esto…

Todo ello aderezado con la permanente jeta de estreñimiento del protagonista mientras le baila la melena delante de los ojos, hasta llegar a un forcejeo donde, más que empujar las espadas, parece que se estén empujando otra cosa.

¡Cabrón, me has dicho que sería poquito a poco y suavecito y… me estas desgarraaaaaaaaaando!!!

Será mejor que vosotros mismos veáis toda la escena:

Eso sí, hubo un aspecto que el director cuidó con mimo y no dejó en manos del azar. Se trata de la música, logrando en “Samurai Cop” una compenetración con el compositor que muy pocos cineastas han alcanzado. Observad en el siguiente vídeo cómo la sutil banda sonora, perfectamente sincronizada con las imágenes, capta a la perfección lo que el director quiere transmitir:

Era esto o lamentos/risas/aplausos enlatados…

Pero entre tanta improvisación y estridencia sonora, para despejar las dudas sobre su incuestionable talento, Shervan decidió por un instante sacar a relucir su vena artística y nos regaló este maravilloso plano:

¡Magnífico! ¡Obra Maestra! ¡El mejor encadenado de culos de la historia del cine!

 

EN RESUMEN

Uno no se puede enfadar con esta película, ya que se trata de una de las obras maestras del humor involuntario, como ya os habrá quedado bastante claro a lo largo de todo el texto. Pero antes de acabar, una anécdota. Ante la imposibilidad de darle salida alguna a esta bazofia entre los aficionados al cine de acción, en Alemania decidieron comercializarla como si fuera una película erótica. Y, para ello, era necesario modificar la portada…

Bueno, al menos es más fiel al contenido de la cinta que la portada con la cabeza decapitada…



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Seagal