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Princesas (2005)

por en 9 septiembre 2007
 

09(Crítica publicada originalmente en 2005)

Aviso: En este texto el autor revienta sin piedad el final de la película.

El cine español tiene mucho cuento. Eso lo sabemos todos. A pesar del paupérrimo nivel del que goza nuestro séptimo arte, la tónica general que impera es lamerle el ojete a todo aquel cineasta patrio que siga a pies juntillas las rancias directrices que marcan lo que aquí se entiende como “cine de calidad”. Esto es, cine serio y comprometido, que denuncie, que agite las mentes aborregadas, que se empeñe en recordarnos la mierda que fue la guerra civil y, sobre todo, que huya de cualquier atisbo de “entertainment”, que para eso ya está Hollywood.

De esta manera, cualquier mindundi que cague un churumbel que se amolde a lo anteriormente dicho, y nos espete en las narices esa España profunda (cuanto más profunda, mejor) de la que están tan orgullosos los del PP, pasa a ser Dios. Y encima, si da cabida en el metraje a una puta rollo Juani y a un par de tacos 100% castizos, contará sin lugar a dudas con la tolerancia 100% abnegada de la “crítica especializada” más snob y cultureta del país. Quizá el caso más conocido es Almodóvar. No es que el director manchego me caiga mal, de verdad, pero es lo que digo: “soy moñas y, por lo tanto, tengo más sensibilidad que la mayoría de los mortales, mis cagarros huelen a Channel nº 5 y hago pelis de mujeres frustradas y mal folladas, y de mariposones traumatizados”. ¿Resultado? Historias mínimas, de escasa trascendencia, pero situadas por unanimidad en el Olimpo del celuloide. Y ahí está el tío, con un Oscar. Mejor para él.

Pero más que nuestro querido Peeeeedroo!! me viene a la cabeza otro alumno más aventajado aún (y con mucha más jeta): Fernando León de Aranoa.

El pájaro en cuestión os sonará de haberlo visto en más de una ocasión por la tele: es ese pijo que va de hippie piojoso y que aparece siempre en público a lo mendigo, coronado orgullosamente con una pelambrera que no queráis saber lo que esconde dentro (apuesto que entre tanto pelo mugriento se ha formado un ecosistema propio) y que, además, da la sensación de que un enjambre de moscas revolotea constantemente a su alrededor, como si de una plasta de perro se tratara, y le sigue a todas partes cual ratas detrás del flautista de Hamelin.


“Pues yo una vez me lavé”

Pues resulta que este poser hace pelis, y no le va nada mal. Es a lo que me refería antes, un alumno aventajado que ha pillado rápidamente el juego del cine “apañó” y no ha dudado en bajarse los pantalones para obtener su fama y, por qué no decirlo, su pequeño pellizco pecuniario para darse la vida padre. Rueda que te rueda nos ha regalado cosas como ‘Barrio’ o ‘Los Lunes al Sol’, pelis flojas pero que los “coneisseurs” han decidido que son buenas y que si no te gustan, eres tonto. Vale decir que la primera tuvo seis nominaciones al Goya y se llevó tres, y la segunda ocho y cinco acabaron en la saca, pero que con ellas pasa como con las lentejas. Y punto. Pero es que la tomadura de pelo suprema ha llegado con su última creación: ‘Princesas’.

‘Princesas’ nos cuenta la vida de Caye (Candela Peña), una puta que es más tonta que pichote y que un día conoce a Zulema (Micaela Nevárez), una inmigrante que también es puta, y se hacen amigas. Después de unas demenciales casi dos horas de tostón fílmico, nuestra prota le da a su nueva amiguita todo el dinero que tenía ahorrado (que lo quería invertir en ponerse más tetas, aunque en su caso podría haber pensado en ponerse más cerebro) para que pueda volver a su país y reunirse con los suyos. Y colorín colorado.

“Eso” es la película. Todo lo demás no merece ni ser comentado porque provoca náuseas. Reconozco que el tío este es listo: sabe que si habla de problemáticas tan nuestras y contemporáneas como la prostitución, la inmigración y, un poco por debajo de la mesa, el maltrato a la mujer, nadie osará ponérsele en contra y tendrá la partida ganada desde un principio. Pero es que esta vez se le ha visto el plumero desde Tegucigalpa. Una vez más, nos ha querido volver a vender una película supuestamente comprometida con su realidad social, con contenido y con segundas lecturas pero que, en verdad, resulta ser un carrusel de situaciones absurdas, estúpidas, ridículas, infantiles y pretenciosas, y en donde las escenas se van sucediendo a lo loco una tras otra en una dura pugna para ver cuál resulta más vomitiva.

En esta imagen, Candela Peña no lleva bragas.
Es una de las sofisticadas y sutiles técnicas que utiliza Aranoa para captar la atención del espectador.

Digamos que la película en sí (con su guion, nótese el eufemismo) es como un intento de querernos dejar por idiotas y pretender hacernos creer que lo que se nos está contando es sumamente trascendente y elevado. Pero si nos paramos a analizar el contenido (y, sobre todo, a escuchar atentamente los diálogos de las dos panolis protagonistas), te das cuentas de que no habla de ABSOLUTAMENTE NADA. Todo son discursos baratos y moralejas de patio de colegio.

Por no hablar de la poca credibilidad que impregna la historia desde que empieza hasta que acaba. Porque vamos a ver ¿me quiere alguien decir cómo puede ser que una tía como Caye, que es una puta que vive y sobrevive de la calle (valga la rebuznancia), que se junta con lo peor, que se las come dobladas y que representa que no se deja tomar el pelo por nadie (tal y como se ve en la primera escena del film, donde le come el rabo a un tío que está ingresado en el hospital, y rodeado de sus colegas), diga magnas mamonadas como “qué bonito sería que alguien me viniera a buscar al trabajo, a mí nunca me han venido a buscar al trabajo” o “yo creo que la nostalgia es buena, porque quiere decir que nos han pasado cosas buenas y que por eso tenemos nostalgia”.

Como diría Cacamán: JAAJAJAAJOAJAJAOJJAAAJA AOJAOJAOAJOA ¿¿¿PERO QUIÉN ES EL SUBNORMAL QUE HA ESCRITO ESOOO??? JOASJOSJAOJSOAJOSJA OJOAJAOJAO

Exacto, hay que ser subnormal para escribir eso, para decir eso y/o para creerse eso. Y así es el resto de los diálogos, una sarta de burradas sin contenido ni mensaje, adornadas de un patético halo épico y profundo que no se lo debe creer ni el propio culpable de este delito cinematográfico.


Están a punto de vivir una lluvia dorada

Y además, y como apunte personal, ¿cómo le pueden gustar a nuestra heroína esas horrendas trenzas que le hace la colega, llevando ella un escalado de peluquería teen trend que no baja de los 60 euros? ¿Y su familia? Su familia es una trepa de amargados capitaneados por la madre (que está para encerrarla en un frenopático y tirar la llave), que son tan catetos que no se han dado cuenta de que la niña es puta. Venga por favor, de qué piensan que vive, ¿del aire? ¿O que quizá hace la fotosíntesis como las plantas?

El remate ya es cuando en una de las últimas escenas de la peli, una vez que la amiga ha tomado el avión rumbo a su país, nuestra putita le espeta a dos policías del aeropuerto: “Se va porque quiere, no porque la hayáis echado”. Anda que soy yo alguno de esos maderos y le suelto a los perros para que se den un festín. Por lista.

Para más escándalo, el director se cubre de gloria al permitirse el lujazo de intercalar situaciones cómicas en medio de escenas tan serias como pueden ser el ver a un tío pegar a una mujer. Imagino que su intención era evitar que el respetable no se durmiera ante tanta tontería y charlotada y que, como mínimo, se fuera de la sala con un buen sabor de boca. Ese es mi campeón. Con esto me refiero concretamente al gag de la yonki (hurra por esa manera de reírse de los drogodependientes en una peli supuestamente “concienciada” y “con mensaje”) y un WC. Es cómo si en una de las escenas más crueles de ‘La Lista de Schlinder’ se viera de repente a un guardia alemán gordinflón de las SS resbalando con una piel de plátano y deslomándose en el suelo. Así, por la cara.

Por si no fuera suficiente, Aranoa nos obsequia con la presencia del pesado de Manu Chao en la banda sonora, con lo que se gana de buenas a primeras el beneplácito de todos esos reivindicativos de tres al cuarto que van de antisistema y anticapitalismo pero que cada fin de semana se van a Ámsterdam con su iPod a pulirse el dinero de papi.

Una de las Azúcar Moreno se ha metido ahora a actriz

Recalcar para los incrédulos (y comprender la magnitud de la tragedia) que este mojón fue nominado a ni más ni menos que nueve Goyas, llevándose al final tres: mejor actriz, mejor actriz revelación y mejor canción (sí, la de Manu Chao, válgame). Como vemos, el nauseabundo criterio de la academia no baja el listón, aunque el prestigio de los Goyas está ya lo suficientemente cubierto de mierda (ese Cela), como para que le importe a nadie un pito a quién se los den.

Para finalizar, y para que os acabéis de hacer una idea de lo que hablo, imaginad al peor director que se os ocurra (nooo, Uwe Boll no vale) yéndose la pata abajo en el inodoro debido a una diarrea aguda. Ahora poned que una roñosa rata de alcantarilla deglute ávidamente toda esa delicatessen líquida y que, a consecuencia de eso, a nuestra pequeña amiga también se le suelta el vientre, esparciendo todas sus heces a lo largo y ancho de la susodicha alcantarilla. Pues bien, esa estampa (una cloaca apestosa y hedionda llena de truños de roedor) representa perfectamente lo que es ‘Princesas’.

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