Review

Título original: Extremely Loud & Incredibly Close

País: Estados Unidos

Duración: 129′

El poster anticipa nuestras reacciones ante semejante horror. No es que la película sea dura, noooooo…. Simplemente va a llegar el momento en que con esa misma cara le vamos a rogar a todas las deidades del universo que el niño SE CALLE LA PUTA BOCA DE UNA BUENA VEZ.

Desde que en los Oscar han decidido nominar 10 películas a la categoría más importante nunca falta la peli que, vaya usted a saber por qué (de hecho lo sabemos: maletines llenos de $$$, y rayas de coca servidas en bandejas de plata por la más amplia variedad de furcias que un productor de Hollywood se puede permitir), siempre se cuela en dicha categoría sin la más mínima oportunidad de ganar, y a veces incluso siendo esta su única nominación.

El 2010 fue “District 9” (no me quejo), el 2011 fue ese telefilm de sobremesa futbolístico que le valió una estatuilla a la Bullock; y este año le tocó a la mugre que nos ocupa (que también es un telefilm de sobremesa con la Bullock, ¿coincidencia?). Todas pueden presumir en sus respectivas carátulas de Blu-Ray de haber llegado a las “finales” sin más esfuerzo que el realizar algunas llamadas y mover unos pocos hilos (mientras Hazanavicious y Scorsese ponen el culo al fuego con sus peliculones arriesgados).

 

The Fuckers.

“Extremely Loud and Incredibly Close” es el larguísimo e impronunciable título original de esta bazofia 100% patriotera y manipuladora que, como era de esperarse, ha conmovido al populacho yankee (como toda peli que toque de forma… ejem… “cruda”… el asunto del 9/11) y despertado el odio en todas aquellas personas con el mínimo de criterio y sentido común necesario para darse cuenta de que estaban intentando reírse en nuestra cara.

Yo salí hecho una furia del cine (jo, jo, la ha visto en el cine el muy IMBÉCIL) dispuesto a olvidarla para siempre; pero resulta que a una amiga le impusieron como un trabajo de su carrera someterse a este engendro (y es por eso niños que mi país está en lo puto peor en cuanto a educación, y a todo básicamente. ¿Sabían que acá los magistrados consultan con la coca antes de emitir sus fallos judiciales?).

Yo, tan buena gente, le descargué la peli para que no tirara el dinero en el cine, o incluso comprándola pirata (en serio, no vale ni el DVD en el que la graban); y pues teniendo ahí esta porquería en su propia carpeta y todo, tan predispuesta y abierta de piernas la muy cabrona, sería un desperdicio no aprovechar la situación para soltar las verdades e injurias que tengo guardadas desde “el peor día” (que es como el protagonista llama al 9/11; y yo al 24/2, que fue cuando la vi pagando).

“-No sabes cuánto lamento no haberme molestado en comprar un puto condón esa noche cielo. Iré a fingir que le queremos para que deje de dar el coñazo”

“Tan fuerte, tan cerca” trata del mocoso más insufrible y asesinable que se ha visto en la historia del celuloide. Ni Anakin, ni Carl de “The Walking Dead”; después de ver esta película mirarás feo a todo puberto y recordarás esperanzado aquella vez  que imitando las paridas de Jackass con los subnormales de tus amigos, terminaste llorando en el piso agarrándote las pelotas.

Se supone que el padre del niño es Tom Hanks (en modo “voy a hacer el gilipollas” ON), que para incentivar la curiosidad del mocoso o qué sé yo… le hace participar en juegos de búsquedas y misterios; mientras la madre (Sandra Bullock asomando el jeto por si siguen regalando estatuillas) pasa absolutamente del asunto y de su familia, convirtiéndola en una absoluta extraña para el niño cuando la tragedia se cierna en sus vidas.

 

A TOMAR POR CULO MI CARRERA!!!!

Resulta que hace 10 años, en una hermosa mañana de septiembre, los talibanes se han despertado con ganas de joder y han estrellado dos aviones en el World Trade Center, donde precisamente se encontraba Tom Hanks, que ante la desesperación de la situación se avienta de un centésimo piso (o por lo menos eso dan a entender al principio), mientras el mocoso pone cara de circunstancia y Sandra Bullock, con un cartel de “For Your Consideration” pegado en la frente, hace de madre coraje tipo.

Un año después, el mocoso (que además es una especie de inadaptado que tiende a ponerse histérico por cualquier soplapollez, seguramente le sacan a pasear con correa) descubre una llave en el armario de su difunto y acabado padre. A partir de entonces empezará una absurdísima e innecesaria búsqueda para encontrar la cerradura que abre. En dicha búsqueda conocerá a un muy digno Max Van Sydow que sale airoso del soberano ridículo al que le querían someter.

Yo no veo a este señor aceptando regalías en drojas y putas. Que alguien me explique cómo le han convencido de aparecer en esta basura.

Esa es la emocionante premisa que tratará de buscar la lágrima fácil reiteradamente y con un asco denunciable. Se supone que como seres humanos que somos, deberíamos sentirnos conmovidos e identificarnos rápidamente con la viveza y la inocencia del pequeño monstruo, y no querer abrirle la cabeza con un tubo cada vez que sale y suelta su insufrible verborrea en pantalla.

Imagínense una especie de Sheldon Cooper pero en niño y sin puta gracia, un engendro hiperactivo que sabe un montón de datos absolutamente inútiles y que no duda en repetirlos como un descosido ante el santo que tenga oídos para escucharle. Además nunca superó los atentados por lo que siente pánico, cual perro apaleado, a toda la ciudad (puentes, autobuses, ruidos, aviones…). Lastimosamente esto no será un impedimento a la hora de ir por la ciudad jodiendo a la gente.

Y eso hijo, es un personaje de mierda

La primera parada de Oscar (que así se llama el infante) es con un cerrajero que le hace notar al muy imbécil (porque mira que no darse cuenta…), que hay un nombre escrito en el sobre donde estaba la llave: “Black”. Pues nada, a incordiar uno por uno a todos los Black de la guía telefónica hasta dar con quien sepa para qué sirve la llave.

Para tan peligrosísima misión se equipará con tal sarta de basura como una máscara de gas (¿?), una pandereta “para mantenerme calmado” (y de paso reventarle los nervios al espectador, porque a partir de acá no va a dejar de dar el coñazo con la maldita cosa…), binoculares (obviamente, duh..) y hasta un libro de Stephen Hawking (¿¿¿¿¿?????).

¿¿¿Por qué Sandra Bullock simplemente no le compra una puta consola para que se entretenga y deje de hacer gilipolleces???

La PRIMERA (ojo) en sufrir la visita de Oscar es el personaje de la siempre excelente Viola Davis, que por si no fueran suficientes los problemas conyugales que está atravesando, ahora le toca lidiar con las paridas del niño. No se sorprendan porque le deje entrar a su casa en vez desalojarlo de su propiedad con un bate de aluminio (todo el putrefacto guión lleno de incoherencias sin aparente sentido se justifica mierdosamente al final).

Tu mamá se drogaba cuando te tuvo ¿verdad?

Toca repasar lo ocurrido en los atentados con mierdo-flashbacks que poco a poco irán revelando por qué el pequeño bastardo está lelo perdido traumado o algo. El mocoso, absolutamente ignorante de lo que está pasando, llega del colegio y oye los mensajes de su padre en el contestador, por lo que se acojona y cambia el contestador “para que nadie pueda escuchar lo que el escuchó y todo siga como si no hubiera pasado nada” (claro que no campeón, solamente el peor atentado de la historia donde la han palmado miles, incluido tu papaíto).

Al día siguiente Oscar seguirá dando el coñazo a los Black de la ciudad que además resultan ser la mar de buena gente, todos le invitan a sus casas a “contarle sus historias” para dejar por lo más alto la imagen de los newyorkinos y de paso cumplir con el tópico. Así Oscar conoce a los infaltables miembros de una iglesia, a la familia asiática, a un transexual… ¡¡en una casa hasta le dejan montar a caballo!!

Acá es cuando Stephen Daldry se da cuenta que no ha puesto una escena de telenovela bananera en los últimos 5 minutos, así que nada. La siguiente secuencia, totalmente metida con calzador, les dejará aplaudiendo y pidiendo la canonización de la Bullock; o tal vez simplemente despierte sus profundos instintos infanticidas:

 

Dos hostias a tiempo marcan la diferencia

En fin, toca repasar la mañana del 9/11 desde la perspectiva de la Bullock en otro cutre-flashback. Sandy-B está en la oficina cuando recibe el llamado de Tom Hanks, que serenamente y tomándose todo el tiempo del mundo (incluso peléandose con otras personas para que le dejen hablar) le indica que está en el WTC y que “todo estará bien…”, en vez de salir cagando leches como haría cualquier ser pensante que aprecia a su familia.

Volviendo a la realidad, al niño le da otro ataque de subnormalidad y se va a la casa de su abuela, que vive al frente, sólo para descubrir al peculiar “inquilo” que también vive allá:

 

No ha faltado el atajo de anormales que han criticado los premios de Jean Dujardin por actuar en una película muda, ¿Quieren saber por qué a Max Von Sydow no le han dicho absolutamente nada? POR QUE NADIE HA IDO A VER ESTA PUTA MIERDA (excepto yo, venga un aplauso!!)

 

Sin duda lo mejor y más tolerable de la película. Max Von Sydow hace una interpretación maestra que desentona completamente con la calidad del film. Logra en los pocos minutos que aparece darle dignidad a esta atrocidad amarillista insufrible, y ahora que lo pienso tiene doble mérito puesto que en la práctica totalidad de sus escenas saldrá acompañado del mocoso de los cojones y sin poder quejarse, empezando a lo grande:

-“Por favor, máteneme…”

 

Por motivos absurdos y totalmente predecibles (seguro que ya lo han adivinado), Sydow se ofrece a acompañar a su niet…al mocoso de porquería en su búsqueda. Con la condición de que vayan en autobús o tren (recordemos que el niño no los usa porque les tiene miedo) lo que por fin nos revelará el uso que tenía planeado Oscar para la máscara de gas:

HACER EL SUBNORMAL Y ENCABRONAR AL ESPECTADOR

 

Se tiran media película buscando a los Black inútilmente. Oscar está cada vez más desesperado y se descarga puteando y corrigiendo al pobre anciano cada vez que puede. A estas alturas uno se espera que Sydow, rojo de rabia, le deje la cara en carne viva para ver si espabila, pero nah… la platea se levantaría a aplaudir en vez de lloriquear for America.

Más tarde el niño le hace escuchar al viejo los mensajes que Tom Hanks le dejó en la contestadora antes de morir (esos que guardó para que nadie los escuchara), y que se van poniendo más chungos a medida que avanzan. Después de resumirnos una tesis de cada uno de los mensajes (incluyendo la hora exacta del mismo, el lugar dónde él se encontraba y demás copro-bullshit inútil), es incapaz de reproducir el último mensaje poniéndose a llorar por enésima vez.

 

Se pellizca porque todavía no se puede creer que tanta putada sea verdad. ¿Por qué no se tira por la ventana de un décimo piso o se lanza al tráfico? De paso le hace un favor a su pobre madre… y a la humanidad en general.

 

Max Von Sydow, más arrepentido que nunca en su vida, pone sus cosas en el maletero de un taxi y se larga al carajo mientras el niñato, absolutamente ido de olla, le dice que le odia y le persigue por la calle gritando la apasionante biografía de su señor padre.

Puesto que el personaje de Max Von Sydow fue más inútil que un trípode en una película de Michael Bay, Oscar descubre por el arte del deus ex machina un número subrayado entre las innumerables porquerías que le había dejado su padre, y al llamar le contesta ni más ni menos que Viola Davis (¡Oh sorpresa!).

Descubrimos que la llave pertenecía a su ex-esposo (wooooow… no me lo eperabah…), y que él también la llevaba buscando todo el año. Totalmente decepcionado, Oscar le cuenta que el día de los atentados no sólo ocultó los mensajes de su padre; también escuchó en vivo el último mensaje justo antes de que la señal se cortara en el momento exacto en el que cae la primera torre (¿¿¿que no se había lanzado por la ventana el señor Hanks????).

Todo esto con un silencio tajante que te obliga a moquear como una magdalena

Ese es el momento cumbre de esta hez manipuladora, y da tantísimo asco la forma tan forzada con la que intentan arrancarle lágrimas al paleto yankee promedio que no puedes hacer más que declararle odio eterno al subproducto y a todos sus perpetradores mientras las arcadas se disimulan entre el mar de espumosa baba que te sale de la boca.

COMO ERA OBVIO QUE IBA A PASAR, Oscar sale a la calle gritando, lloriqueando y agitando la puta pandereta de los huevos hasta llegar a su casa dónde entre unos alaridos dignos del demonio, se pone a destrozar toda la bazofia que acumuló en su búsqueda. Seguramente se habrán preguntado donde estaba la madre todo este tiempo y cómo es que pasa olímpicamente del pequeño cretino. Tiene tela la cosa…

Resulta que Sandra Bullock sabía todo lo que hacía Oscar, incluso dedujo su plan de búsqueda y se le adelantó entrevistando a los Black pidiéndoles que le traten bien cuando él llegara. Básicamente la misma mierdo-terapia que hacía su padre, dejándole al niño hacer el subnormal a sus anchas para que socialice con la gente y demás pajas absurdas. También podrían secuestrarle, o atropellarle (escribo esto con una sonrisa de oreja a oreja) pero no… “no podía respirar hasta que entrabas por la puerta” dice nuestra candidata a la madre del año.

 

¡¡Basta!! ¡¡Que no te van a dar un Oscar este año joder!!

 

Conclusiones lacrimógenas

Parece que hoy en día la academia y los criticuchos te premian siempre y cuando puedas venderle la moto a la plebe lo más capitalistamente posible en un telefilm técnicamente aceptable y con alguna que otra chorrada visual para que parezca artístico y serio. Lo malo es que en el resto del mundo (donde no nos atiborramos de hamburguesas ni vemos el super bowl) estas cosas caen directo al intestino no sin antes abrirse paso entre dolorosos cólicos y hediondas flatulencias.

Nadie niega que del 9/11 se pueda sacar una buena historia digna de ser apreciada sea cual sea la nacionalidad del espectador, pero hasta ahora sólo he visto irritantes culebrones apelando a toda costa a la lágrima fácil porque esto es USA y lo vale (¿alguien recuerda esa BRUTAL escena de Jesús y el marine en el correspondiente truño dirigido por Oliver Stone?). Esta gente no logra entender que hay una delgada línea que separa lo emotivo de lo vergonzoso, lo plasta y lo gratuito.

Del niñato he de decir que su intérprete (Thomas Horn) no lo hace mal, pero la concepción del personaje es tan mierdosa e inverosímil, y es tan ridículamente insufrible y cansino que uno ni siquiera se puede dar el gusto de alegrarse de las putadas que le ocurren, porque de inmediato se pondrá a vociferar fun-facts o a gritarle a Sandra Bullock o a Max Von Sydow. Y ya que hablamos de ellos… todo el reparto es una panda de desgraciados con los que tienes que llorar por cojones.

La madre sufrida, la mujer negra divorciada, el mudo traumatizado… hasta en los extras, un tipo que “le gusta abrazar a la gente” y una señora que echa a esta gentuza de su casa pero luego se arrepiente (entre lágrimas of course). El único personaje feliz de la vida es Tom Hanks, hasta que muere BRUTALMENTE mientras su hijo le escucha agonizar por teléfono y ve la torre ceder en vivo. Un aplauso para el enano mental al que se le ha ocurrido semejante sarta de cursilería mongólica.

En fin, caca de la verde que recomiendo evitar a toda costa a menos que sean rednecks republicanos, padres indecisos, marujas fans de Laura y el Bailando, o perturbados sadomasoquistas.

 

 

Dejad de mirar lascivamente a Jennifer Lawrence por un momento (cerdos) y prestad atención a esos grititos beliebers. Oh, say! can you see…



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Kusomaru