Review

Título original: Blood freak

País: Estados Unidos

Duración: 86′

“Hola niños, hoy os voy a contar la historia de cómo a dos preocupados cristianos se les ocurrió la idea de rodar algo para alertar a la juventud de un creciente y sigiloso enemigo. Estos dos buenos siervos de Dios eran Brad F. Grinter, director de películas de serie Z -en su mayoría eróticas- y el intérprete de Tarzán de primera regional, Steve Hawkes…”

“¡Hay que alertar a los jóvenes del peligro que entrañan las drogas!”. Semejante revelación surgió en las mentes de  Hawkes y de Grinter, dos cristianos convencidos que veían cómo la marihuana y otras sustancias se estaban tragando a la juventud de su país. Así que ni cortos ni perezosos decidieron rodar “Blood Freak”, una película para mostrar los riesgos de los “porros”.

Pero hete aquí la cuestión: ¿Cómo atraer a los jóvenes para que vieran la cinta? ¿Con un desgarrador drama sobre la destrucción de la familia por culpa de las drogas? ¿Con un melodrama sobre cómo las drogas anulan al individuo hasta convertirlo en un pelele adicto? No amigos, había que ser más directo y hablar el idioma de la juventud: con una película de terror, protagonizada por un pavo asesino mutante. Y así empezó la gestación de este estercolero fílmico.

BLOOD FREAK, el mejor slasher gore cristiano de la historia

Aviso: En esta crítica cuento que al final de la película todo es un sueño del patilludo de Steve Hawkes, así que si no quieres que te destroce el final deja de leer de una puta vez. El que avisa no es traidor.

La película arranca presentándonos a Hershell, un duro y curtido veterano de Vietnam que por casualidad (en mitad de la carretera) conoce a Angel, una devota y profundamente creyente cristiana. Hershell acompaña a Angel a su casa, que no es más que un perruno intento de ¿comuna hippy? atestada de drogatas puestos hasta las cejas, vestidos con la ropa de tus padres, que celebran continuas fiestas con muchos snifs por aquí y por allá y alguna que otra jeringuilla suelta, mientras el director hace zooms gratuitos a todo aquello. Sin duda alguna, el primer lugar donde encontrarías viviendo a una fervorosa cristiana.

Es en ese lugar espiritual y místico donde el protagonista conoce a Ann, la hermana perversa de Angel, ya que es una versión corrompida de ella, que luce una minúscula camiseta y tontea con las drogas.

El equipo de rodaje de Blood Freak, en otra dura jornada de filmación

Hershell, nuestro Elvis Priestley de palo, que no es de piedra, entre la asexuada y conservadora cristiana o la guapa y tentadora pecadora, lo tendrá muy claro; si es que tiran más dos tetas que dos biblias. Aunque Hershell no quiere entrar en el juego, Ann hará todo lo posible para que el protagonista pruebe uno de sus cigarrillos especiales empapados en LSD; incluso apelando a la falta de hombría de nuestro peludo héroe.

Finalmente, consigue que el protagonista fume un porro y, tras cuatro caladas, pasan de la más absoluta seriedad al histrionismo forzado y las risotadas en sólo dos segundos y tres centésimas. Más que un porro parece que estén aspirando óxido nitroso.

¿Y qué sucede después? ¿Entra Hershell en una espiral autodestructiva de drogas y sexo prematrimonial para terminar en el arroyo como un vulgar yonkie? No, ese sería el aburrido y trillado camino y los responsables de esta película quieren impactar al espectador, cogerlo y sacudir sus creencias y su esencia misma, para que vea el peligro que conlleva el consumo de estupefacientes.

“Dios, no podrías enrollarte y darle un buen par de tetas a la cristiana… es que me lo pones muy difícil.”

En un inesperado giro de los acontecimientos, el protagonista encuentra trabajo en una granja de pavos. Pero el aparentemente inofensivo lugar no es más que una tapadera donde un científico que habla como si llevara en la boca un calcetín lleno de piedras, hace experimentos genéticos.

Cocineros del Kentucky Fried Chicken preparando unos sabrosos Crispy Strips

A cambio de una subida de sueldo, Hershell acepta degustar uno de los pavos modificados genéticamente y, como se ve que eso de la drogaína le da hambruna, no se limita a probar dos pedacitos, sino que se ventila el pavo entero entre pecho y espalda cual Obélix tras dos días de ayuno. Normal que acabe mareado, con nauseas y se desmaye.

Y cuando creemos que aquello son los justificados efectos de un empacho en toda regla, descubrimos atónitos que el consumo de cannabis mojado en lsd y de un pavo con a saber qué mierda, te puede convertir en la gallina Caponata, como justamente le ocurre al protagonista. 

Tras su expulsión de Barrio Sésamo, Caponata entró en una espiral de decadencia y drogadicción, compartiendo banco con Nadiuska

Convertido en un cabezudo mutante, mitad hombre en camisa, mitad mascota del equipo de rugby del instituto, Hershell se dedica a perseguir y asesinar a yonkis, para acto seguido beberse su sangre. ¿Lo veis? Las drogas son peligrosas, son un engendro del diablo que os apartan del niño Jesús.

¿Qué te has convertido en un gigantesco pavo real que va por ahí matando yonkis para beberse su sangre? Hershell, hijo, es que eres más tonto que el tato, sólo tienes que pedirles las compresas a las chicas para chuperretearlas y listo.

Sus colegas de porreo tardan en aceptar la leve transformación de Hershell (algo así como día y medio), pero finalmente lo llevarán con normalidad, gracias a los esfuerzos de Ann, que trata de hacerles comprender que está pasando por un mal momento. Sin embargo, ella comenzará a preocuparse cuando piense en cómo narices va a casarse con un tipo así y qué clase de hijos tendrá con él. Las típicas preocupaciones que tiene toda mujer; lo normal, vamos; sobre todo cuando cuando tu novio se ha convertido en un pavo mutante homicida. Ay, las mujeres, siempre rayándose la cabeza por tonterías, nunca aprenderán…

Pero, además de matar yonkis y de, posiblemente, vender seguros de automóvil, el temible monstruo Caponato también mata viejos que se descojonan de risa y que pasaban por allí:

Esto es un delirio como pocas veces se ha visto en una pantalla de cine, ni en las peores producciones nigerianas se han atrevido nunca a tal desfachatez.

Las eternas dudas sobre la sexualidad de Caponata quedan despejadas; es varón y le va violar jovencitas

“Cabeza de pavo, cuerpo de drogata y sus aventuras…”

Además, los asesinatos se acompañan siempre de un insoportable sample de música que es puesto una vez y otra vez y otra… con el mismo grito pregrabado que sueltan todas las mujeres de la película por igual y que se oye hasta que quieres arrancarte los tímpanos. Más que un grito, parece la alarma de un coche, ya que dura unos segundos, para, vuelve a sonar, para, y así hasta más allá del infinito.

Decir que los actores son pésimos, es decir mucho, demasiado. Todos parece que estén leyendo el Marca en lugar de intentar, al menos intentarlo, interpretar, entonar o dar un mínimo de credibilidad a lo que están haciendo. Obviamente, quien lo da todo y más es Steve, como podemos en esta esforzadísima y esquizofrénica interpretación en el momento en el que le entra el mono. 

Sí, le entra el mono. Le entra el mon0 en los gallumbos y le muerde las pelotillas, porque sino, no se explica esta reacción. Y esto es sólo por unos porros, mejor no pensar que ocurriría si se inyectara speedball.

Además, como a los responsables del film no les queda claro si la juventud entiende el mensaje, a pesar de la obvia moralina de la película y de las ilustrantes conversaciones pro-cristianas con frases tan reveladoras como “A Dios no le gustaría que mancilles tu cuerpo con drogas”, no se les ocurre otra cosa que cargarse el ya de por sí inexistente ritmo del filme, insertando sin venir a cuento y a lo largo de toda la película, multitud de escenas con el director hablando directamente a cámara y explicando lo obviamente obvio: Drogarse es malo. Corred a la iglesia, arrodillaros y rezadle a la virgen María hasta que os sangren las rodillas.

Todo esto último estaría muy bien si no fuera por un simple detalle. El narrador, una especie de Vincent Price hippy de baratillo, fuma, pero fuma mucho, más que una chimenea industrial. Imaginaros la esperpéntica escena de un tío soltando el sermón de que el cuerpo es una vasija diseñada por Dios y que meterle química no es lo correcto, mientras se fuma un cigarrillo detrás de otro, llegando al culmen del ridículo en el siguiente momento:

Jajajaaja, no lo entiendo, de verdad, ¿por qué no volvieron a rodar este monólogo? Fijaros también en cómo el maldito vago ni se ha memorizado el texto que lo tiene que ir leyendo; ni el director le pone el mínimo interés exigible.

A todo esto le sumamos todos los errores técnicos posibles, con hasta planos desenfocados, que reflejan la desidia con la que filmaban para terminar de una vez esta película. Supongo que os preguntaréis cómo acaba todo el asunto del hombre pavo sediento de sangre de yonkis, pues termina así:

“Dios mío sácame de esta puta mierda de película”…

... y Dios hizo que Hershell fuera decapitado, y su cuerpo devorado por un grupo de simpáticos okupas que estaban en la puerta del Mercadona.

Y entonces se marcan un Antonio Resines, o lo que es lo mismo, todo fue un sueño. Putos estafadores, intentando arreglar el estropicio de cualquier manera. Al final Caponato entiende que drogarse no es algo precisamente bueno (y menos aún comerse un pavo transgénico de una sentada), Ann se arrepiente de haber estado provocándole y todos terminan felices y viviendo como buenos cristianos, que de eso se trata.

En resumen

Fumar porros te puede convertir en un gigantesco pavo que se vuelve loco por beberse la sangre de unos cuantos drogodependientes, aunque esto no es nada comparado con los efectos alucinógenos que provoca el visionado de esta PUTÍSIMA MIERDA RODADA CON EL OJAL. Si lo que pretendían era evitar el consumo de drogas, el tiro les salió por la culata, y es que la cinta logra todo lo contrario, ya que mientras la ves, dan ganas de inyectarse un frasco de lejía directamente en la carótida.

Los porros no lo sé, pero a estos bichos desde luego yo ya no los voy a ver con los mismos ojos… a saber qué mierdas estarán tramando… ¡Beberse tu sangre!



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Seagal