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Escorpiones a bordo (2001)

por en 3 marzo 2023
 

Supongo que algunos recordarán el revuelo que desató ‘Snakes On A Plane’ (2006) en Internet antes de su estreno en cines, gracias a su insólita y llamativa premisa argumental, la cual prometía grandes dosis de cachondeo autoconsciente. Pero resulta que dicha premisa no era tan original como nos intentaban vender, ya que cinco años antes de que las serpientes se sacaran una tarjeta de embarque, unos escorpiones se subieron a un avión, aunque con muchísima menos repercusión mediática…

SCORPIONS ON A PLANE

El argumento de “Tail Sting” nos narra el traslado desde Australia a EEUU de un cargamento de escorpiones modificados genéticamente. Lo sorprendente del asunto es que el cargamento, a pesar de ser un tanto especial y tener UN FOLIO/POST IT PEGADO que indica “riesgo biológico”, es transportado en un avión de pasajeros cualquiera, ahí, entre las maletas.

“Jaja qué pegatina más chula le han puesto a esta maleta; tú ponla ahí, junto al resto del equipaje”

Por circunstancias de la vida, los bichos se escapan -quién se lo iba a imaginar- de la maleta en la que iban y masacran a la tripulación y a los pasajeros. Todo ello por culpa de un ambicioso doctor que parece Herbert West tras una ingesta masiva de anfetas bañadas en Redbull, quien baja al compartimento de equipajes (un lugar que, como todo el mundo sabe, es siempre fácilmente accesible a los pasajeros en todo avión), con intención de robarlos y acaba liberándolos por accidente.

Y la masacre que provocan los bichos es tan brutal, que la sangre hasta salpica DESDE FUERA del avión, mirad:

“¡Algún bromista ha tirado un pastel de carne a la chapa, a ver quién lo limpia!” (SÍ, EL SALPICÓN VIENE DE FUERA, ?¿)

Mientras tanto, los pasajeros han de esquivar pinzas y aguijones gigantes que salen de cualquier parte imaginable del avión -incluido el váter, por supuesto-, por absurdo que suene, al mismo tiempo que un grupo de científicos tratan de explicar lo que ocurre, en lo que parece una competición por soltar la parida pseudocientífica más grande que se les pueda ocurrir. Sí, esta es una norma del subgénero, pero aquí abusan de ella sin piedad.

Jugar al boxeo de la Wii da sus frutos

BIOLOGÍA ARÁCNIDA

Gracias a “Escorpiones a bordo”, se puede obtener muchísima información sobre la biología y pautas de comportamiento de estos simpáticos arácnidos en su variante mutante y australiana. Lo primero que aprenderéis es que el escorpión mutante australiano de gomaespuma puede aumentar 100 veces su tamaño en 2 milisegundos, gracias al consumo compulsivo de Actimel, Zumosol y otras misteriosas sustancias, como bien hacen al escapar de sus probetas en esta didáctica película.

Cualquier tirador experto sabe que poner esta cara incremente la potencia de los disparos

¿Y por qué son tan importantes los escorpiones mutantes? ¿Y por qué narices alguien experimenta con ellos? Al parecer, estos arácnidos son muy valiosos porque, según los ingeniosos guionistas, segregan un “patógeno” que puede ayudar en la lucha contra enfermedades como por ejemplo, cáncer, SIDA, ébola… Un poco más y te hace la declaración de la renta y te quita el mal de ojo. Lástima que la toxina esa no sirva para curar el retraso mental, porque alguien necesita tratamiento urgente.

Puestos a investigar, los científicos del film podrían averiguar qué es lo que permite a los escorpiones teletransportarse por todas las estancias del avión y aparecer en cualquier sitio por inaccesible que sea y sin que nadie los vea. Asimismo, su veneno es selectivo y se sabe el guion al dedillo, ya que sólo mata a quien tenga que morir para que la historia avance.

Y por supuesto, como todo bicho gigante que se precie de serlo, descubrimos que los escorpiones, pero sólo en su variante mutante (no lo olvidemos), creen en el sistema monárquico y se oponen a la ley sálica; vamos, que tienen reinas. Sabiendo esto, todos se lanzan a cazar a la reina, porque ya sabéis que si te la cargas, toda la especie se autoaniquila, como mandan los cánones.

Y aquí no acaba la cosa, porque, al contrario de lo que todo el mundo cree, si un escorpión mutante gigante te pica muchas veces no te mueres, qué va, sino que, como es lógico, te vuelves ¡inmune al veneno de escorpión! Así lo asegura el Herber West cocainómano, al que le han picado tantas veces que afirma orgulloso que ya no le hacen efecto. ¿No será que se ha vuelto inmune a cualquier sustancia después de beberse hasta el agua de los floreros?

CLASE TRUÑISTA

La carnaza de la película la constituye la siempre desdichada clase turista que, no contenta con tener que sentarse en unos asientos estrechos y degustar una asquerosa comida prefabricada, ahora ha de soportar el ser masacrada por una ¿jauría? de escorpiones asesinos gigantes -bueno, un escorpión de plasticucho y cuatro pinzas que surgen de vez en cuando de algún agujero-; si es que no hay derecho.

The bionicle Karateka

Entre los pasajeros tenemos al inevitable negro graciosísimo que va soltando chascarrillos -“jaja qué gracioso, ¡es negro!”-, a una karateka lisiada que se pega tenedores a la escayola del brazo o un gótico alemán cuyo equipaje está constituido por un ataúd vacío. Pero si alguno destaca sobre el resto, es  el doctor jefe del proyecto de mutar escorpiones (futuro premio Nobel) que, hasta los huevos de tanta gilipollez descontrolada, se marca el clásico “yo me bajo” y decide BAJARSE del avión en marcha por la puerta, así por las buenas. Vamos a verlo en el siguiente vídeo.

¿Y qué sería de una peli de aviones donde no se despresurizara la cabina? Por supuesto, aquí también ocurre eso, o algo parecido, ya que “Escorpiones A Bordo” cuenta con un económico pero impresionante efecto de despresurización, logrado con varios secadores moviendo trozos de papel higiénico y gente fuera de plano tirando de los pies a los actores, para simular que son arrastrados por el efecto de succión.

Asimismo, y como no podía ser de otra forma, también hay musulmanes entre el pasaje, concretamente dos, quienes inmediatamente se convierten en el blanco de todas las miradas.

“Soy un musulmán en un avión que va a EEUU, lo tengo crudo. Pondré esta amigable cara para no levantar sospechas…”

Al final, resulta que los dos musulmanes son inmigrantes ilegales que se han colado en el avión con la intención de llegar a EEUU, para ejercer allí su profesión de electricistas. Una profesión que será de mucha utilidad en la trama, ya que servirá para reparar partes del avión que se han cargado los escorpiones. Y es que, como todo el mundo sabe, un electricista es una persona capaz de arreglar y manipular cualquier cosa que funcione con electricidad. Por ello, estos electricistas lo mismo te arreglan la lavadora que un Boeing 747. Inmigración ilegal de alto nivel.

Estos genios de la tecnología, llegado un momento tendrán que ingeniárselas para crear un comunicador con un radiocassette y una cámara, para poder hablar a distancia con el piloto del avión. Con lo fácil que hubiera sido utilizar directamente el micrófono que asoma sobre sus cabezas y dejarse de tonterías…

Pero la estupidez no se ceba sólo con el pasaje, sino que también se extiende a la tripulación. Así, tenemos a un piloto chuleta y ligón cual Ramoncín en sus años mozos, que fuma en la cabina y es venerado por unas azafatas sumisas que conocen al dedillo toda su vida privada.

“¿Que está prohibido fumar a bordo? ¡me la suda! Peligro es mi segundo nombre…”

EXTERMINIO FINAL

Ya es hora de deshacerse de los escorpiones. Tras intentar lanzarlos del avión de un modo sospechosamente idéntico al de “Snakes On A Plane”, a los electricistas se les ocurre la solución final: matar a los judíos fabricar una armadura de combate con una colchoneta y 4 arneses mal cosidos, que una de las pasajeras no dudará en ceñirse para patear culos/aguijones de escorpión, con el siguiente resultado:

“Vente, y vente de bareta, con la Tía Enriqueta…”

Convertida en el Chimo Bayo biónico, nuestra heroína hace mierda al escorpión reina madre, no sin que antes se compliquen más las cosas, ya que alguien decide tirar de la cadena del váter con el guion dentro y, en consecuencia, surge un aguijón salido de no se sabe dónde, que rasga la cara del piloto (así por las buenas), que en ese momento controlaba el avión, dejándole completamente ciego, toma puntería (¡!!!).

Tranquila Trinity, conseguiremos llegar a la ciudad de las máquinas No os preocupéis, aún puedo pilotar esto con la punta de la polla”

Así es, a pesar de quedarse ciego por una picadura de escorpión mutante, el piloto se pone una venda en los ojos como si tal cosa y continúa controlando el avión, mientras le da indicaciones a uno de los pasajeros, al que no le queda más remedio que ejercer de copiloto.

Finalmente, y con la ayuda de unas cuantas imágenes de archivo insertadas en el montaje, logran aterrizar el sufrido aparato sin problemas y festejan su victoria sobre los escorpiones. Tan contentos están, que el piloto, que ha sido aguijoneado en la cara por un escorpión mutante gigante, se fuma un pito y bromea diciendo que no tiene nada, que no necesita ir al médico y que ahora es feliz. Sí, sobre todo sabiendo que los únicos aviones que va a pilotar a partir de ahora son los de las maquinitas para críos de los veinte duros…

MEJOR QUEDARSE EN TIERRA

A nadie le debería sorprender que una producción Nu Image tenga una factura lamentable, pero lo de esta película está a otro nivel. Y es que alcanza tales cotas de podredumbre y racanería que, por inconcebible que suene, parece pertenecer a una segunda división Nu Image -productora especializada en rellenar la parrilla del canal Cuatro los domingos por la tarde-. Se puede decir sin miedo que “Escorpiones a bordo” juega en la tercera regional de las pelis de monstruos directas a DVD, dejando a la altura del Everest a otros filmes como “Boa Vs Python”, “Tentáculos Asesinos” y otras bazofias similares.

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