Review

Título original: Ghost Chase
País: Alemania/Estados Unidos
Duración: 88′

Cuando el bueno de Roland Emmerich, realizador de pequeñas joyas como Stargate o Soldado Universal y de apestosos bodrios como Godzilla y El Día del Mañana, dirigió la película de la que hoy hablamos, El Secreto de los Fantasmas, corrían los años 80… buenos tiempos para el cine. ¡Qué diablos!, en los 80 el cine vivía una segunda edad de oro en la que las producciones hollywoodienses tenían un encanto especial, los cines eran unos recintos señoriales donde podía mascarse la magia de la ficción, Internet no existía y las palomitas venían revenidas y asfixiadas en una bolsa de plástico que comprábamos en los intermedios.

Pero no nos desviemos, a nuestras pantallas llegaban títulos como El Arca PerdidaAcorraladoRegreso al FuturoLos Gemelos Golpean Dos Veces o Los Gremlins, producto esta última de un género muy particular y fructífero en aquella época, olvidado tristemente en los 90: La Comedia de Terror.

Una canción cañera, una pareja de guapos con gancho entre el público juvenil, un personaje cómico que rebaje la tensión y una galería de malos entre los que podíamos encontrar vampiros, extraterrestres, fantasmas, momias, hombres lobo o un poco de todo, como es el caso de un clásico como Una Pandilla Alucinante. Ingredientes comunes todos ellos que hicieron del genero un negocio seguro con títulos como Noche de Miedo, la ya citada Gremlins o la tópicamente encantadora Jóvenes Ocultos como abanderados.

El Secreto de los FantasmasGhost Chase en versión original, reúne todos y cada uno de estos clichés sin que por ello pierda su encanto y originalidad. Dos jóvenes cineastas arruinados, interpretados por los prácticamente desconocidos Jason Lively y Tim McDaniel, ven la solución a sus problemas económicos cuando reciben la noticia de que uno de ellos, el ligón de la historia, ha sido citado por su vigésimo primer cumpleaños para recibir la herencia de su difunto padre, que finalmente no resulta ser más que un simple reloj que, sin embargo, oculta un macabro misterio, el secreto errrr…¡de los fantasmas!

La peli

Si antes comentábamos que toda comedia de terror en los 80 tenía una canción pegadiza, esta no podía ser la excepción y la película comienza directamente enchufándola junto a unos títulos de crédito que parecen ser los antecedentes directos de los del Brácula de Chiquito. La canción, Imagination de… mmmm… un grupo, da paso directamente a la acción con un falso comienzo similar al de, por ejemplo, la deleznable Abierto Hasta el Amanecer 2. Así nos presentan a uno de los galanes mas feos que haya conocido el cine, Warren, que parece Fernando Alonso dibujado por Pedro Vera, a Laurie, la chica de la película que esta de muy buen ver y tiene un aire a la Serrana mayor y a Fred, el director de cine graciosillo y amigo del protagonista.

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Los tres están rodando una cutrepelícula de terror en su propia casa ayudados por unos chavalines disfrazados de los de los Goonies que no vuelven a salir en toda la cinta. La casa en sí es de lo mejor de la película y miente como un diputado todo aquel que diga que no le molaría vivir en un sitio así de mayor, con muñecos de monstruos y muertos colgando de las paredes, un minicine propio, calaveras con bombillas rojas en los ojos y una silla robotizada que no viene a cuento para nada pero es como debe ser la silla de Dios.

Pues bien, cuando la chica huye confirmando que Warren es tan baboso como parece, los dos protas reciben la balsámica noticia de que van a recibir una herencia y a la mañana siguiente, en un coche calcado al de los cazafantasmas pero en negro, van al despacho del notario donde les dan un ticket de una tienda de empeños en concepto de herencia. Nuestros héroes desanimados por la experiencia acuden a la tienda y allí no solo encuentran el reloj que desencadenará la trama de la película, sino que también se encuentran con uno de los personajes más desconcertantes y gratuitos que he visto en una película desde el tipo con la cara pintada de negro en Mullholland Drive: la momia/dependiente con escopeta. En serio, no tengo muy claro aún si se trata de un actor o un animatronic, pero si sé que es un personaje fijo en mis pesadillas desde que vi la película siendo un niño.

Sumamente desconcertante

En cualquier caso, el tipo desconcertante les entrega un maletín que contiene, como ya hemos dicho, un reloj que, por cierto y aunque no venga a cuento, es igual que uno que tengo en el pasillo de mi casa. Fred y Warren, abatidos por la falta de efectivo en el maletín deciden intentar reflotar su película por si suena la flauta, pero se ven sorprendidos porque un brazo salido de un lujoso coche en el que viaja el malo de la película, un clásico como Paul Gleason, trata de robarles el maletín, lo que les impulsa a creer que tal vez el reloj sea más importante de lo que parece, dando pie a que Fred imagine un nuevo guión para la película y lo escriba en… una noche.

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Como el reloj, efectivamente, es la clave de un secreto que atañe directamente a Paul Gleason, que interpreta a Stan Gordon, el dueño de una importante productora, éste decide contratar a un Peter Sellers de la vida para arrebatárselo a los chavales. El sicario, además de torpe, es extranjero y, para regocijo del público, tiene un acento raro que lo vuelve gracioso a la par que entrañable y es que, completando lo dicho por Harold Ramis acerca de peinados y cachivaches exóticos, no hay nada más gracioso que ver a un tipo que habla extraño… y si no, ¡miren a Roko Alicates!

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Pero volvamos a la película, porque, tras el estrepitoso y previsible fracaso del ladrón, hace aparición la estrella de la película: el fantasma del chofer del abuelo de Warren, que había olvidado mencionar que era multimillonario y desapareció en extrañas circunstancias. El fantasma en cuestión parece el primo de Yoda, sólo que en este caso el muñeco no brinca, derrocha amabilidad y no sólo habla como las personas normales, sino que encima tiene la voz del doblador de Marcus, el entrañable amigo de Indiana Jones que “una vez se perdió en su propio museo”.

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El difunto chofer, a quien Fred fabrica un “cuerpo” demostrando que es un genio y el verdadero amo y señor de la película, les explica la verdadera historia de su abuelo y da pie a que comience la acción y la aventura en la película, así que a partir de este punto solo comentaré las escenas más destacadas tratando de desvelar nada para que el lector se vea obligado a descarg… a comprarla para poder disfrutarla. Y, la primera de esas escenas viene acompañada, cómo no, del sensacional tema principal de la película y muestra como Warren se parte los cuernos, literalmente, convenciendo a Laurie para que vuelva al equipo mientras que Fred fabrica el muñeco del chofer. La escena es la típica, típica, típica en la que se enseña a los personajes haciendo tareas importantes para el desarrollo de la película, pero aburridas en si mismas… vamos, como cuando los del Equipo A montaban un tanque con tuberías viejas mientras sonaba el tema de la serie. El lector, juiciosamente, se preguntará por qué destaco entonces esta parte de la película, pero es que… la música mola, vaya.

 

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Otra de las escenas que, particularmente, a mí me marcó la infancia es una conversación entre Fred y el Yoda falso en el coche molón. El pobre Fred, demostrando ser una vez más el único con cabeza del grupo, aprovecha para preguntarle al fantasma como es el Más Allá y la contestación de este le traumatiza a él y de paso a todo el que vea la película y tenga claustrofobia.

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Pero, sin duda, el gran momento de la película es el final, en el que los protagonistas se tienen que enfrentar, como si de los Cazafantasmas en la escena de la biblioteca se tratara, a un fantasma cuya identidad no revelaré por el bien de quien quiera verla. A cada cual más lelo, cabe decir que a mí es otra de las cosas que me marcaron de pequeño y quizás es por este malo que The Haunting no me acabó de disgustar en su momento.

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Valoración

En definitiva, la película es un claro exponente de la moda de las comedias de terror juveniles y no se la puede juzgar más que como eso, un divertido entretenimiento de los que ahora se hacen pocos. La música, como ya dije, es soberbia… al más puro estilo Weird Science y la dirección es correcta, lo que le valdría a Roland Emmerich la oportunidad de afianzarse en Estados Unidos tras su primer film americano, Joey.

Los efectos especiales no son inferiores a otros de la década como los de la saga de Indiana Jones -y es que la niebla que sale del reloj parece calcada de la que sale del Arca- o , una vez más, de los mismos Cazafantasmas y, aunque han quedado ampliamente superados, hay que romper una lanza a su favor porque quedan mucho menos cutres que el ochenta por ciento de los generados por ordenador hoy en día… baste recordar simplemente al “Inquilino” para verificarlo.

Los actores, aunque al tal Jason Lively den ganas de enviarlo dentro de una tarta al cumpleaños del pianista de Parada, no desentonan y es extraño que después de esta película prácticamente desaparecieran del mundo del espectáculo… y es que el pobre Tim McDaniel a la sombra del otro baboso llega a caer hasta bien. La chica que salía en la mítica Porky´s tampoco se merecía tan cruel abandono, tal vez se dedicara al porno amateur o se convirtiera en la asesora artística de Tara Reid y por eso no hayamos vuelto a verla en ningún producto decente.

Resumiendo, merece la pena verla y a ser posible, ya que llegan Halloween y el Día de los Difuntos, hacerlo junto a otros clásicos del género como la Noche del Miedo o Elvira, la Reina de las Tinieblas.



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Seth