CRITICAS
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El Viaje de Penélope (2010)

por en 14 abril 2020
 

La historia es que tenía hace tiempo que mandar una crítica a la redacción, y cada vez que sugería una a la Jefatura me respondían, esa se la ha pedido Pepito, esa la está haciendo Fulanito… Así que me di una vuelta por Filmaffinity y busqué el drama peor valorado. Cualquier cosa que no fuera acción en la selva filipina o el enésimo E.T. de poliuretano y me di de narices con:

Antes de empezar con la película en sí, vayamos al sustrato. Esta es una cinta en la que el amigo Merinero dirige, actúa, produce, guioniza y enseña los pelitos del culo, todo a la vez. Una especie de Leonardo da Vinci pero en versión de manicomio siberiano.

 ¿Y quién es Fernando Merinero? Por el físico podríamos decir que Nando es el resultado de un extraño revoltijo genético entre…

Mahir Çağrı + Borat + Pepe Stalin + Cayetana Fitz-James Stuart = Fernandico.

Luego habría que revisar los postulados cinematográficos que diligentemente defiende y practica Fernando Merinero, recogidos en su página web <http://www.fernandomerinero.com/. Si nos vamos a los principios inspiradores de sus “películas vivas”, podríamos destacar:

– El productor ha de ser cómplice y colaborador de tal sentimiento. Si no se encuentra productor, el director debe producir el filme. Principio “Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como”.

– El exagerado conocimiento de lo que se quiere contar, unido al excesivo tiempo que se emplea en la materialización de una película, la convierte en un producto: “películas vivas” está en contra de ello. Principios “NPI de qué cojones estoy haciendo” y “Rodar en una toma y cagando melodías”.

– El guion no puede estar cerrado por guionista, director ni productor. Los actores participan junto al director en la creación de los diálogos, en el momento del rodajePrincipio ”Soltad lo que se os ponga en la punta del ciruelo”.

– La revolución del nuevo siglo ha de ser espiritual. El cine puede ayudar a ello. Pincipio “Hola soy el nuevo Ed Wood jr., pero en versión Testigo de Jehová”.

Podríamos seguir pero mejor vayamos con los protagonistas de esta er… peli:

Penélope (Fernando Merinero en persona). Su labor actoral consiste en poner cara de boniato pasmado de mil y un maneras y mirar a la lontananza.

Ulises (no, no me he equivocado a la hora de poner las fotos, ella es Ulises, recordemos que se trata de una “película viva”, vamos, que aquí se hace lo que les salga del ciruelo; repasad arriba los principios básicos). Es el marido que va a comprar el ABC y no vuelve, después básicamente mira a la lontananza.

Telémac@. Extraño ser, hij@ de Ulises. Muda de tío a tía y de tía a tío cada 5 segundos con cada cambio de plano. También pasa de heterosexual a lesbian@ y luego a soplanucas con igual presteza. Sirve para que los personajes principales hablen con alguien en vez de recitar sus diálogos a un ladrillo (aunque daría lo mismo) y para enseñar carne juvenil. Interpretado en su versión femenina por el simpar Mochilo (como puede comprobarse en la foto de arriba).

Los pretendientes de Penélope. Personajes siniestros que aspiran a conquistar a la bella (ejem) Penélope y la tientan incesantemente con su atractivo sesuarl y otras historias. Son Agelao (el hipnotizador), Eurímaco (el jamacocos sobón), Aquiles (el verrucoso) y Antínoo (el poestiso contorsionista).

Y ahora vamos con la peli, que la he visto, hasta tres veces para mi gran desgracia. La historia se basa en La Odisea de Homero. Pero Merinero tuvo una gran visión transgresora, que una mujer haga de Ulises, y que un hombre haga de Penélope, cambiemos los roles. Que sea una mujer la que vaya la guerra de Troya baje a por tabaco mientras Penélopo queda penando. Y que el hijo de ambos cambie de sexo veinte veces por minuto. Brillante.

El problema es que con tanto cambio de roles el auteur se hace la picha un lío y el título de esta cosa es “El viaje de Penélope”, cuando el que en realidad se va de viaje es la Ulises con potorro. Ya empieza a ser menos brillante. Para viaje el que se pega al espectador, ya sea al país de Morfeo o al de San Pedro, en caso de optar por cortarse las venas; algo nada descartable.

Pero vayamos con la trama. Ulises y Penélope, pasean por la playa enamorados; en un instante dramático Penélope confiesa a su amor que es una “impotente sentimental”, lo que debe significar que si no siente amor no se le empina la chorra. Luego se abrazan con tal pasión que en la siguiente escena Penélope está de parto.

A mí no me preguntéis…

Nace Telémaco, y Penélope al ratito va a la conservera donde se encuentra con Hermes, pero como no está la jefa invita cierta zorrona a Hermes a su casa a tomar café. Parece que va a haber polvete extramatrimonial, pero en un abrupto salto temporal aparece Ulises por la puerta y observa un perfume extraño en el baño y que su esposa ha cambiado las sábanas. Se monta escena de celos y se remata con la confesión de Ulises de que desea a otra hace tiempo.

Ocasión que ni pintada para poner más caretos.

Merece verse en su enteritud completante.

Pero todo era un juego para provocarse el uno al otro celos, la cosa se aclara y hay erótico romántica reconciliación.

Y ello da oportunidad de inmortalizar los pelitos nalgarios de Penélope

A Ulises le atrae el mar con un magnetismo salvaje, eso se nos explica con una pelmaza voz en off que nos va a perseguir inmisericordemente toda la santa película. Ulises mira al mar, luego mira al horizonte, luego mira al tendido y de fondo suena Aute (de que un amigo mío decía que mas que cantar parece que está rezando un padrenuestro). ¡Por Dios qué coñazo!

Sin más parece ser que Ulises se ha largado ya, queda Penélope en un encuadre raro tras una ventana (que a Merinero le debe parecer genial porque se atasca ahí varios minutos) haciendo una especie de gimnasia sueca mientras Aute sigue rezando cantando dale que te pego de fondo.

¡Magia!, ¡si parece que no tiene ni pies ni cabeza!

Disfrutadla conmigo chiquitines míos.

El viaje de Ulises comienza, primero mira el mar cinco minutos y luego se unta el culo de barro y se queda pasmada otro tanto con la vista de nuevo en el chorizonte.

Al menos estas nalgas no son velluditas.

Siguen mas imágenes inconexas mientras la narradora sigue dale que te pego soltando paridas. Penélope agarra una oveja, luego monta a caballo y finalmente muerta de nostalgia revive un acto muy duradero sodomita con Ulises agarrando el marco de la dichosa ventanita. Lo transgresor de Merinero se observa en que los actores paran de mirar a cámara.

Ulises con los ojos de la cara.

Penélope con el ojo del culo.

Más minutos musicales, ambos ya separados miran al tendido, y al menos esta no la canta Aute. Un segundo, ¡mierda! ¡es Silvio Rodríguez! Esta mierda es capaz de aburrir a la pirámide de Keops.

Los ronquidos se oyen hasta en Saturno.

Nos cuentan más cosas. Telémaco acaba yendo a un internado mientras Ulises baila ardorosamente con un pino.

Así era la de mi Penélope.

Para hacer el rollo corto recapitulemos lo que hace Ulises hasta su regreso:

Estar en las Batuecas y solazarse con el paisaje.

Pasmarse con Hunosa.

Soltarle el rollo a Polifemo.

Y soñar que echa una partidita de ajedrez.

Poca cosa parece si se piensa que para cuando regresa al hogar, Telémaco ya está echando polvetes de lo más pintorescos a cascoporro. Así que si por lo menos debieron pasar 12 años de ausencia. Aunque si se escucha a la narradora y los recitativos musicales de Aute más que 12 parecen 107.

Detengámonos a ver como ya un talludit@ Telémac@ nos pasma con sus mágicas transformaciones.

¡Y encima acaba con orgasmo mental!

Bueno, ahora lo que pasa en ese lapso de tiempo con Penélope. Abreviando, aguantar a sus pretendientes que harán lo siguiente:

Aquiles intentará trajinársela con ambientes sutilmente sugerentes, bailando la conga, luciendo kilómetros de arrugas y alguna droja.

Eurímaco lo intenta vía el sobeteo y lanzando infamias al oído de Penélope, como que Ulises va en tren y en barco, juega al voley playa, bebe tintorro o se ha comprado una amoto con sidecar.

Antínoo, lisa y llanamente se despatarra a toda hora y en todo lugar.

El más inteligente es Agelao, que sin muchas historias se pone a columpiarse encima del nabo de Penélope y ahí se la beneficia. Pero ni aún así consigue su amor.

Como veis, toda la película es una impresionante lección de mitología griega a cargo de todo un experto en la materia. 

Va una última ración de caretos de postre.

La desesperación se apodera de Penélope. Puro método actoral de 8ª Regional andorrana:

Desesperanza desesperante 1.

Desesperanza desesperante 2.

Y asoma Ulises por la puerta. Los amantes son felices de nuevo. Al ser preguntado si ha sido fiel Ulises responde que sí. Pero Penélope, con pajarita y chaleco prestados por Miliki, confiesa su acto reproductivo con Agelao y no sólo eso…

… “fue sobre esta piedra en la que estoy sentada”.

Ulises se suelta con un soliloquio de que perdona la cornamenta a Penélope porque “hay cosas en el mundo que no se pueden explicar”(como esta película) y además “¿Qué es una gota de agua ante la inmensidad del Océano?

Termina la cosa con ambos sobre el catre conyugal, Ulises leyendo ripios de amor, un besito y miradas de besugo tierno. Son felices y comerán perdices.

El adjetivar esta cosa os lo dejo a vosotros.

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Nota del Crítico
Crítica


Resultado Final
 

Calificación: 10/5 Mokordo de la hostia (fuera de toda escala)

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